sábado, 24 de febrero de 2018

David Coello García: Poema de Cuatro

Quién ha dejado aquí estos libros
este silencio de sepulcro de estaño
este aire de enredadera en el verano oscuro
este andar de un lado a otro.


David Coello García
En Cuatro
Baile del sol editores.

Vicente Velasco: Dos poemas

Ulises

No pierda una oportunidad única.
Demuestre a todos los demás que usted
no va a naufragar donde otros sí lo han hecho.

Al cabo de una larga noche de trabajo
dos cadáveres, dos niños, quizá humanos,
quizá ayer jugaron a imaginar bolas de miel,
surcar los mares.
                              Al final la vetusta barcaza
no consiguió resistir el envite de las sirenas.

Imaginar nunca fue gratuito
y normalmente los sueños retornan a la realidad.



Vigilia

¿Quién no ama a una flor del desierto?
¿Quién no va a admirar algo capaz
de crecer en el desierto, de mantenerse
vivo, de tener espinas?
Relatadme los ritmos circadianos,
de las incontables noches de vigilia,
de la incuestionable disidencia.

Con todo este ruido de fondo
Sólo queda convertirnos en poema,
nadie a la espera.
                             Sin señal alguna.


Vicente Velasco Montoya
En Con todo este ruido de fondo o El imperio de las luciérnagas.
Chaman ediciones.

domingo, 18 de febrero de 2018

Ángel Talian: Motel saliendo de Death Valley camino de las Vegas

Las afueras de un desierto son como las afueras
de una gran ciudad seres invisibles que miran
-comen defecan se reproducen mueren-
hacia el centro a la espera sobrevuelan
las fronteras como objetos arrastrándose por un
tornado

como las afueras de la ciudad las afueras
del desierto son etéreas /móviles / nómadas
a expensas de un capricho de la naturaleza
(o los planes arquitectónicos) van y vienen
como si el desierto fuese un mar
y las dunas sus olas y subiese
y bajase
                la marea

no hay ni pequeñas ciudades
son sólo absurdas aglomeraciones de
chalets algún restaurante una gasolinera una granja
seres invisbles al borde del desierto
como si un dios hubiese escupido
algunos hombres en medio de la nada

la gente se esconde. En las afueras del desierto
construye empalizadas y se da a la vida
interior en el motel nos damos un baño en la piscina
y nos tumbamos a cincuenta grados a mirar
cómo no pasa nada cómo las horas se van
cómo el desierto sólo es un inmenso reloj
de arena

este lugar es la mejor metáfora de la espera
que jamás he encontrado nadie habla
la piel se seca en dos segundos no soy capaz
de describir el silencio como en las ciudades
estar en las afueras también es estar dentro
del desierto



Ruta 190 en el Dodge, 1 de septiembre 2011

Ángel Talian
En El sol sobre la nieve
Balduque.

sábado, 17 de febrero de 2018

Agustín Pérez Leal: Ronda

¿Y si el amor no fuese sino un fruto
Quebrado por las aguas del invierno,
Una granada abierta
Por una oscura grieta vertical
Que va cediendo granos a los tordos;
Que se va desangrando,
Que se va,

Sólo un fruto sanado -pero vivo-
De leñosa corteza triste, gris,
Manchada de oro y púrpura dormidos;
Un fruto abandonado de su dueño,
Nacido de la luz y de la tierra
Yerma, ese fruto
Capaz de transformar la dens arcilla
Salobre en fresca miel,
En azúcar astuta y palpitante
Dividida en porciones bien soñadas
Del tamaño preciso
Para el pico de un pájaro?

¿Y si al final, telilla delicada,
Carcasa gris, reseca, y si al final
No hablamos del amor
Ni de sus frutos
Y estaba figurándome la muerte?

Un tordo mensajero
Visita la granada,

Su roja y fresca miel;
Su corazón raspado, siempre alerta.

Alza, furtivo, el vuelo.

Granados brotarán,
Quién sabe dónde.

Agustín Pérez Leal
En Tú me mueves.
Pre-textos.
XXIX Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás.

jueves, 4 de enero de 2018

Antonio Rodríguez: Pequeña soñadora

Cómo podrás vivir sin los dientes del lobo,
pequeña soñadora que ríes en mis brazos.
Cómo podrás vivir sin el veneno
mortal de las serpientes
entre tus enemigos,
pequeño animal dócil.
Tú, que no sabes nada
del arte de la guerra,
qué harás sin la coraza forjada por la infancia,
sin el arma eficaz de la mentira.
Pequeño animal dócil, criado en la verdad,
que no te espanten
los gritos de los monos, el rugido
potente del león. No tengas miedo
de quien perpetra el daño,
de aquellas allimañas
condenadas al rito sangriento de la lucha.
Tú que eres sólo amor, no tengas miedo.
Bordón de risa, piel de fruta fresca,
agua de manantial que corre pura
entre tanta inmundicia.

Antonio Rodríguez Jiménez
en Estado líquido.
La isla de Siltolá.

lunes, 1 de enero de 2018

José Luis Piquero: Dos poemas de Tienes que irte

OLA DE ROBOS

Mientras tú y yo dormimos
los ladrones están a la puerta de casa.
Tienen fantasías contigo:
te violarían ante mí si pudieran quedar impunes.
Ellos desean todo lo que tenemos,
pero nosotros no tenemos nada.
¿Tendré que contemplar cómo nos aniquilan?
Tal vez me peguen un tiro en la cabeza
y se lleven mi ordenador.
Contiene todos  mis secretos, como tú misma.

Vamos a echar todos los cerrojos,
vamos a hacernos compañía en el miedo. Los vecinos
también sueñan con hordas de asesinos thug
acechando en el jardín.
Y aún así seguiremos levantándonos cada mañana
y haciendo los mismos gestos:
¿Aún queda zumo de naranja, amor?
                                                             Tenemos toda la pinta
de ir a morir cualquier día, y Dios sabe c´mo
y lo que nos harán durante.


MATRIMONIO


¿Quién juega ahora con los grifos?
¿Una esposa afligida, un  Dios-ama de casa,
haciendo cosas útiles como llenar la olla o fregar las satenes?
¿Eres tú? No lo hagas. Me he escaldado los hombros
con los que llevo el peso
de nuestras vidas
cuando no estás ni para abrir un grifo,
y de reírte ya no digo nada.

Sí: eres como Dios, no te das cuenta.
Es por tu intercesión que me quemo la espalda o me muero de frío,
a la intemperie, en medio de toda esta blancura (empañado milagro, santa sábana un cristo dando voces)
O quizá no: serán
caprichos de traviesas tuberías
-¿qué sabemos nosotros de tantas tuberías, de Misterios?-,
y  a la mejor eres tan inocente y estás tan indefensa
como el blanco gusano enjabonado: yo. Mira a tu Hijo.

Si pudiera quedarme para siempre bajo la ducha, lo he pensado,
ensayando una especie de renacimiento, una muda de piel.
Los frascos amigables no contienen secretos,
no dicen: ya no puedo más. No juegan
al escondite con sus semejantes.
El mentol y la esencia de vainilla sólo quieren quererme.
Ser el vapor, difuminando el mundo,
un indio bautizado,
un alegre tritón pringoso de fragancias un no-resucitado, ungido para nadie, cualquier cossa
menos el responsable
de esto:
de nosotros.

Los santuarios no existen. Moriremos de exceso
de realidad. ¿Es otro día malo, mi condena, mi amor,
mi Padre cruel, que me has mandado a redimir el mundo, y tengo que salvarte?

No toques esos grifos. Saldré tonificado, reluciente,
tan fiable y tan sólido, puro mármol de Roca,
dispuesto a hacerme cargo, como siempre.
Feliz como una gota de colonia.

A no ser que las gotas de colonia tampoco sean felices.


José Luis Piquero
en Tienes que irte.
Siltolá poesía.

martes, 31 de octubre de 2017

Ana Blandiana: Mi patria A4

SOBRE LA SUPERFICIE DEL UNIVERSO

Un mundo del que entiendo tan poco:
las palabras me envuelven
de niebla y nubes-
en contadas ocasiones algún lucero
con los bordes deshechos
intenta introducir un rayo de sentido.
Todo se encuentra
demasiado lejos,
cuando no demasiado cerca,
las lentes son siempre inadecuadas,
las formas no figurativas,
sin sabor, ni olor,
sólo los dedos perdidos
sobre la áspera superficie
del universo.


DULCE CONFUSIÓN

Llevo tu ropa
que mi cuerpo llena,
me asombro de lo bien que me sienta,
la ropa se asombra también
como si tú misma hubieras regresado-
Dulce confusión,
destinada a ocultar
la semilla que ha perdurado siglo tras siglo.
Llevo tu ropa por las calles en las que tú has creído.
Hazme creer a mí también,
deja que tu luz me encienda.
Las prendas se mueven por sí losas
dejando entrever por las costuras
el resplandor de la semilla
que ha pasado de un siglo a otro.




Pero si la aproximación racional y la capacidad intelectual pueden oponerse a la esencia de la poesía, ¿no lo hacen en igual medida las estructuras estéticas, las reglas y las normas de la belleza, los tropos y los adornos? Entre la poesía y las doctrinas literarias existen muy pocos puntos de coincidencia, y las teorías acerca de las corrientes poéticas provienen generalmente de autores a quienes les resulta más fácil hablar de poesía que crearla. Giordano Bruno intuía esta verdad cuando protestaba contra los "que hacían reglas para la poesía", reglas cuyo destina era ser anuladas por os verdaderos poetas. Las formas fijas de versificaciones laboriosas, que han dominado con tan docta autoridad durante siglos enteros -"toute est prose rimée" decía Rimbaud- me asustan por su habilidad de recubrir la nada con bellos ropajes, por la perfidia de crear uniformes sofisticados y encorsetados que pueden revestir, en igual medida, la poesía o la nada. Conozco poemas que me recuerdan aquellos vestidos medievales conservados en los museos, tan profusamente adornados, que se sujetan orgullosos a sí mismos, sin la necesidda de vestir un cuerpo vivo. Sé que la poesía, cuando existe de verdad, es suficientemente poderosa como para vencer los obstáculos de sus propios adornos. Sueño con una poesía simple, límpida y tan transparente que insinúe la sospecha de que ni siquiera existe. Una poesía en la que las palabras se unen obedeciendo órdenes misteriosas, no leyes inflexibles. Sueño con la melodía fluida de los sonidos, con el ritmo que marca la música sin el cálculo forzado de la métrica. Temo a la rima implacable, la que cae con aplomo como una espada al final de cada verso me encanta la rima irregular que se asoma de improviso a lo lejos y que reaviva algún significado olvidado como si fuera un amor antiguo. Me emociona la rima que me da la sensación de emparejar las palabras que he conocido en otra vida y me asusta la rima aparente, erudita y ofensiva tanto como los fragmentos de un espejo que, en vez de reflejar un rostro, nos deslumbra maliciosamente. Porque nada me asusta más que el talento que se descubre a primera vista y la retórica que no se deja intuir siquiera desde el principio.


Ana Blandiana
en Mi patria A4.
Traducción de Viorica Patea y Antonio Colinas.
Editorial Pre-textos.+