martes, 14 de junio de 2011

Vocación de escritor


-Sabes, a mí me ocurre muchas veces lo mismo que a ti, y entonces lo escribo en mi diario. Tú no estás sola, de veras que no. Tú no estás sola.

Miriam no manifestó reacción alguna, ni siquiera cuando Micha le prometió:
-Si quieres, te los leeré mañana, me refiero a mis diarios.
A continuación se despidió y se dirigió como una exhalación a su casa, colgó un Prohibido el paso en la puerta de su habitación y puso manos a la obra. Porque el problema era que Micha jamás había escrito un diario. Y ahora no le quedaba más remedio que hacerlo.
...

Cuando llegó a casa de Miriam con sus diarios, Micha la encontró tumbada en la cama tan apática como el día anterior, con la mirada clavada en el techo de la habitación. Micha cogió el primer diario y se lo enseñó:
-Fíjate -le dijo-, en esta época yo, más que escribir, garabateaba.
Miriam no mostró la menor reacción.
-Bueno, voy a empezar -comentó Micha carraspeando-. Leeré en voz alta: "Querido diario, hoy ha sido un día importe porque hemos aprendido la eme. Ahora vale la pena comenzar el diario, porque al fin puedo escribir una palabra importantísima que hasta hoy sólo podía pensar: ¡MIERDA!".
Miriam sonrió. Micha, que no quería que le interrumpieran nada más empezar, advirtió:
-Un momento, un momento, que todavía sigue...
Pero de repente se detuvo y comprendió que Miriam había vuelto a la vida. Percibía las cosas, escuchaba, reaccionaba, ¡sonreía! Micha estaba radiante de alegría:
-Has... he...
Miriam exhibió una sonrisa resplandeciente y, al final, le rodeó el cuello con sus brazos, lo atrajo hacia sí y cumplió por fin su promesa: le enseñó cómo besan los occidentales.

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Quien de verdad quiera conservar en la memoria lo sucedido, no debe entregarse a los recuerdos. el recuerdo humano es un proceso demasiado agradable como para retener el pasado; es lo contrario de lo que pretende ser. Porque el recuerdo puede más, mucho más: realiza con tenacidad el milagro de concertar la paz con el tiempo ido, en la que se volatiliza cualquier asomo de rencor y el blando velo de la nostalgia se deposita sobre todo lo que se percibió como duro acerado.

Las personas felices tienen mala memoria y hermosos recuerdos.

Thomas Brussig
en La Avenida del Sol.
Siruela.

2 comentarios:

emmagunst dijo...

Muy bello! Dónde está Micha?

Mi nombre es Miriam, en serio.

Antonio Aguilar dijo...

Me da a mí que todos los que escriben llevan un Micha dentro. Conocí a una persona que escribía novelas para un solo lector y luego se las regalaba. Lo que sí sé es que Thomas Brussig ha estado en Madrid con eso de la Feria del Libro. A mis manos llegó por otros cauces y otros motivos.
Por cierto, Miriam es un nombre muy bonito.