miércoles, 4 de abril de 2007

Dos poemas de Robert Frost

MIEDO A LA CASA

Siempre –ellos lo fueron aprendiendo-, siempre que volvían por la noche, de lejos, a la casa solitaria –lámparas sin encender y cenizas de hogar-, hacían rechinar la llave en la cerradura –ellos lo fueron aprendiendo-, para que cualquiera que pudiese estar allí tuviera aviso y tiempo de salir al campo. Y, prefiriendo la noche de fuera a la de dentro, ellos aprendieron a dejar de par en par la puerta, hasta que habían encendido la lámpara.


LA SONRISA
(Palabras de ella)

No me gustó nada la manera que tuvo de irse. ¡Aquella sonrisa suya era de alegría! Pero él sonrió –¿lo viste?-. Sí, estoy segura de que sonrió… Quizás fue porque sólo le dimos pan, y comprendió el malvado que éramos pobres; o porque nos permitía dárselo en vez de arrebatárnoslo. Quizás se burlaba de nosotros porque estábamos casados, o porque éramos tan jóvenes –y él se complacía en imajinarnos viejos o muertos-. … Estoy pensando si andará por ahí cerca todavía… Tal vez está observándonos desde los árboles.


Robert Frost
en Música de otros de Juan Ramón Jiménez
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores