Mostrando entradas con la etiqueta Raspabook. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raspabook. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de diciembre de 2021

Ángeles Carnacea Un poema de por aquí pasó un rio

 Huída al bosque, la hija

se alimentaba de animales silvestres. 

Duerme, bebe.

Respira como un pez.

Separa los lab iOS. Baila en círculos.

Cansadas las piernas, reposa.

Anhela temas sutiles, sensatos.

Un más allá del universo negro.

No ser árbol 

Ni permanecer.

Escondites, Pilar Adón.


hubo un tiempo

                    tuve una casa

                              y fuimos familia




Ángeles Carnacea

En Por aquí pasó un río.

Raspabook poesía.



lunes, 23 de diciembre de 2019

Ángel Paniagua: Y por favor no lean a Vallejo

Sigan dándole vueltas al oscuro 
misterio de los astros, al tranquilo 
discurrir -tan terriblemente ajeno- 
de las horas, al lento sucederse 
de los años sobre las estaciones 
cada vez más iguales y propensas 
a extraños cataclismos; sigan dándole 
vueltas y buscando en ese gesto 
displicente y cansado con que el mundo 
nos mira, hormigas crédulas, cigarras 
engreídas que nada ven u oyen 
de lo que se nos viene encima, aquéllas 
afanadas colmando sus estrechos 
hormigueros para el invierno y éstas 
absortas en su cháchara ruidosa, 
disfrutando el calor de un sol con fecha 
-no por lejana menos inquietante, 
segura y cierta- de caducidad.

Sigan, sigan quitándose de en medio 
los obstáculos para su insaciable 
afán de construir, de perforar 
de organizarlo todo a su manera 
para un futuro estable. Del presente 
no vayan a acordarse ahora, sólo 
supondría un obstáculo y tendrían 
que quitarlo también de en medio, igual 
que las selvas inmensas donde apenas 
algunos centenares de salvajes 
-recelosos y sin civilizar-
se empeñan en seguir siendo el estorbo 
mayor a su tarea.
                                   No claudiquen
-les suplico- en su empeño, aunque falten 
todavía unos cuatro mil millones 
de años hasta que ese mismo sol 
que sigue iluminando sus hazañas, 
se convierta en estrella roja y borre, 
abrase con su fuego, engulla toda 
huella de este planeta. Mucho tiempo, 
¿verdad? Por eso -insisto- sigan dándole 
forma a ese inefable paraíso, 
confiados en el agradecimiento 
de las generaciones venideras.

No van caso de nuestra pobre cháchara 
desencantada, sigan adelante 
y, por favor, no lean a Vallejo 
ni a Szymborska, ni a Milosz, ni a ninguno 
de sus torpes, inútiles congéneres:
ya se irán -como las cigarras- cuando
no quede ningún árbol desde donde 
parlotear en contra del progreso.


Ángel Paniagua
en Debajo de los días.
Raspabook.

martes, 5 de julio de 2016

Antonio Praena: América y Prólogo (Casto Guerrero)

AMÉRICA

Es algo realmente curioso que entre todas
las formas de decir amor en el romano
nada más que dos verbos entrarán en la historia
sel modo en que se quiere en este idioma nuestro:
Quaero, que no es querer sino buscar,
Y amo, que no es amar sino esperar.
La búsqueda y la espera. Echo de menos
un verbo más pasivo, pero entiendo
que busca y esperanza son bastante
para cruzar el mar, creer que se ha llegado
al mundo pretendido y amar en una tierra
completamente virgen, distinta a la buscada;
ponerle al nuevo mundo un nombre que no es suyo
ni nunca podrá serlo. Y no saber volver.
Y acaso si se vuelve, jamás ya ser el mismo.

Antonio Praena en
Actos de amor.
Raspabook.


PRÓLOGO (CASTO GUERRERO)

Que mi sangre se ha cortado ya
lo sabe bien esta guerra que rezo.

Que no vendrán los hijos
es pan que me pronuncia
como a quien se alimenta de Otra cosa.

Y a veces Otra cosa
recorre mi camisa en su figura
y no hay carne, ni rosas,
       ni vienen a hacer falta.


Antonio Praena en
Humo verde.
Poesía Mar Adentro.

lunes, 29 de junio de 2015

Natxo Vidal: diccionario

Motivo de la portada de Antonio Gómez Rivelles


AYER estuve en el parque, jugando con mis hijas. Viendo cómo jugaban ellas con los otros niños, mientras los mayores, sentados en el banco, hablábamos de cosas aburridas. Al final de la tarde (invitadas, tal vez, por la propia luz, ya a la fuga) decidieron jugar al escondite. Aunque el juego posea una serie de normas comúnmente aceptadas (compartidas, quiero decir) en todos los lugares en los que se juega, que son todos, no es menos cierto que en cada lugar se desarrolla en base a claves o procedimientos diferentes. En ocasiones son solo pequeños detalles, cambios mínimos en la terminología o el mecanismo de las partidas, pero bastan para hacer de cada una y de cada sitio un espacio único, una experiencia irrepetible. (En  La conjura contra América, por ejemplo, habla Philip Roth del mismo juego al que juegan hoy mis hijas, con pequeñas variaciones, más de setenta años después, al que él se refiere como a conquistar el mundo y al que nosotros llamamos simplemente sangre). Por si fuera poco, en el caso concreto del escondite, las normas pueden variar dependiendo del carácter del que paga (el jugador que busca a los escondidos), ya que los jugadores menos deportivos no están dispuestos a aceptar determinadas normas. Aquellas, sobre todo, que consideran más perjudiciales para su tarea. A veces estos cambios dan origen a fuertes controversias entre jugadores.
Comenzaron a jugar al escondite, decía. Me sorprendieron pronto algunas reglas
algunos términos
que yo no recordaba que existieran en mis partidas de niño
en el mismo barrio
casi en las mismas calles
Rápidamente constaté que existen un montón de normas: perrito guardián, relojito, zanahoria... cuyo significado ignoro. Pero hubo una que me sorprendió, especialmente. Para no andarse por las razas, el que está pagando dice diccionario. ¿Y qué significa diccionario?, dije. Pues para no decir todas las normas, me contestaron, decimos
diccionario
porque en el diccionario están todas las palabras, y terminamos antes.
Llevo toda la noche pensando en ello. Y tienen razón.
Te he dicho muchas veces que te quiero, de formas diferentes.
Hemos montado juntos la grupa del deseo, convertida la carne
en un incendio
las manos sucias
la boca sucia
los cuerpos destrozados y mojados

olvida todo lo que te he dicho antes
olvida todas las palabras
vamos a seguir su ejemplo porque ellos son mejores que nosotros

diccionario amor mío
diccionario.
















Natxo Vidal
en Ícaros desorientados.
Raspabook, poesía.

domingo, 3 de mayo de 2015

Vega Cerezo: Ella





















Aún no lo sabes

porque el mundo se agita y en cada sacudida
pierde un color: lindo y brillante.

No lo sabes porque tu piel
reconoce con torpeza la ternura.
Tu piel de quince abriles abraza
agradecida
lo que araña, escuece y sangra.

No lo sabes, Rocío, pero empiezas a estar
terriblemente enamorada del mundo.
Y a veces, ríes.



Vega Cerezo
en Soy un país.
Raspabook.

miércoles, 9 de julio de 2014

Tonino Albalatto: Y ya noche adentro de la noche



Y ya -de noche adentro de la noche-
yacer sobre el paisaje lujurioso
de tu cuerpo salvaje, inagotable,
y lamer largamente -con lengua
de Jagger- el origen del mundo
el Satisfaction de tu suspirar.

Y una vez consumada la canción,
dejarte dormir mientras encamino
mis pasos hacia el cuarto de baño
donde esperan tus bragas, las que tú
dejaste allí;
                  y olerlas otra vez,
olerlas con placer
                   rindiendo honores a Onán...
                   ¡Eso sí que es poesía!


Tonino Albalatto
en Con todo el barro de la vida.
Traducción de Ángel Paniagua.
Raspabook