sábado, 3 de noviembre de 2018

Vicente Gallego: El habla de los pájaros

SI alguien quisiera saber cómo escribo a estas alturas, le sugeriría que preguntara a la lluvia cómo cae, al fruto cómo crece. Escribo escribiendo, respiro respirando. ¿Qué hay aquí, entre lo verdadero, que no se nos ofrezca de natural? Escribo como e que oye el habla de los pájaros y nada ambiciona añadirle, pues sabe que ellos se entienden con sus flautas y oboes. No se hace poesía con el pensamiento, se hace con palabras sueltas, apenas con sonidos, escuchando los asomos musicales, dejándolos decirse y desdecirse, casi casi con nada.

Vicnete Gallego
En Cuaderno de brotes.
Pre-textos, 2014

lunes, 15 de octubre de 2018

Sharon Olds: Un dolor que yo no

Cuando mi marido me dejó, hubo un dolor que yo no
sentí, el dolor que siente quien pierde a aquel
a quien ama. No me empujaron
contra la rejilla de una vida oral,
sólo contra la verja, lentamente cerrada,
de la preferencia. A veces los envidiaba
-por lo que yo veía como el sufrimiento honorable
de alguien que ha sido arrojado contra la reja
de hierro. Creo que él llegó, en privado, a
sentir que estaba muriendo, conmigo, y que si
tenía lo que hacía falta para arrancarlo todo con sus
dientes y escapar, entonces podría nacer. Así que él se fue
a otro mundo -este
mundo, donde yo no lo veo ni lo oigo-
y mi tarea es comerme entero el coche
de mi ira, parte a parte, algunas partes
reducidas a polvo de acero. Lo que más me gusta
son los asientos de tela, azul-gris, el primer
coche que compramos juntos, desde hace tiempo
marcado con manchas refregadas -babas,
Lágrimas, helado, ninguna herida, sólo
La mensual sangre del alivio, y el dejarse
ir cuando las aguas rompían.


Sharon Olds
En El salto del ciervo
Versión castellana de Joan Margarita Consarnau y Eduard LEzcano Margarita
Ediciones Igitur.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Ocean Vuong: Eurídice

Se parece más al sonido
           de una cierva
cuando la punta de la clecha
           reemplaza el día
con una respuesta
          al zumbido hueco
de las costillas. Lo vimos venir
          pero seguimos atravesando el agujero
en el jardín. Porque las hojas
         eran verde p uro y el fuego
tan sólo una pincelada rosa
         en la distancia. No se trata
de la luz, sino de cuánto
         te oscurece dependiendo
de dónde te sitúas.
         Dependiendo de dóno te sitúas
tu nombre puede sonar ocmo una luna llena
         desmenuzada sobre la piel de una cierva muerta.
Tu nombre cambió al ser tocado
          por la gravedad. La gravedad, rompiendo
nuestras rótulas sólo para mostrarnos
         el cielo. Por qué
seguimos dicendo ,
         incluso con todos esos pájaros.
¿Quién nos creería
         ahora? Mi voz se rompe
como huesos en las bocinas.
         Qué tonto. Pensé que el amor era real
y el cuerpo imaginario.
         Pensé que un solo acorde
era suficiente. Pero aquí estamos,
         parados en el campo frío
de nuevo. Él llmamando a la chica.
        La chica a su lado.
Briznas de hierba congelada se quiebran
        bajo sus pezuñas.


Ocean Vuong
en Cielo nocturno con heridas de fuego.
Vaso Roto Poesía.
Traducción de Elisa Díaz Castelo

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ángel Javier Aguilar Bañón: Tú me sueñas y yo intuyo tu existencia

Tú me sueñas y yo intuyo tu existencia.
Si sientes en tu piel lo que yo siento en la mía,
si es este desvelamiento
de la niebla en el que surge
la realidad en un bajorrelieve
y queda el rocío,
polvo de la obra del artista,
como cuando mi amada y yo acabamos
de hacer el amor y sí,
 ahí está plasmándose
por fin el mundo en la ventana.
Salgo entonces a la ciudad dormida,
es domingo, y atento como nunca
a las señales de lo invisible,
percibo que las sombras se retiran
olorosas, que amanece.
Es el parque un dormitorio
y la escarcha envuelve en celofán
las solitarias hojas.
!Qué densidad en estos vestigios de ternura
que yacen en el suelo, en este frío,
en los frutos de esta noche helada!
Si sientes en tu piel de qué manera el mundo
se dispone para que el día nazca.
Y tú has de sentirlo
porque me sueñas.
Pero ¿te acordarás luego de mí?
¿Sabrás reconocerme en la noche
cuando termina la cercanía
y tú descansas?
Desde tu sueño memorioso
surge una voz potente y sensual
como la piel
sobre la que he paseado y hecho el amor,
y esa música en calma afina un tono:
mi único, mi exclusivo tono,
el que a mí me designa.
En él, en Ti, me reconozco.



Ángel Javier Aguilar Bañón
en El libro del agua.
Diputación de Albacete. Ateneo Albacetense.

martes, 26 de junio de 2018

Noelia Illán Conesa: Poema


Escribe un poema donde me persiga la policía,
uno donde las autoridades me busquen
y no haya perímetro de fuga posible.
Un poema donde todo el universo
y sus satélites y los contrarios también
y todos los poetas
conspiren contra mí.
Para que así una noche me tengas,
para que me esposen a tus manos
y ya no importe el resto,
sin distancias ni conflictos.
Una sola noche nos basta,
unas horas quizá, tal vez ocho.
Escríbelo y ponme ahí,
atada a tu boca, metida en tu pecho,
fijos en tus ojos mis ojos de gata.


Noelia Illán Conesa
En Volver a brindar con extraños.
La Montaña mágica/Calblanque libros.

viernes, 15 de junio de 2018

Ben Clark: La habitación

Si observas bien el centro de esta página
verás la casa donde mis hermanos
y yo nacimos. Tiene
un pino centenario en el jardín
y detrás un taller de ceramista.
Dos humildes milagros que he buscado
sin éxito en los pisos con terraza
y en la infancia distópica que sueño
después de cada orgasmo.
Acércate a la casa, nuestras perras
no muerden y las puertas no tienen cerradura.
Puede que oigas la voz de nuestra madre.
Escúchala y sabrás todas las cosas
que no dice este libro.
Muy cerca de la voz está el estanque
de los peces y el cuarto más pequeño.
No creo que me encuentres leyendo poesía.
Estaré con mis fósiles
o dibujando bestias luminosas
del fondo del océano.
Pasa, no puedo verte. Soy un niño
en medio de un poema, nada más.
Seguiré dibujando, aunque te acerques.
Esta es la habitación de quien escribe,
puedes mirarlo todo.
Fíjate bien en todos los detalles.



Ben Clark
en La poesía celeste.
Visor poesía.

jueves, 7 de junio de 2018

Ángel Javier Aguilar Bañón: dos poemas de Maneras de deshacerse

EL OLVIDO DE TI QUE ES TU CUIDADO

Lo que busca la hiedra, tan callada.
La hoguera de las nubes en el cielo.
El agua tenebrosa,
Su maullido al llegar a las orillas
Con los juncos postrados.
El vaivén de los árboles desnudos.
Cuando el amor vacía la mirada,
transparenta tus ojos en el éxtasis
y lo ves. El temblor hueco del fuego,
el invisible frío,
el estremecimiento de la nieve,
allí donde señala la copa del ciprés.
Las hojas desprendidas
dejándose llevar por ventoleras.
Estarse deshaciendo
mientras ves cómo cae
la tarde hacia la nada.
El ulular del viento,
la oquedad que satura la tormenta.
Tus horas bajas, el escalofrío
o ante el espejo, la desposesión,
ese vacío pleno,
Ese desierto al que tanto temes.
El olvido de ti que es tu cuidado.


LOS PÁJAROS SE INCENDIAN
(Puesta de sol en Paterna del Madera)

Huele a hoguera el sol al despedirse
de la cal de la casa que crepita
en el valle, y son brasas de un cielo
consumido las flores del almendro.
Las llamas prenden en las copas
de los pinos. Los pájaros se incendian.
Ya todo en la sazón,
que queda sino arder,
arder en el silencio.


Ángel Javier Aguilar Bañón
En Maneras de deshacerse.
Ediciones QVE