jueves, 2 de abril de 2026
HERIDA
martes, 2 de julio de 2024
Rosa Berbel: Nuevos propópistos
El día de año nuevo nos tumbamos en el césped.
No hacía nada de frío y nos habría gustado
oler a cloro, arrancar las baldosas,
recrear un agosto largo y ancho.
Te cogía de la mano con deseo
igual que en esas fotos preciosas del futuro.
Pero la piscina estaba vacía.
Luego empezó a llover copiosamente
y la lluvia tiraba las guirnaldas,
embarraba la imagen.
No teníamos costumbre de la lluvia,
Ni de un amor tan árido
que nos hacía correr a todas horas,
dando vueltas en círculos.
Cuando paró la lluvia, regresamos a casa.
La fiesta había acabado para siempre.
Rosa Berbel
en Los planetas fantasma.
Tusquets.
domingo, 28 de mayo de 2023
Carlos Marzal: Blindaje
Soy casi indestructible, porque tuve
una niñez feliz,
porque me amaron
y supe que me amaban, y aún lo sé.
Soy casi invulnerable,
cuando tengo
a mis hijos en b razón, y procuro
que sepan que los amo, y amaré.
Soy casi irreductible, porque vivo
de rescatar al niño aquel que fui.
La infancia es el sustento de mi fe.
Carlos Marzal
En Euforia.
Tuesquets.
lunes, 1 de noviembre de 2021
Francisco Brines: Donde muere la muerte.
DONDE muere la muerte,
porque en la vida tiene tan sólo su existencia.
En ese punto oscuro de la nada
que nace en el cerebro,
cuando se acaba el aire que acariciaba el labio,
ahora que la ceniza, como un cielo llagado,
penetra en las costillas con silencio y dolor,
y un pañuelo mojado por las lágrimas se agita hacia lo negro.
Beso tu carne aún tibia.
Fuera del hospital, como si fuera yo, recogido en tus brazos,
un niño en pañales mira caer la luz,
sonríe, grita, y ya le hechiza el mundo
que habrá de abandonarle.
Madre, devuélveme mi beso.
Francisco Brines
En Donde mere la muerte.
Tusquets.
martes, 29 de diciembre de 2020
Olvido García Valdés: Un poema de Confía en la gracia.
allí estarán, con tanto frío, pensaba
al despertarse y vio de pronto otro
cuarto, con la ventana al fondo y ranuras
de sombra en el techo que la persiana
dibujaba; podía seguir entonces como móviles
luces los coches allá arriba y recordó
que en poesía es mejor esconder
el tesoro que encontrarlo, con ese
frío, ¿cuántos quedarán?, como cuenco
o cuna de los montes el barroco, el arroyo
los árboles, el mundo era un
milagro porque lo contenía, querría
que no hiciera tanto frío, sabía
que también eso era ajeno.
(eloísa otero)
Olvido García Valdés
en Confía en la gracia.
Tusquets. Nuevos textos sagrados.
miércoles, 18 de noviembre de 2020
Eloy Sánchez Rosillo: La rama verde
AY, árbol del vivir,
árbol de la ilusión y de los desengaños,
de las revelaciones.
cuando te agita el viento de la edad,
las hojas secas caen.
Pero en la rama aún verde de la infancia
-la que está más arriba, la que en La Luz se mueve-
canta el jilguero.
Eloy Sánchez Rosillo
en La rama verde.
Tustquets. Nuevos textos sagrados.
domingo, 2 de junio de 2019
Lorenzo Oliván: Este árbol que no es árbol
Por eso hay que podarlo,
multiplicar caminos en su origen
para que tome fuerza.
Los brotes que no están también en fruto.
Y, en el filo
de la hoja que fue
y se llevó el viento,
se hace un corte la luz y habla su herida.
El tronco es lo fatal,
la forma de aspirar a darlo al aire.
Cada cual que entra en él
trae consigo su fronda:
la parta de este árbol -que no es árbol-
que no se ve
pero que más se mueve.
Lorenzo Oliván
en Para una teoría de las distancias.
Tusquets editores.
lunes, 1 de abril de 2019
Álvaro Valverde: La terraza
o cualquier otro sitio de Sicilia.
O Nápoles, una casa de campo
de las muchas que pueblan
las faldas del Vesubio,
como aquélla que vimos
en Viaggio in Italia,
el film de Rossellini.
Una terraza amplia
y dos palmeras.
Al fondo, las montañas.
El mar, que no se ve,
se intuye por la luz;
una atmósfera, un tono
que es mediterráneo.
Quien posa es de muy lejos,
sus rasgos lo delatan.
En su rostro, no obstante,
el color, la mirada
pasarían por nuestros.
Y la melancolía, tan latina.
Alguien que ha muerto
Eligió este lugar
para pasar el resto
de lo que fue su vida.
Ella recuerda.
Desde esa barandilla
—la mirada difusa—
Triste le piensa.
Álvaro Valverde
En El cuarto del siroco.
Tusquets editores.
miércoles, 8 de junio de 2016
Pere Gimferrer: Elegía
baile de calaveras de la luz:
a los porches de cárdenas arcadas
llegan las agonías de la noche.
El cielo que al cerrarse era amarillo de angustia
tiene la transparencia de un clarín:
la luna es sagrada y profana,
el milagro del día en su desmayo.
La última mirada de Errol Flynn,
en un quiebro de llama desgarradas,
ve las gafas oscuras de la muerte:
son de cristal ahumado los papeles.
En una contradanza de gavotas,
somos formas del bosque de la noche:
Pelléas y Mélisande, Nora y Robin,
el carnaval de los cuerpos agitados por la penumbra,
tan picoteados como los dedades
de aquel poema de Francois Villon.
No nos han colgado verdugos ni victimarios:
somos la prenda ardiente del deseo.
Tantas cosas escritas, tantos grafitos,
tanto vidrio esgrafiado en el otoño,
tanto cascajo de la claridad,
astillada en el taller del estío.
La muerte de andar por casa clava agujas
en los hombros del hotel Welcome:
los ascensores de bolsas de la niebla
suben y bajan llenos de dioses antiguos.
Al hotel welcome llega la siesta
de las anomalías del deseo,
cuando la oscuridad de punzones de hierro
pone al rojo los aires de la muerte.

Pere Gimferrer
en El castillo de la pureza.
Tusquets editores
martes, 24 de mayo de 2016
Antonio Cabrera: Instante del canto rodado (Alto Tajo)
Un guijarro cilíndrico y ferruginoso.
Pensé en las consabidas coincidencias,
en los años, los siglos, los milenios
que se necesitaron para darle
la cualidad aquella, la pátina oxidada
que me hizo descubrirlo.
Y pensé en la madeja
que habría estado devanando yo:
qué senda en garabato,
qué inconscientes distancias
se habrían ido tejiendo
hasta ponerme en su proximidad.
Sobre mi mano, solo, recibía
toda la luz de la mañana hincada
en la orilla del río.
De sus imperfecciones derivé
cristales inconclusos. De sus grietas,
excusas geológicas. Era una esquirla más
del Todo, pero daba a esa totalidad
un papel secundario.
Se exhibió tan concreto
que me obligó a eludir cualquier insinuación
de existencia sumada.
Se reunía en sí sobre mi palma,
en pedestal, severo. Su color
-una herrumbre muy bella, ya inmutable-
lo mantuvo cerrado a la tensión
del agua fragorosa y de los farallones,
como si no constasen.
El rumor de los pinos se desleía en torno.
Mi mano no era nada. Yo fui nadie.

Antonio Cabrera
en Corteza de abedul.
Tusquets. Nuevos textos sagrados.
viernes, 25 de octubre de 2013
Eloy Sánchez Rosillo: Instante
¿CÓMO no estar conforme precisamente ahora
-e incluso para siempre- con la vida,
ntra por mi casa
y hasta el fondo penetra sin ningún titubeo
y convierte a su paso cuanto toca
en oro vivo y repentino, en oro
que nada durará, pero que llena
de compasión el mundo para mí en este instante?
Eloy Sánchez Rosillo
en Antes del nombre.
Tusquets editores.






