martes, 2 de abril de 2019

Arturo Tendero: Selfie

Bien entrada la noche
de agosto y con calor aún, como llamado
por un presentimiento, alzo la vista
y ahí, donde han estado siempre,
palpitan las estrellas.

Me fijo en lo profundo, donde solo
nos cabe aventurar las matemáticas,
y dejo que me bañe entero el espectáculo:
desde el chisporroteo del bib bang
hasta esta hora secreta de un planeta
que gira ensimismado.

Me asombran esas ondas
que llegan hasta mí parpadeando
después de recorrer tanto silencio
y a tal velocidad
que no cabe pensar,
solo aceptarlas.

La rauda eternidad
se exhibe quieta
a este humilde mortal
que la contempla
sentado en una silla
de anea en la terraza.



Arturo Tendero
en El otro ser.
Siltolá poesía.

lunes, 1 de abril de 2019

Álvaro Valverde: La terraza

ES Palma. Podría ser Palermo
o cualquier otro sitio de Sicilia.
O Nápoles, una casa de campo
de las muchas que pueblan
las faldas del Vesubio,
como aquélla que vimos
en Viaggio in Italia,
el film de Rossellini.

Una terraza amplia
y dos palmeras.
Al fondo, las montañas.
El mar, que no se ve,
se intuye por la luz;
una atmósfera, un tono
que es mediterráneo.

Quien posa es de muy lejos,
sus rasgos lo delatan.

En su rostro, no obstante,
el color, la mirada
pasarían por nuestros.
Y la melancolía, tan latina.

Alguien que ha muerto
Eligió este lugar
para pasar el resto
de lo que fue su vida.
Ella recuerda.
Desde esa barandilla
—la mirada difusa—
Triste le piensa.




Álvaro Valverde
En El cuarto del siroco.
Tusquets editores.

sábado, 30 de marzo de 2019

Natxo Vidal: 7

Igual que Kirsten Dunst,
inmóviles,
nos limitamos a contar las horas
mientras ese planeta se aproxima.
No deseamos nada.
Solo, tal vez, que el fuego
nos ilumine un poco, antes de
quemarnos.


Natxo Vidal
En Mi parte de la pólvora.
Huerga & Fierro editores.

domingo, 24 de marzo de 2019

Gata Cattana: Hojita de menta.


Nosotras siempre hemos sido
lo que nunca seremos.

 Hemos vaciado la copa
 y esputado los restos,
 hemos visto a la mediocridad
 vestirse de hegemonía,
 hemos mirado
 con los ojos soberbios,
 perdonavidas,
 y les hemos perdonado,
 y es algo que jamás nos perdonarán.

 Hojita de menta, Hojita de menta,
 nos columpiamos en la ignorancia,
 creímos en el conocimiento
 en perjuicio del status quo,
 elegimos la epopeya como Aquiles,
 elegimos la manzana,
 y eso es algo que jamás nos perdonarán.

Nosotras fuimos
 de costumbres prehistóricas,
 de leer junto al fuego
 el arrabal y la vanguardia,
los textos sagrados y las fisuras,
 eruditas hasta la arcada,
 sabiondas, repelentes
 hasta la médula.

 Fuimos un mucho de puta
 y un poco de monja,
 demasiado humanas para endiosarnos,
 demasiada idea para tan poca carne,
 fuimos tan del sur
que le dimos la vuelta,
 fuimos tan incógnitas
 que ni nosotras mismas
 sabíamos muy bien.
Y por si acaso el revólver.

 “Lo importante no es ser muy listo
 sino ser buena persona”,
decía mi madre y después dirías tú
más mentirosa que nunca.
 Nosotras quizás no éramos tan listas
pero ni mucho menos buenas personas.
Nosotras no éramos personas
y eso es algo que jamás nos perdonarán.
 Nosotras éramos los idus de marzo,
 la conjura, la disidencia,
 la disidencia siempre,
 fuera cual fuera el autor
 o el imperio,
 nosotras éramos un blanco perfecto,
 la plebe enardecida pedía crucificados
 y ahí nosotras, veníamos a dárselos
 con los brazos abiertos,
 alguien tenía que profanar toda esa mierda.

 No eran tiempos fáciles
 para nadie,
 para nosotras fue como matarnos,
 como la flecha en el talón,
 el comienzo del nuevo siglo
 y la vuelta a la Pangea.
 Los humanos se reubicaban
y corrían a por los dólares despavoridos.
 Los empresarios promovían reformas laborales
 y los gobiernos legalizaban la esclavitud.

 Y en medio de todo esto
 me dices que te vas,
 y te vas,
 y me dejas aquí con los planos sin acabar,
 con los apuntes de filósofos
 que dicen cosas de esas que te gustan,
 y la palabra en la boca.
 Eso es lo de menos.

 Lo demás es cargar yo sola
 con todas esas dudas
 existenciales, tripipoéticas, estrafalarias,
 y escucharte contradecirme y aconsejarme
 por donde quiera que vaya,
como una voz en off,
 como un fantasma.
Dos locas siempre son menos locura
 que una sola loca,
 dos locas es algo más normal,
 pero ¿una loca sola vaciando la copa
 y esputando los restos,
 escuchando voces
 y clamando al cielo,
 leyendo a Deleuze
 sin que tú me lo expliques
 y mentándote por ahí
 como una aparición?
 Eso sí que no.
 Eso es algo que jamás te perdonaré.



Gata Cattana
En  La Escala de Mohs
Verso & cuento. Editorial Aguilar. 

lunes, 11 de marzo de 2019

Clara Janés: El jinete

Potros salvajes corriendo por la playa entre olas y espumas...Asi es de impetuoso mi deseo, bañado de agua y yo saltando. Por ello me enamora que me cabalgues, y en juego de vaivén yo te acompaño y acaricio tus calcañares, de rodillas en ti, y sobre las tuyas suavemente adelanto mi crin hacia la punta de tus extremidades. Observa la belleza de mi dorso de nácar, mira que ya te robo los dedos de los pies con mis belfos; mira con qué ligereza podemos ir al trote y al galope del amor más desbocado. Y cuida de que ni un solo brinco me separe de tu adorado señorío.


Clara Janés
En Kamasutra para dormir a un espectro.
Síruela. Libros del tiempo.

martes, 5 de febrero de 2019

Andrés García Cerdán: La estructura profunda

Noam Chmsky

Como el pescador hawaiano
que hunde su mirada
y sus manos de hombre en el océano
para leer
la estructura profunda del lenguaje,
para saber la dirección
y el sentido de las corrientes,
el movimiento
del agua, 
así el poeta,
así yo cuando pienso en ti,
cuando sumerjo
en ti
mis manos y mi lengua.



Andrés García Cerdán
en Defensa de las excepciones.
Visor poesía.

José Alcaraz: Poema troquelado

Si oyes un ruido como de lluvia en la ventana,
si cruje la madera de la puerta
y una luz temblorosa se filtra por debajo,
si hace frío de pronto alrededor,
soy yo de nuevo
queriendo entrar, el pela ese de la tristeza,
de la muerte y la vida solitaria;
y, para colmo, en verso.
                                       No me eches;
no puedes, ni siquiera parando tu lectura:
por mucho que apartases la mirada,
jamás te negaría la palabra, ya escrita
sin remisión aquí.
                              Porque aun marchándote
lejos de este poema, yo -vitalista, eufórico, imparable-
diría, como ves, que en todo adiós hay muerte,
tristeza y soledad.
                               Y es que, además
seguiría la lluvia llamando a tu ventana,
seguiría el crujido de la puerta,
seguiría filtrándose una luz,
seguiría este frío,

seguiría escribiendo.




José Alcaraz
en Vino para náufragos.
Alhulia.