jueves, 20 de octubre de 2011

La desconocida


MIENTRAS tú duermes,
a mí me despierta tu sueño,
esa extraña sensación de saber
que en este mismo instante
estás cruzando
mi ciudad en un tren nocturno,
y que ya nunca nos encontraremos.



José Gutierrez Román
en Los pies del horizonte.
Rialp. 2011.

La osamenta


DEBIERA uno vivir su vida lejos de sí mismo.
Lejos de todas las nubes de su infancia
Y de la tempestad del mediodía.
Lejos de la aspereza de los sueños más lúcidos,
Esos en los que cada rostro cobra una historia
Sancionada después en pingües callejeros,
En brújulas de saldo con agujas que hieren
O nada más que estrellas.
Lejos de la vejez que sólo es un invento
Y los colores que no existen
Aunque uno se desmuera por buscarlos.
Ceniza maloliente de tantos despertares.
Mano fría que quema cuanto toca.
Osamenta que dice
Lo que la piel humanizada calla


Alberto Chessa
en La osamenta.
Rialp. 2011.

viernes, 14 de octubre de 2011

Poemas de Mary Jo bang


Háblame


Háblame, le dijo él.
Se inicia la narración y nos ocupamos de los matices.
La suerte de gramática. El color y el tono
del tiempo verbal. Siempre hay una excepción
pero siempre una regla.
El lenguaje a la deriva

de la vida cotidiana.
Háblame y cuéntame qué
pasa en el mundo. Y eso del hombre
que se convierte en piedra.
Como Sísifo, ella carga con un niño
hasta que aparece de nuevo por detrás sobre

la línea del horizonte del abismo del desastre.
La lluvia se ha demorado un poco.
El sol de la escena se percibe
en la multitud de motas que fluyen en el lumen de la lámpara.
Un trávelin arrastra la lámpara hacia atrás
hasta que el punto amarillo llega a ser mucho

mayor. ¿Qué orilla del lago, pregunta él,
está más cerca del Leteo?
...


Apertura
(2)

Abre la puerta y mira dentro.
El gato negro mágico araña el sofá.
La lámpara de medianoche va perdiendo luz.
Una mujer se quita la ropa.
Su pijama ha sido planchado
y se mete en una cama de flores.
Ofelia yace en el estanque del parque,
huérfana por un instante en la oscuridad.
Cántame una canción, tesoro, te lo suplico.
...



Ahora

Ahora, dijo ella, ¿sabes
cómo me siento? No, dijo él,

no sé nada.
Soy solamente, como tú me has descrito,
ceniza en una urna. No, dijo ella,
eso no es lo que quería decir

cuando lo dije. Eres todas las cosas
y además eso. Es la ironía

del lenguaje quien te ha descrito así.
Reducido

al después del dolor
que durará toda mi vida. El dolor

hasta la raíz del pelo de una madre
cuyo hijo ha sido barrido del mundo
por la escoba punzante
de todos sus fallos involuntarios.

Lo que ella había querido decir es que
el cuerpo como ceniza es insuficiente.

Mary Jo Bang
en Elegía.
Bartleby Editores.
Traducción de Jaime Priede.

lunes, 12 de septiembre de 2011

B

Annè Oloffson


Cuando dejo de ser flor,
molesto.

Pero lo duro era ser, lo
. ....................................... infatigablemente aciago.

Que yo contrajese alguna seria dolencia
favorecía enormemente a mi proyección literaria.

Como no encuentre trabajo, me marcho a Las Vegas.
En los Estados Unidos soy más guapa que en ningún sitio.

Pero he sido antipática y pretenciosa,
he sonreído por mi propio interés,
la ajetrada capitalista sexy;
compensé por mis días de importancia.
Ser
es lo difícil.
Cuando hablé sólo contemplaron mis labios.

¿Si me tomo un descanso eso
me hará irresponsable?
¿si soy vulnerable
seré pisoteada?
¿si me fuesen peor las cosas
me querríais acaso más?

Una profusa navaja es el proyecto de la identidad,
un ruiseñor mecánico la tarde.
Tanto souvenir acabará con Notre Dame
¿Dónde estabas cuando te necesité?


Yolanda Castaño
en Profundidad de campo.
Edición bilingüe. Traducción de la propia autora.
Visor. 2009.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Zatopek


Al cabo de esos seis años, la hermana mayor del socialismo y sus apoderados praguenses, que han convertido a Alexander Dubcek en jardinero, deciden que Emil regrese a la capital, pues se les ha ocurrido la idea de ascenderlo y convertirlo en basurero. La idea parece buena, ya que la intención es humillarlo, pero no tarde en demostrarse que no es tan buena. En primer lugar, cuando Emil recorre las calles de la ciudad tras el camión con su escoba, la gente lo reconoce de inmediato y todo el mundo se asoma a las ventanas para ovacionarlo. En segundo lugar, como sus compañeros de trabajo se niegan a que él recoja basura, se limita a correr a pequeñas zancadas, en medio de los gritos de aliento como antes. Todas las mañanas, a s paso, los habitantes del barrio donde le toca trabajar a su equipo bajan a la calle para aplaudirle, vaciando ellos mismos su cubo en el camión. No ha habido en el mundo basurero tan aclamado. Desde el punto de vista de los apoderados, la operación resulta un fracaso.

Lo apartan rápidamente de ese puesto y prueba con dos o tres más, en el desempeño de los cuales persiste el problema de su popularidad. Como último recurso, acaban facturándolo al campo, donde hay menos gente que en la ciudad, donde esperan que llame menos la atención y donde se le destina a labores de explanación. Oficialmente declarado geólogo, el trabajo de Emil consistirá ahora en cavar agujeros para colocar postes telegráficos. Transcurren dos años y se convoca a Emil ante un comité que ya no lo llama camarada. Le alargan un nuevo papel, sugiriéndole con firmeza que lo firme.

En ese documento, Emil confiesa como dictan las normas sus errores del pasado. Que se equivocó apoyando a las fuerzas contrarrevolucionarias y a los revisionistas burgueses. Que no hubiera debido apoyar ese asqueroso y reaccionario manifiesto de las dos mil palabras. Se declara muy satisfecho de la situación actual en general y muy contento de su vida personal en particular. Asegura que, pese a los rumores, no ha sido nunca basurero ni peón. Que en ningún momento se le ha procesado ni degradado, y que no necesita cobrar s retiro de coronel en la reserva. Que percibe un sueldo sobradamente satisfactorio por su trabajo en las excavaciones geológicas, función en la que ha descubierto un mundo nuevo y apasionante. Y firma. Firma su autocrítica, qué otra cosa va a hacer para vivir en paz. Firma y, poco después, recibe el perdón. Se ha acabado el purgatorio. Le asignan un puesto, en Praga, en el sótano del Centro de Información de los Deportes.

Bueno, dice el dulce Emil. Archivista, puede que no mereciera nada mejor.

En Correr
de Jean Echenoz.
Anagrama.

jueves, 14 de julio de 2011

La música en Julio Rodríguez


JAZZ

Yo conozco el estambre
de tu ausencia,
esta toga tristísima,
resbaladiza, sobria,
como la tela
negra
de un paraguas.



LUZ

Tu amor, que comenzó como una hilera
finísima de cielo en las paredes
dormidas de mi cuarto,
ha terminado por llenarlo todo
de luz, de tanta luz
que abrasa.




POP

Yo sé bien que tus labios
son pop-corn,
nubes en grano,
aire,
puro aire,
dulce maíz hinchado
para mis labios.



BLUES


A pesar del silencio,
yo sé bien que mi nombre
se desboca en tu boca, habita
en mitad de tu boca, como
una bala de plomo en un revólver.



Julio Rodríguez
En Naranjas cada vez que te levantas.
Visor.

lunes, 4 de julio de 2011

Inma Pelegrín: Ne bis in idem

La espera de Oelze


Durante este verano
cruza el cometa Halley nuestro cielo.

Sobre la arena fría
te escucho hablar acerca de los cúmulos
de gas incandescente
que, desde lo remoto,
ilustran esta noche y se consumen.
Me dices que son muchos los ejemplos
de cosas que se queman para ser,
que existir y gastarse son sinónimos,
también, al referirse
al hombre y al amor.
Encuentro en tus palabras
un tono de asunción desconocido.
Como si descubrieses
que este tiempo no vuelve, sólo va,
e intuyes que al regresar el Halley,
tras setenta y seis años,
no podrán repetirse
las cenas en la playa,
los relatos de Robert Louis Stevenson,
los mapas estelares.

Inma Pelegrín
en Óxido.
Pre-textos.