jueves, 12 de enero de 2017

Erri De Luca: Con la ayuda de Hölderlin

El mes de mayo del noventa y nueve
los belgradenses se hacían los astrónomos
y escrutaban el cielo.
El suelo explotaba, temblaban las piedras
más aún que los viejos, los perros o los niños.
Las bombas de grafito habían cortado la electricidad,
en la oscuridad la fraternidad aumentaba.
"Donde existe el peligro, crece
también aquello que puede salvarnos."
(Wo aber Gefahr ist, wächst/ das Rettende auch)
El poeta no estaba en Belgrado aquel mes de mayo,
estaba muerto desde hacía siglo y medio,
pero sus páginas sí, se encontraban en mis bolsillos
como arma antiaérea, como salvoconducto.
En la guerra las palabras de los poetas protegen la vida
junto a las plegarias de una madre.
En una guerra los huérfanos y quienes no tienen u libro
están al descubierto.

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Erri De Luca
en Sólo ida. Poesía completa.
Traducción Fernando Valverde.
Editorial Seix Barral

jueves, 5 de enero de 2017

Ted Kooser: Madre

ABRIL ya mediado y los ciruelos silvestres
florecen en medio de la carretera, un blanco encaje
contra el verde exuberante y jubiloso
de la nueva hierba y el negro polvoriento
y marchito de las cunetas requemadas. Los árboles no tienen hojas todavía,
sólo las delicadas flores con pétalos de estrellas,
dulces con sus perfumes eternos.

Hoy hace un mes que te fuiste
y te has perdido tres lluvias y una larga noche
con aviso de tornados. Me senté en el sótano
de seis a ocho mientras las gruesas nubes de primavera
daban volteretas retumbando hacia el este. Luego diluvió,
una tormenta que caminaba con piernas de relámpagos,
arrastrando su vientre desgreñado sobre los campos.

Las golondrinas han vuelto y los pinzones
cambian su plumaje de verde a oro. Los dos gansos de siempre
han venido al estanque este año,
graznando sobre los árboles y salpicando.
Nunca anidan, se quedan dos o tres semanas
y después se van. Las peonías están crecidas, los rojos brotes
ardiendo en círculos como velas de cumpleaños,
porque éste es el mes en que nací, como bien sabes,
el mejor mes para nacer, gracias a ti,
todo preparado para estallar con vida.
No habrá más pijamas de franela
cosidos en tu vieja Singer negra, no más tarjetas de cumpleaños
escritas con una letra temblorosa, pero formal.
Me preguntaste si me entristecería cuando esto ocurriera

y estoy triste. Pero los lirios que me traje de tu casa
ahora sostienen en los puños secos y polvorientos de sus raíces
cuchillos y tenedores verdes como si esperaran la cena,
como si la primavera fuera un festín. Te doy las gracias por eso.
Si no fuera por cómo me enseñaste a mirar
el mundo, a ver la vida activa en todo,
tendría que estar solo para siempre.

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Ted Kooser
en Delicias y sombras.
Traducción de Hilario Barrero.
Editorial pre-textos

lunes, 2 de enero de 2017

Constantino Molina: Piedra negra

Habéis pactado versos con la luz.
Os iluminan lámparas
de tan manido brillo
como la plata antigua que, bruñida
en las generaciones,
hace de su desgaste su belleza.

Y he aquí esta piedra.
La sola piedra negra.
La que oscura y latente en su contorno,
alejado de un ámbito de luz
que la transforme,
es solo piedra exacta.

Recógela,
canta con ella y guárdala en tu mano.
Que intacto permanezca
el oscuro fulgor de su materia.



Constantino Molina
En Silbando un eco extraño.
Hiperión.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Beatriz Miralles: Vacías de ti...

Vacías de ti
estas manos
balde seco.

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Beatriz Miralles
en Oscura deja la piel su sombra.
Balduque

Elizabeth Bishop: El champú

Las sosegadas explosiones en las rocas,
los líquenes se multiplican
extendiéndose en grises conmociones concéntricas.
Han acordado
encontrarse con los anillos de la luna, a pesar
de que en nuestro recuerdo no han cambiado.

Y como los cielos nos vigilan
desde siempre,
tú has sido, querida amiga,
temeraria y pragmática;
y mira lo que ocurre. Pues el tiempo es
nada si no es indulgente.

Las estrellas fugaces en tu cabello negro
en luminosa formación
¿adónde se dirigen en bandada,
tan directas, tan temprano?
-Ven, déjame lavártelo en esta gran tinaja,
maltrecha y brillante como la luna.


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Elizabeth Bishop
en Poesía
Vaso Roto.
Traducción de Jeannette L. Clairond

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Isla Correyero: Dos poemas de Hoz en la espalda

CANDIDÍSIMA ÁNIMA (Mujer 6)


Me asaltan los recuerdos de
cómo decidí que te iba amar por todo
Lo decidí al verte con la camisa blanca
de los hombres normales distinguidos
que filmara Buñuel
y en mi oscuro erotismo permanecen
Eras
me pareciste una infinita serie de cálculos
exactos trascendente en mi sistema afectivo
mental reproductivo
Así lo decidí allí
Recuerdas el Café?
Estaba absorta mirando los sobrios colores de tu vida
entonces hace casi treinta años decidí
que tú serías el Elegido de mi alma
mi gran amor me dije
a este lo voy a amar
a este que está ahí callado
temblando distraído
este que aún guarda ardiente el corazón
este clemente candidísimo hombre
que nada sabe de mí
ni yo de él
este al que aún le recorren sus ojos el candor
el cielo de la alegría la belleza
la magnitud de su amor será un delicado sentimiento
mezclado de deseo con amor

II

Eso me dije la primera vez
Y las demás veces me dije
este grabado en blanco tan serio
es para mí/Así/ directamente para mí
Luego pasaron los días las semanas
con sus siete uñas de tristeza
yo le iba viendo cada noche
como enfocado por el ojo blanco de su camisa
un ángel físico universitario
con estudios parciales en Derecho
el cráneo lleno de literatura/tierras
valles y nieves/ igual que su cabello
Eso me pareció las cuartas quintas veces
y todas las siguientes que ves a un amor
que no te tiene en cuenta.../él no miraba hacia mí
no me veía/ ni siquiera estimaba
mi obligación por ser lo más en todo
la obsesión por hacerme anoréxica bulímica
e incluso la autopunición que me exigí cercana a su supuesta
homosexualidad para atraerlo
Yo no sabía/ me habían explicado...
los maledicientes.../cosas turbias de sexualidad indefinida
Tuve que hacer cálculos reglas investigaciones
total que fuese lo que fuese
seguí amándolo con su camisa blanca
mi arquetípico símbolo
pues lo que amé de él/ la fe que puse
fue mi único cielo/ en esos tiempos
mi mundo en un soplo de 23
años con él.
El vapor perfumado de la vida. La grandeza.


COMPASIÓN (Mujer 4)


Sólo porque siento una infinita compasión por ti
contengo la palabra los actos más salvajes y

la tremenda ira por lo que nos hiciste

Sólo por la infinita piedad que en la felicidad
efímera has encontrado no voy a levantar la voz

ni la mirada rezaré por ti por si mi ciega oración
te pudiera salvar de mi memoria

Contengo la respiración cuento hasta mil
me ato las manos a la columna vertebral

que tengo escrita por los dedos de ti y tu
genética / la de mi amado hijo aún con la inocencia
y buena voluntad atado a ti

Sólo por la infinita compasión que te tengo
no espero ya más mal que el de la lejanía

la distancia que quede entre los que no esperan
ya nada de nadie

y nadie los espera.




Isla Correyero
en Hoz en la espalda.
Huerga&Fierro editores.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Rafael Espejo: Espejos enfrentados

Hace u tiempo
que quería escribirte de mi envés,
del mutismo que a veces,
del pasado de tristeza
que dejan dos idiomas enfrentados;
hace ya un tiempo, padre,
que quería decirte. Y ahora el sol
que declina
vaticinando noche
deja un nimbo de cielo inacabado,
súbito, suspendido...

No lo puedo aceptar
si así también nosotros.
No lo puedo aceptar
pero lo acepto,

¿pues qué merecimiento hemos tú y yo obtenido
para encontrarnos?
¿Qué viaje inconcebible
a través de las masas del tiempo
nos ha traído aquí,
frente a frente mirándonos,
restituyéndonos?
Cuando de esta velada de interior
ni una memoria quede
-ni un déjà vu genérico
                                   en los que vendrán-,
cuando se pierda al fin y para nunca
habernos celebrado,
¿con qué nombre llamar
a lo que ya no exista?
¿Qué va a significar esta pregunta?

Te irás, ya pronto
tu materia querrá cambiar de estado,
descansar de la tara de una vida.
Y me abrirás camino,

y al final del camino
no estarás,
como tampoco yo
podré ir a buscarte.

Nunca más estaremos como ahora,
nunca más.

Es cierto lo que quería decirte.
Perdona mis palabras
si te traen nubes sucias.

Quedémonos un poco todavía
aquí; aunque el sol se ha escondido
aún hay algo de luz
para que tiritemos
de puro fantasmales.

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Rafael Espejo
en Nos han dejado solos.
Editorial Pre-textos.