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miércoles, 8 de junio de 2016

Pere Gimferrer: Elegía

ACUDE al hotel Welcome la luz quemada,
baile de calaveras de la luz:
a los porches de cárdenas arcadas
llegan las agonías de la noche.
El cielo que al cerrarse era amarillo de angustia
tiene la transparencia de un clarín:
la luna es sagrada y profana,
el milagro del día en su desmayo.
La última mirada de Errol Flynn,
en un quiebro de llama desgarradas,
ve las gafas oscuras de la muerte:
son  de cristal ahumado los papeles.
En una contradanza de gavotas,
somos formas del bosque de la noche:
Pelléas y Mélisande, Nora y Robin,
el carnaval de los cuerpos agitados por la penumbra,
tan picoteados como los dedades
de aquel poema de Francois Villon.

No nos han colgado verdugos ni victimarios:
somos la prenda ardiente del deseo.
Tantas cosas escritas, tantos grafitos,
tanto vidrio esgrafiado en el otoño,
tanto cascajo de la claridad,
astillada en el taller del estío.
La muerte de andar por casa clava agujas
en los hombros del hotel Welcome:
los ascensores de bolsas de la niebla
suben y bajan llenos de dioses antiguos.
Al hotel welcome llega la siesta
de las anomalías del deseo,
cuando la oscuridad de punzones de hierro
pone al rojo los aires de la muerte.


Pere Gimferrer
en El castillo de la pureza.
Tusquets editores

jueves, 28 de marzo de 2013

Poema XIV del Libro Primero de Alma Venus



Señora de los ojos almendrados,
la señoría del país del mar,
señora de los báculos de nieve:
ha troquelado el tiempo un medallón
con tu rostro y mi rostro: nada somos
sin este recorrido de bengalas,
para que así podamos vivir más
("hacer es vivir más", dijo Aleixandre)
y ser rayo y relámpago y candela:
lejano, el trueno nos dirá las voces
como, en un verso de Eliot, un tañido
suena después de la última campana,
dice la hora que el reloj no dice,
la de Gertrud de Dreyer, campanada
de hora que no es hora, intemporal.
La redecilla de tus sueños rubios,
la leonera de la intensidad
se han replegado hacia tus ojos claros,
en su resplandeciente cacería.
En los vientos ingrávidos, la noche
reconoce el tamiz de la centella:
está en tus ojos. Dame en estas manos
el árbol rojo de la juventud.

Pere Gimferrer
en Alma Venus.
Seix Barral. 

lunes, 25 de abril de 2011

De Rapsodia

Foto de Cornell Capa


El tiempo nuestro es ya de despedida:
con los adioses viene el viento al pámpano,
como en Valpolicella oscurecida
en la mano de tinte del invierno:
parques, lejanas estaciones pasan
por andenes de invierno, por los cerros
que pierden su color al ser tiznados
en los cristales por la luz que piensa:
así vamos al centro, no a la huida
o a lo abismal, sino al clavel del tiempo,
que nos ve en un espejo llameante,
en un planeta de agua incandescente.
Así las nubes en su oficio pasan,
como Santa Compaña o estantigua,
como la romería del rosal:
no Monsalvat, no Camelot ni Trípoli,
sino el santo Grial de nuestros sueños.
Y de toda la vida, este puñado,
esta gavilla de claveles queda:
tanta palabra por decir tan sólo
la esclavina de plata del amor.

Pere Gimferer
en Rapsodia
Seix Barral.