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jueves, 12 de octubre de 2023

Cristina Morano: Mis padres y mis madres

 Cuando mis madres fregaban 

las cucharas después de las comidas 

tenían los dedos llagados por el frío.

Cuando mis padres se vestían 

para salir a trabajar de madrugada 

tenían las manos y la garganta 

llagadas por el frío.

Preguntaban porqué 

la división de la desgracia 

si tan idéntica la herida.


Yo quise decidir mis propias llagas 

futuras y elegir por cuál de ellos: 

por el trabajo duro en los oficios, 

por el duro trabajo de las casas.


Mis padres y mis padres soy 

desde entonces sin tregua.

Las manos destruidas del trabajo 

me las rompo también en las labores 

internas del cuidado.

Y si merezco un lecho, es heredad 

de unas y de otros, soledades 

comunes de mi clase.




Cristina Morano

En En tanto que mujeres.

Editorial la imprenta.

martes, 22 de julio de 2014

Cristina Morano: Los frutos


(Francesca Woodman)


Unos frutos cerrados, dispuestos en la mesa
mientras comemos, limpios,
sin una sola mancha en su piel
como una afirmación de confianza
en la perlada carne para siempre.
Me alcanzas el cuchillo con tu mano
desollada al acarrear la compra.

Somos nosotros los heridos,
los que dudan de que esta fruta
y esta comida entre nosotros
puedan seguir igual al paso de los años,
de que la plenitud sea una cosa
redonda y contundente
que brilla y que se alcanza
de una sola vez y para siempre.

Te miro morder las manzanas: me salpican
chispas de jugo verde como si todo estallara
y nada de lo que perdura nos correspondiese.



Cristina Morano
en Cambio climático.
Bartleby Editores.

domingo, 20 de febrero de 2011

Cristina Moreno: Orlan: artista francesa multimedia y perfomativa


Yo es lo que añado.
El plástico en las carne o la línea
del río en el crepúsculo
cuando en París se abren los mejores
clubs de baile de toda la galaxia.
Yo ha sido el arlequín
y el cirujano. No evoluciono
sino que realizo, decoro,
controlo. Añado zapatos de tacón
a mi estatura para medir el mundo;
porque la santa es su hábito,
la modelo su maquillaje,
pero la mujer no es su vagina, sino sus tacones.
Yo es el vestido,
pues hemos dado al tejido
poder sobre nuestra alma:
el vestido decide
quién es yo.
A mi lado parecen aburridos
la Belleza, la Salvación y el Riesgo;
no tienen un yo inalterable
que les demande.

Yo eso otra
especie de ternura.

Cristina Morano
en El ritual de lo habitual.
Amargord ediciones.

miércoles, 2 de junio de 2010

Cristina Moreno: El arte de agarrarse


Nuestro desvelo es nuestro bosque
Blanca Varela


Cuando tiendo los brazos, las crestas de la noche
me hieren en las manos.
El arpón
del capitán Ahab fue su asidero,
cuando cruzó la oscuridad
siguiendo una blancura detrás del horizonte,
entrevista, incierta, deslizándose a la sombra.

Noviembre ruge mientras termino este libro,
como un ciego termino de escribir
tanteando la noche.
Y lo que toco
al alargar los brazos es mi esposo
dormido con su larga espalda,
como de galgo blanco
saliendo por encima de las mantas,
encima de los restos del invierno;
cuando se marche
también su claridad será un filo en la sombra,
incierto animal deslizándose
a la sombra, imaginado
para describir el desastre,
los filos de sus crestas me cortan al asirme.

Desconfío, noviembre ruge.
Ya sé lo suficiente
para terminar este libro,
pero de qué hablará.

Escribo encima de mi esposo,
transformando en mi cuerpo las palabras
y lo lanzo contra la noche.

Cristina Morano
en El arte de agarrarse.
La Bella Varsovia.