domingo, 26 de marzo de 2017

Louise Glück: Itaca

ITACA

El amado no
necesita estar vivo. El amado
vive en la cabeza. El telar
es para los pretendientes, encordado
como un arpa con el hilo blanco de un sudario.

Él era dos personas.
Era el cuerpo y la voz, el sencillo
magnetismo de un hombre vivo, y también
el desplegado sueño o imagen
a los que da forma la mujer que trabaja el telar,
que se sienta ahí en un salón lleno
de hombres sin imaginación.

Igual que le tienes lástima
al engañado mar que intentó
llevárselo para siempre
y solamente se llevó al primero,
al verdadero marido, debes
tenerle lástima a estos hombres: no saben
lo que están mirando;
no saben que cuando uno ama de esta forma
un sudario se convierte en un traje de novia.



Louise Glück
en Praderas.
Traducción de Andrés Catalán.
Pre-textos.

José Manuel Gallardo: Dos poemas

VARIACIÓN I

Todas las palabras,
todas la conversaciones
que han salido y saldrán de tus labios
que saldrán de los míos
en las tardes de verano,
en esta tarde de otoño,
en las futuras noches del invierno

no son más que pura estadística;

ya han sido antes pronunciadas
o serán repetidas exactamente en el mismo orden
en algún momento futuro.

Son palabras vanas
-no son nuestras-
todas con las que nos hablamos.


MAÑANA

Como agujas en el agua
que siendo metal floran misteriosamente,
como pétalos olvidados entre las páginas de un libro,
rugosos y desangelados, desalmados,
el día se desvela sin saludar
y acerca oscuros presagios
que son recuerdos que la mente no logra ordenar.

Lo más prodigioso puede ocurrir esta mañana.
La desdicha
                es el menor
                               de los problemas.


José Manuel Gallardo
en Infinitos monos.
El Desvelo Ediciones.

jueves, 12 de enero de 2017

Erri De Luca: Con la ayuda de Hölderlin

El mes de mayo del noventa y nueve
los belgradenses se hacían los astrónomos
y escrutaban el cielo.
El suelo explotaba, temblaban las piedras
más aún que los viejos, los perros o los niños.
Las bombas de grafito habían cortado la electricidad,
en la oscuridad la fraternidad aumentaba.
"Donde existe el peligro, crece
también aquello que puede salvarnos."
(Wo aber Gefahr ist, wächst/ das Rettende auch)
El poeta no estaba en Belgrado aquel mes de mayo,
estaba muerto desde hacía siglo y medio,
pero sus páginas sí, se encontraban en mis bolsillos
como arma antiaérea, como salvoconducto.
En la guerra las palabras de los poetas protegen la vida
junto a las plegarias de una madre.
En una guerra los huérfanos y quienes no tienen u libro
están al descubierto.

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Erri De Luca
en Sólo ida. Poesía completa.
Traducción Fernando Valverde.
Editorial Seix Barral

jueves, 5 de enero de 2017

Ted Kooser: Madre

ABRIL ya mediado y los ciruelos silvestres
florecen en medio de la carretera, un blanco encaje
contra el verde exuberante y jubiloso
de la nueva hierba y el negro polvoriento
y marchito de las cunetas requemadas. Los árboles no tienen hojas todavía,
sólo las delicadas flores con pétalos de estrellas,
dulces con sus perfumes eternos.

Hoy hace un mes que te fuiste
y te has perdido tres lluvias y una larga noche
con aviso de tornados. Me senté en el sótano
de seis a ocho mientras las gruesas nubes de primavera
daban volteretas retumbando hacia el este. Luego diluvió,
una tormenta que caminaba con piernas de relámpagos,
arrastrando su vientre desgreñado sobre los campos.

Las golondrinas han vuelto y los pinzones
cambian su plumaje de verde a oro. Los dos gansos de siempre
han venido al estanque este año,
graznando sobre los árboles y salpicando.
Nunca anidan, se quedan dos o tres semanas
y después se van. Las peonías están crecidas, los rojos brotes
ardiendo en círculos como velas de cumpleaños,
porque éste es el mes en que nací, como bien sabes,
el mejor mes para nacer, gracias a ti,
todo preparado para estallar con vida.
No habrá más pijamas de franela
cosidos en tu vieja Singer negra, no más tarjetas de cumpleaños
escritas con una letra temblorosa, pero formal.
Me preguntaste si me entristecería cuando esto ocurriera

y estoy triste. Pero los lirios que me traje de tu casa
ahora sostienen en los puños secos y polvorientos de sus raíces
cuchillos y tenedores verdes como si esperaran la cena,
como si la primavera fuera un festín. Te doy las gracias por eso.
Si no fuera por cómo me enseñaste a mirar
el mundo, a ver la vida activa en todo,
tendría que estar solo para siempre.

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Ted Kooser
en Delicias y sombras.
Traducción de Hilario Barrero.
Editorial pre-textos

lunes, 2 de enero de 2017

Constantino Molina: Piedra negra

Habéis pactado versos con la luz.
Os iluminan lámparas
de tan manido brillo
como la plata antigua que, bruñida
en las generaciones,
hace de su desgaste su belleza.

Y he aquí esta piedra.
La sola piedra negra.
La que oscura y latente en su contorno,
alejado de un ámbito de luz
que la transforme,
es solo piedra exacta.

Recógela,
canta con ella y guárdala en tu mano.
Que intacto permanezca
el oscuro fulgor de su materia.



Constantino Molina
En Silbando un eco extraño.
Hiperión.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Beatriz Miralles: Vacías de ti...

Vacías de ti
estas manos
balde seco.

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Beatriz Miralles
en Oscura deja la piel su sombra.
Balduque

Elizabeth Bishop: El champú

Las sosegadas explosiones en las rocas,
los líquenes se multiplican
extendiéndose en grises conmociones concéntricas.
Han acordado
encontrarse con los anillos de la luna, a pesar
de que en nuestro recuerdo no han cambiado.

Y como los cielos nos vigilan
desde siempre,
tú has sido, querida amiga,
temeraria y pragmática;
y mira lo que ocurre. Pues el tiempo es
nada si no es indulgente.

Las estrellas fugaces en tu cabello negro
en luminosa formación
¿adónde se dirigen en bandada,
tan directas, tan temprano?
-Ven, déjame lavártelo en esta gran tinaja,
maltrecha y brillante como la luna.


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Elizabeth Bishop
en Poesía
Vaso Roto.
Traducción de Jeannette L. Clairond