domingo, 3 de febrero de 2008

Estación Términi

Todos los trenes que parten de esta estación a cada hora y

que no llevan a ninguna parte,

la loca que vende flores y que mea detrás de los andenes

cuando cree que nadie la mira,

la gente que entra y sale a diario de esta ciudad, y que

entra y sale y no dejan nunca de entrar y de salir,

será por eso que la llaman la Ciudad Eterna.

Es inevitable sentirse vivo enfrentados a aquello a lo que

odiamos: los domingos por la tarde en las estaciones.

Pero estamos en Roma y nuestra admiración hacia esta ciudad

siempre sorprendente y caótica, ruidosa, atenúa el odio,

y estamos cansados también, es cierto, y el cansancio, hora

es de confesarlo, atenúa, qué duda cabe, la vida.

Mi amor recuesta su cabecita que es una guirnalda en mi

hombro mullida cesta, mi amor que se muestra esquiva

cuando pretendo darle un beso

y me dice: “Estoy cansada, muy cansada, quiero llegar a

Florencia, quiero llegar ya mismo a casa”.

Es extraño decir Florencia, nuestra casa, pero así será por

algún tiempo, Florencia, agua caliente para ducharnos

juntos, en silencio, y después una cena reparadora

antes de dormir, nuestro hogar, Florencia, extraño,

hermoso,

“Pronto estaremos en casa”, le digo, vuelvo a intentar un

beso que ella esquiva otra vez, y luego me abraza y

es ella quien me besa.

El tren arranca y parece que lleva al fin hacia alguna

parte, Roma quedará de repente atrás por mucho tiempo,

nos vamos a casa

tan cansados

como si todo este caos y todas estas ruinas hubieran tenido

que ver de veras con nosotros.



José Óscar López

en Nuevos dioses

Colección Los Cuadernos Portátiles.

5 comentarios:

Marta Zafrilla dijo...

¡Viva Tropovski!
¿Recuerdo mal y no es éste el único poema en donde presenciamos a una mujer meando?
¿Alguien más recuerda aquellos versos donde en una noche de juerga el poeta miraba, perplejo, curioso y enamorado, a su chica desaguando entre dos coches? Me cautivó, pero ya no recuerdo si eran suyos. Yo creo que sí.

Por cierto, Antonio, tienes que participar en mi concurso. Tengo tu antiguo mail y no he podido enviarte las bases aunque seguro que tú sabes cómo encontrarlas.

Marta Zafrilla dijo...

¡Viva Tropovski!
Por cierto, me detengo en el verso donde mea una abuela loca y me viene a la memoria un poema cuya autoría me provoca duda. ¿No fue también Jose quien describió una noche de juerga y cómo el poeta miraba, curioso, perplejo y enamorado, a su chica mientras desagua entre dos coches?
Por cierto, Antonio, tienes que participar en mi concurso.
Tengo tu antiguo mail y no he podido enviarte las bases, pero seguro que tú sabes, internauta sabio, encontrarlas.
Nos vemos con los ojos.

Antonio Aguilar dijo...

Yo creo que sí existe ese poema, tal vez en el libro Agujeros, publicado por la Editora Regional de Murcia. José Óscar debería sumarse a esta indagación y sacarnos de las dudas.
Por cierto, curioso concurso el de Marta y Ru.

Marta Zafrilla dijo...

Más curioso sería si tuviéramos una pequeña propuesta de tormentas...

Tropovski dijo...

Ese poema es antiguo, leches, qué memoria tenéis. Lo he incluido en un flamante nuevo libro de poemas de algo así como cien páginas para el que no tengo editor ni creo que tenga en breve, :S, no por cochino sino porque es más raro que un perro verde, ;D

¡Ah! Y lo publiqué en El coloquio de los perros nº1.

Gracias por los vivas y la curiosidad: me casaría con vosotros sino lo estuvieseis ya, Marta en proceso: ¡Felicidades y un abrazo a Ru!