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lunes, 13 de mayo de 2024

Diego Roel: Poemas de Los cuadernos perdidos de Robert Walser

 SOY COMO EL OBJETO MÁS INSIGNIFICANTE


En aquello que cae me afirmo

y crezco.

Quiero olvidar y ser olvidado.


Me disuelvo en la percepción

del paisaje, me hago invisible.


MICROGRAFÍA


Cada paso que doy es 

una experiencia.


Dejé atrás la vida de los hombres.


Pájaro que visitas mi ventana, 

yo te bendigo.

Botón de mi camisa, 

yo te bendigo.

Luces y sombras del camino, 

yo las bendigo.


Sí, amo la piedra en mi zapato.


EL ESTANQUE


Me mantengo siempre en el borde.


Me quedo ahí, donde un abismo 

llama a otro abismo.


Mi nombre nunca fue 

una casa sólida.


La nieve, que todo lo borra,

me borrará del mundo.



Diego Roel

En Los cuadernos perdidos de Robert Walter.

Visor de poesía.

XXXVI Premio Loewe.

viernes, 23 de julio de 2021

Diego Doncel: Memoria y espera.

 A orillas del Sado los portugueses más viejos escrutan

el movimiento de las aguas sentados dentro de sus coches.


Toda una vida mirando la lejanía, 

esperando algún mensaje, 

tratando de descubrir alguna señal.

En sus radios se oyen retransmisiones deportivas, 

noticias políticas, emisoras musicales, 

lo demás es silencio. Se les han agrietado 

los labios por el salitre,

se les ha manchado la piel por las distancias,

se les han secado los ojos viendo

las tempestades, las caídas y los levantes del sol.


Ellos saben q he el horizonte es un enigma

que a algunos los ha hecho enloquecer.


Abro tu libro sobre Montánchez y veo

que en sus páginas se ha levantado la niebla.

Las calles han estado esperando

muchos años a que volvamos a pisarlas,

a pesar de las ruinas, de las desgracias,

de los calendarios olvidados.

Podemos sentarnos en aquellas escaleras, beber el agua oscura

de la memoria y de los sueños, conversar

con las sombras. Abrir la puerta de la casa

Que ya no existe y volver a vivir la vida que pasó.

La moverá que quemaron vuelve a llenarse de pájaros,

En las cercas alguien grita gol

Junto a una portería hecha con dos piedras.

Herido por la belleza de aquella niña, yo regreso

A una tarde que estrena una camisa de cuadros.

Mi hermana vuelve con la tos de todas las noches, el agua

De colonia para el pelo, la fragilidad de aquellas manos.


En el parabrisas están todas las rutas marítimas,

Todas las biografías imaginarias. LA vida que pudo ser

Tiene más fuerza que la vida que se vivió.

Ellos vienen aquí para soñar

Esos puntos de fuga, para ser parte de esos espejismos.

Las arrugas oyen la predicción de los pesqueros

Sobre el estado del mar,

La obesidad rellena un crucigrama.

Fuman el tabaco de la espera

Mientras ven entrar en el puerto las banderas

De sus geografías fantásticas,

Y en los asientos se acumulan la ceniza

Y los papas de la melancolía.


Todo lo llevamos dentro.

Somos sombras entre el tiempo y el sueño,

entre la memoria y la espera. Lo que está en nuestro interior

Puede ser vivido de nuevo, podemos andar sobre sus huellas.

Pero ¿cómo podemos volver?, ¿cómo sin ser otros?

Por encima de los años, por encima de las muertes, las aspidistras

Respiran la ropa del lavadero,

Regresan las tormentas a llenar

El pasillo de agua, el peppermint

Da color a los labios de mi madre mientras se ríe con sus amigas

Ante una televisión en blanco y negro.


Ya es tarde.


En esta taberna portuguesa alguien cierra las puertas.

Ajusta los pasadores, coloca la pesada

Tranca de hierro, da vueltas a la llave.

Una mujer acodada al mostrador, sin levantar la voz dice:

Qué silencio, ni siquiera se oye el mar. Pulsa el interruptor

Y apaga la lámpara que alumbra

Las botellas, la vajilla, el círculo de las mesas.

Yo me quedo en la penumbra, bebiendo, invisible.

Veo una estela rubia en el aire cuando ella se marcha.


Me echo el abrigo sobre los hombros y salgo ahí fuera

Donde la niebla toma posesión de todos esos coches

Que miran un océano que ha desaparecido.

Busco mi coche y aguardo, con las manos en el volante,

El signo de mi regreso. Miro todos los barcos que llegan

Para ver si el que se baja soy yo. Enciendo los faros,

Intento ver qué hay detrás de la pared de la niebla,

Intento ver qué hay detrás de la pared de la niebla,

Intento dar señales luminosas para que ese yo que espero

Me vea desde el otro lado, desde el horizonte y el mar.


Arranco el motor para que todo esté a punto cuando llegue.




Diego Doncel

En La fragilidad.

Visor. XXXIII Premio Loewe.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Raquel Vázquez: Lo indeleble

 Su hondo trazo abarrota

de heridas el reverso del papel.


Y los ojos desgranan esa sangre imperfecta.

Y en cambio tan letal.


Indescifrables signos

codificados siempre en el error.


Queda tan sólo intuir alguna tregua

-tal vez imaginarla- entre el daño torcido

que va dejando dentro la lectura.


Para llenar espejos con tachones.


Para borrar el mundo.


A veces el silencio

agarra demasiado fuerte el lápiz.



Raquel Vázquez

en Aunque los mapas.

XXXII Premio Loewe a la creación Joven

Premio Ojo crítico 2020.

Visor poesía.

lunes, 27 de abril de 2020

Basilio Sánchez: un poema de He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes

LA luz del mediodía,
como un pájaro ciego,
se sostiene en lo más alto del aire.
Las raíces del mosto sacan agua
de las profundidades de la tierra.

Hay un hermanamiento,
una especie de familiaridad entre las cosas
que conforman el mundo,
como si cada una cuidara de la otra,
como si la alegría en la que viven inmersas
fuera un logro de todas,
la conquista de una comunidad.

Acercarnos con afecto a las cosas
nos permite intimar con lo sagrado
que permanece en ellas.

La mañana está en deuda con la cosecha de las flores.
El que entiende de pájaros entiende de narcisos.



Basilio Sánchez
en He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes.

Premio Loewe. Visor.

sábado, 31 de mayo de 2014

Antonio Lucas: Crisis



Ese hombre que no somos nosotros.
Esa madre de enérgica tormenta.
Los pueblos arrasados, ya sabéis,
y sus ruinas por dentro.

Todo estaba pactado,
menos la poesía.

La promesa de un cielo viejo.
el azufre de la indiferencia.
Lo demente sentado en el borde de los huesos.
El tráfico de lo que se calcula:
el rendimiento, lo que no respira,
el acuerdo entre falta e injusticia.
La certeza del valor de lo que brilla.
El crimen como última hipoteca,
su densidad como un rezo.
Siempre falta paraíso una vez roto el milagro.

El presente es un error de los pronósticos.
Con qué decirlo.
El miedo es nuestro único barómetro.
Y vivir es mantener el equilibrio
por tedio o cobardía.
Aceptar lo indemostrable.
Fingir que nuestra vida
no es rueda de obediencia,
que no lo es el silencio.
Ocultar que no antecede la maldad a la Historia.

Somos la certeza de un siempre estar de noche,
la lenta agricultura de siglos de soberbia.

Esto es lo que queda de nosotros,
esta generación que veis aquí,
este buen entendimiento del escombro,
este don de conquistar el fuego
                                        para inmolarse mansamente sin saberlo.



Antonio Lucas
en Los desengaños.
Colección Visor de Poesía.
XXVI Premio Fundación Loewe.