miércoles, 30 de noviembre de 2016

Isla Correyero: Dos poemas de Hoz en la espalda

CANDIDÍSIMA ÁNIMA (Mujer 6)


Me asaltan los recuerdos de
cómo decidí que te iba amar por todo
Lo decidí al verte con la camisa blanca
de los hombres normales distinguidos
que filmara Buñuel
y en mi oscuro erotismo permanecen
Eras
me pareciste una infinita serie de cálculos
exactos trascendente en mi sistema afectivo
mental reproductivo
Así lo decidí allí
Recuerdas el Café?
Estaba absorta mirando los sobrios colores de tu vida
entonces hace casi treinta años decidí
que tú serías el Elegido de mi alma
mi gran amor me dije
a este lo voy a amar
a este que está ahí callado
temblando distraído
este que aún guarda ardiente el corazón
este clemente candidísimo hombre
que nada sabe de mí
ni yo de él
este al que aún le recorren sus ojos el candor
el cielo de la alegría la belleza
la magnitud de su amor será un delicado sentimiento
mezclado de deseo con amor

II

Eso me dije la primera vez
Y las demás veces me dije
este grabado en blanco tan serio
es para mí/Así/ directamente para mí
Luego pasaron los días las semanas
con sus siete uñas de tristeza
yo le iba viendo cada noche
como enfocado por el ojo blanco de su camisa
un ángel físico universitario
con estudios parciales en Derecho
el cráneo lleno de literatura/tierras
valles y nieves/ igual que su cabello
Eso me pareció las cuartas quintas veces
y todas las siguientes que ves a un amor
que no te tiene en cuenta.../él no miraba hacia mí
no me veía/ ni siquiera estimaba
mi obligación por ser lo más en todo
la obsesión por hacerme anoréxica bulímica
e incluso la autopunición que me exigí cercana a su supuesta
homosexualidad para atraerlo
Yo no sabía/ me habían explicado...
los maledicientes.../cosas turbias de sexualidad indefinida
Tuve que hacer cálculos reglas investigaciones
total que fuese lo que fuese
seguí amándolo con su camisa blanca
mi arquetípico símbolo
pues lo que amé de él/ la fe que puse
fue mi único cielo/ en esos tiempos
mi mundo en un soplo de 23
años con él.
El vapor perfumado de la vida. La grandeza.


COMPASIÓN (Mujer 4)


Sólo porque siento una infinita compasión por ti
contengo la palabra los actos más salvajes y

la tremenda ira por lo que nos hiciste

Sólo por la infinita piedad que en la felicidad
efímera has encontrado no voy a levantar la voz

ni la mirada rezaré por ti por si mi ciega oración
te pudiera salvar de mi memoria

Contengo la respiración cuento hasta mil
me ato las manos a la columna vertebral

que tengo escrita por los dedos de ti y tu
genética / la de mi amado hijo aún con la inocencia
y buena voluntad atado a ti

Sólo por la infinita compasión que te tengo
no espero ya más mal que el de la lejanía

la distancia que quede entre los que no esperan
ya nada de nadie

y nadie los espera.




Isla Correyero
en Hoz en la espalda.
Huerga&Fierro editores.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Rafael Espejo: Espejos enfrentados

Hace u tiempo
que quería escribirte de mi envés,
del mutismo que a veces,
del pasado de tristeza
que dejan dos idiomas enfrentados;
hace ya un tiempo, padre,
que quería decirte. Y ahora el sol
que declina
vaticinando noche
deja un nimbo de cielo inacabado,
súbito, suspendido...

No lo puedo aceptar
si así también nosotros.
No lo puedo aceptar
pero lo acepto,

¿pues qué merecimiento hemos tú y yo obtenido
para encontrarnos?
¿Qué viaje inconcebible
a través de las masas del tiempo
nos ha traído aquí,
frente a frente mirándonos,
restituyéndonos?
Cuando de esta velada de interior
ni una memoria quede
-ni un déjà vu genérico
                                   en los que vendrán-,
cuando se pierda al fin y para nunca
habernos celebrado,
¿con qué nombre llamar
a lo que ya no exista?
¿Qué va a significar esta pregunta?

Te irás, ya pronto
tu materia querrá cambiar de estado,
descansar de la tara de una vida.
Y me abrirás camino,

y al final del camino
no estarás,
como tampoco yo
podré ir a buscarte.

Nunca más estaremos como ahora,
nunca más.

Es cierto lo que quería decirte.
Perdona mis palabras
si te traen nubes sucias.

Quedémonos un poco todavía
aquí; aunque el sol se ha escondido
aún hay algo de luz
para que tiritemos
de puro fantasmales.

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Rafael Espejo
en Nos han dejado solos.
Editorial Pre-textos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Ángeles Mora: Cracovia I

En verdad no es un mal truco
Perderse a una misma de vista.
Wislawa Szymborska

Entre dos sombras
Pasos acompasados:
Un rastro de caballos en la niebla
Como mi corazón brotando.

No tengo el escalofrío
Que recorre las venas
Si adivino tu aliento.
Todo es nuevo
En la ciudad soñada:
El aire que la envuelve,
Tu voz desconocida,
La mía, viajera
Y muda.

Sé que te encontraré
Al filo de la tarde:
Viene de atrás la cita,
Y la hora suena nueva.
Al buscarte
Te he perdido de vista.
Sólo sé que me llamas.

Las campanas al aire
Subrayan el camino
Donde viene escribiendo
La locura y la espera.
Ha pasado el tiempo y tú sigues ahí.
No sé por qué desde tan lejos
He llegado a tu puerta.
Es la hora y rompe el día.

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Ángeles Mora
En Ficciones para una autobiografía.
Bartleby Editores.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Gabriel Insausti: Iniciación

                                               Para Peter, in memoriam


"Debes mostrar las cosas, no explicarlas",
decía, tras la nube de un Ducados,
una tarde -noviembre, 88-
en el Iruña. "Fíjate en Dafoe,
cómo inaugura todo lo que nombra:
Vi por primera vez una tortuga..."
Sobre la mesa, unos papeles míos
salpicados del rojo de su lápiz,
como un rabioso Pollock que escrutaba
su mirada esmeralda. Y, tras un sorbo:
"Evita lo trivial del reportaje,
un poema ha de ser para el idioma
lo que el cristal para la arena". Afuera
la lluvia había hecho su trabajo
en los cloisons que perfilaban, mudos,
los charcos de la Plaza del Castillo
y al decirnos adiós sentí en su mano
fervor y fuerza. Acaso sin saberlo,
me dio a entender lo mismo que esa lluvia:
que un verso de por sí no cambia el mundo
sino que es un mundo, una conjura
susurrada al oído de un extraño,
un modo de esperar, un santo y seña.


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Gabriel Insausti
en Línea de nieve.
Pre-textos.

jueves, 14 de julio de 2016

John Burnside: De Corporis resurrectione (I)

                                                            A George Soule

Vuelve la nieve;

y a veces los muertos que hemos lavado
y enterrado:

las madres amorosas y artríticas que apenas notábamos
cuando pulían cucharas de madrugada, cuando
                                                                         pulían espejos;
los que se evaporaron de silicosis en la cocina;
                                                                         los muertos graduales
pasan entre los árboles, sin rumbo, como rachas de viento

y toman forma visible
                                    color aproximado:
acónito, verde agua, vermellón, azul de Prusia;

los muertos que en su día nombramos y enterramos rompen
                                                                                          como olas
sobre hojas y arena,
                                  sobre troncos y hierros oxidados.

Los copos de nieve son bocetos en blanco, flores no muy
convincentes
                   que serían verdes
en un mundo sin sombras,
pero solo los muertos son verdes
en los últimos días del invierno;

solo los muertos, que en su momento numeramos y apartamos,
florecerán de nuevo en el musgo de las cunetas y en las columnas de hiedra,

reemplazándose a sí mismos, en la calma del mundo visible,
con huellas, voces, ampollas, tatuajes en forma de rosa.



John Burnside
en Dones.
Traducción de Juan Antonio Montiel.
Lumen.

martes, 5 de julio de 2016

Enric González: Historias de Nueva York

La gracia de Yogi, que más tarde entrenó a los Yamkees y a los Mets, iba más allá de su talento como jugador y de su profundo conocimiento del béisbol. Su gracia estaba en las palabras. Quizá sólo Groucho Marx podía superarlo en la construcción de ingenios verbales, que le brotaban (y le brotan: cuando se escribe esto, sigue vivo) inconscientemente, sin buscarlos. Uno para empezar. Ya retirado, Carmen, su mujer de toda la vida, le hizo una pregunta delicada: "Naciste en Missouri, te criaste y jugaste en Nueva York, vivimos en Nueva Jersey. Si murieras antes que yo, ¿dónde te gustaría que te enterrara?". La respuesta: "No sé, sorpréndeme cuando llegue el momento".

Sigue una selección de frases. Algunas son muy populares. La mayoría fueron pronunciadas como declaraciones improvisadas para la prensa.

-Hay que ir con mucho cuidado si uno no sabe dónde va, porque podría no llegar.
-Si no puedes imitarle, no le copies.
-Corta la pizza en cuatro pedazos, no tengo tanta hambre como para comerme seis.
-El béisbol es cuestión de cerebro en un 90 por ciento, la otra mitad es esfuerzo físico.
-Ya nadie va a ese sitio, hay demasiada gente.
-Se hace tarde muy temprano.
-¿Para qué comprar buenas maletas? Sólo se utilizan en los viajes.
-Es un gran hotel. Las toallas son tan gruesas que casi no puedo cerrar la maleta.
-Hay que ir a los funerales de los demás; si no, no vendrán al tuyo.
-El futuro no es lo que era.
-Nunca hay que responder una carta anónima.
-Cuando uno llega a una encrucijada debe seguir adelante.
-Suelo hacer un par de horas la siesta, desde la 1 hasta las 4.
-¿Qué haría si encontrara un millón de dólares? Localizaría a quien los hubiera perdido, y, si fuera pobre, se los devolvería.
-Yo no he dicho todo lo que he dicho.

Grande, ¿no?

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Nueva York sigue siendo una tormenta de almas, un caudaloso río humano. Para entender ciertas cosas no hacen falta idiomas, ni experiencia, ni memoria. Basta con abrir la ventana y escuchar el rugido de la bestia.

Enric González
en Historias de Nueva York.
Rba libros.

Antonio Praena: América y Prólogo (Casto Guerrero)

AMÉRICA

Es algo realmente curioso que entre todas
las formas de decir amor en el romano
nada más que dos verbos entrarán en la historia
sel modo en que se quiere en este idioma nuestro:
Quaero, que no es querer sino buscar,
Y amo, que no es amar sino esperar.
La búsqueda y la espera. Echo de menos
un verbo más pasivo, pero entiendo
que busca y esperanza son bastante
para cruzar el mar, creer que se ha llegado
al mundo pretendido y amar en una tierra
completamente virgen, distinta a la buscada;
ponerle al nuevo mundo un nombre que no es suyo
ni nunca podrá serlo. Y no saber volver.
Y acaso si se vuelve, jamás ya ser el mismo.

Antonio Praena en
Actos de amor.
Raspabook.


PRÓLOGO (CASTO GUERRERO)

Que mi sangre se ha cortado ya
lo sabe bien esta guerra que rezo.

Que no vendrán los hijos
es pan que me pronuncia
como a quien se alimenta de Otra cosa.

Y a veces Otra cosa
recorre mi camisa en su figura
y no hay carne, ni rosas,
       ni vienen a hacer falta.


Antonio Praena en
Humo verde.
Poesía Mar Adentro.