domingo, 15 de septiembre de 2019
Dos poemas de Juan Marqués
AHORA MISMO
Para Nuria
BLANQUÍSIMO tu cuerpo bajo un cielo
de un azul abusivoo
(ya sabes: es un don...),
y tu ensalada,
y tu cometa,
y el sol.
El cielo es un misterio más visible
con el que nos tenemos que enfrentar,
y está pasando ahora: lo estás viviendo.
Ahora estamos juntos y sonríes.
Te estoy, ahora mismo, acariciando.
ACUARELA EN ABRIL
"¿ACASO no sabías de antemano
que todo iba a cambiar?",
dice un viejo poema japonés.
Está lloviendo sobre las cebollas.
El cuerpo interpretó como alimento
lo que sólo era sed.
Juan Marqués
en El cuarto de estar.
Editorial pre-textos. Colección la cruz del sur.
(ISLANTILLA, 2009)
Para Nuria
BLANQUÍSIMO tu cuerpo bajo un cielo
de un azul abusivoo
(ya sabes: es un don...),
y tu ensalada,
y tu cometa,
y el sol.
El cielo es un misterio más visible
con el que nos tenemos que enfrentar,
y está pasando ahora: lo estás viviendo.
Ahora estamos juntos y sonríes.
Te estoy, ahora mismo, acariciando.
ACUARELA EN ABRIL
"¿ACASO no sabías de antemano
que todo iba a cambiar?",
dice un viejo poema japonés.
Está lloviendo sobre las cebollas.
El cuerpo interpretó como alimento
lo que sólo era sed.
Juan Marqués
en El cuarto de estar.
Editorial pre-textos. Colección la cruz del sur.
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Juan Marqués,
Literatura española,
Poesía
martes, 11 de junio de 2019
Shuntaro Tanikawa: Agua
el corazón que ha perdido lo que se puede aprender
está lleno de cosas
que no es posible aprender
en los ojos la sombra de una flor
en la nariz el olor
de las vísceras de un pez
un torrente fangoso
de palabras
en los oídos
una lengua envejecida
una piel escocida
un cuerpo tambaleante
la boca
tiene agua
pero sigue reseca
Shuntaro Tanikawa
en Minimal.
Visor poesía
está lleno de cosas
que no es posible aprender
en los ojos la sombra de una flor
en la nariz el olor
de las vísceras de un pez
un torrente fangoso
de palabras
en los oídos
una lengua envejecida
una piel escocida
un cuerpo tambaleante
la boca
tiene agua
pero sigue reseca
Shuntaro Tanikawa
en Minimal.
Visor poesía
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Visor
domingo, 2 de junio de 2019
Lorenzo Oliván: Este árbol que no es árbol
El poema puede irse por las ramas.
Por eso hay que podarlo,
multiplicar caminos en su origen
para que tome fuerza.
Los brotes que no están también en fruto.
Y, en el filo
de la hoja que fue
y se llevó el viento,
se hace un corte la luz y habla su herida.
El tronco es lo fatal,
la forma de aspirar a darlo al aire.
Cada cual que entra en él
trae consigo su fronda:
la parta de este árbol -que no es árbol-
que no se ve
pero que más se mueve.
Lorenzo Oliván
en Para una teoría de las distancias.
Tusquets editores.
Por eso hay que podarlo,
multiplicar caminos en su origen
para que tome fuerza.
Los brotes que no están también en fruto.
Y, en el filo
de la hoja que fue
y se llevó el viento,
se hace un corte la luz y habla su herida.
El tronco es lo fatal,
la forma de aspirar a darlo al aire.
Cada cual que entra en él
trae consigo su fronda:
la parta de este árbol -que no es árbol-
que no se ve
pero que más se mueve.
Lorenzo Oliván
en Para una teoría de las distancias.
Tusquets editores.
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Tusquets editores
domingo, 26 de mayo de 2019
Dos Poemas de Karmelo C. Iribarren
QUE LA VIDA IBA EN SERIO...
Fue lo único
que me enseñó
mi padre
-una tarde
de invierno,
allí de pie,
junto a su féretro-;
No hubo tiempo
para más.
VISTA CANSADA
Tengo
vista cansada.
Las letras
se me emborronan
sobre la página.
Curiosamente ahora
que empiezo a ver
con tanta
claridad
tantas cosas...
Pero no hay gafas
para esto.
Karmelo C. Iribarren
En Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren.
Selección y prólogo de José Luis Morante.
Siltolá Poesía.
Fue lo único
que me enseñó
mi padre
-una tarde
de invierno,
allí de pie,
junto a su féretro-;
No hubo tiempo
para más.
VISTA CANSADA
Tengo
vista cansada.
Las letras
se me emborronan
sobre la página.
Curiosamente ahora
que empiezo a ver
con tanta
claridad
tantas cosas...
Pero no hay gafas
para esto.
Karmelo C. Iribarren
En Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren.
Selección y prólogo de José Luis Morante.
Siltolá Poesía.
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Poesía
sábado, 20 de abril de 2019
Luis Muñoz: Dos poemas de Vecindad
CIELO RASO
A francisco Ramallo y Sebastián Chisari
Uno de eso días en que todo
nos parece nítido y extraño:
el agua al filo del pavimento,
los cascos resplandecientes
de los barcos,
los grandes ovillos azules
y limpios de las redes,
nuestros jerséis bocones
de punto con el olor del otro,
la familiaridad con que el mundo
nos acoge y quita peso.
¿Nítido y extraño? Sí,
cada cosa que hacemos
pasa un signo de interrogación
a las otras: encontrar
placer al desenroscarnos
por las cuestas del pueblo,
hallar vida en las paredes
descarnadas de los balcones,
mirar hacia los lados, sonreír.
EXÁCTAMENTE IGUAL
No tener es no tener,
tenerlo.
Con qué coraje.
Con qué frontal
acuden las notas de su ímpetu.
Estremecerse donde
se abre una tapadera,
cocinar las cosas no cocinadas,
el fuego ajeno, propio.
Los viceversa vibran
al cruzarse de lado.
Luis Muñoz
En Vecindad.
Visor poesía.
A francisco Ramallo y Sebastián Chisari
Uno de eso días en que todo
nos parece nítido y extraño:
el agua al filo del pavimento,
los cascos resplandecientes
de los barcos,
los grandes ovillos azules
y limpios de las redes,
nuestros jerséis bocones
de punto con el olor del otro,
la familiaridad con que el mundo
nos acoge y quita peso.
¿Nítido y extraño? Sí,
cada cosa que hacemos
pasa un signo de interrogación
a las otras: encontrar
placer al desenroscarnos
por las cuestas del pueblo,
hallar vida en las paredes
descarnadas de los balcones,
mirar hacia los lados, sonreír.
EXÁCTAMENTE IGUAL
No tener es no tener,
tenerlo.
Con qué coraje.
Con qué frontal
acuden las notas de su ímpetu.
Estremecerse donde
se abre una tapadera,
cocinar las cosas no cocinadas,
el fuego ajeno, propio.
Los viceversa vibran
al cruzarse de lado.
Luis Muñoz
En Vecindad.
Visor poesía.
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viernes, 12 de abril de 2019
Yannis Ritsos: fragmento de "Agamenón"
Ellos se habrían dado cuenta de cuán vigoroso, de cuán achacoso soy-
desafiantes ambos. Un atardecer paseaba solo a la orilla del març,
una pazdorada; el mar arrebolado; un remo que de pronto pareció prenderse en llamas. Sobre las rocas
habían extendido una grande vela roja. Del cuartel, arriba,
me llegaba una canción solitaria, lastimera,
tibia e ingrávida, como un vestido recién abandonado por un hermoso cuerpo-
una canción tibia que yo tenía entre las manos mientras paseaba
en el frescor de la tarde, al lado de los barcos. Todo alrededor
emanaba una fragancia como de maíz tostado y algas.
Un poco de agua debió caer, borbotando, en un tocón en ascuas. Afuera de las tiendas de campaña
habían encendido grandes hogueras para el rancho vespertino.
La muerte parecía tan fácil. Me acordé del taciturno Filemón. Una noche,
en la que, dentro de la tienda, todos ebrios parloteaban sin parar
de hazañas, mujeres, caballos, Antíloco desafió con burlas
su sosiego y su mesura. Y Filemón dijo: "Me preparo", nada más;
y continuó encorvado como estaba, sin beber, con los codos puestos en la mesa
y la cara hundida entre las manos. Detrás de sus dedos
resplandecía una extraña sonrisa. "Me preparo". Al amanecer
Antíloco salió de la tienda, se volvió hacia el Oriente y con la alegría
del actor y la irreverencia de la juventud declamó su plegaria al sol.
No sé cómo retuve sus últimas palabras. “Oh, sol — decía—
tú que con un dedo abres un hoyo dorado sobre el muro negro
y brotan de ahí dos pájaros, uno rojo, otro celeste—
el rojo se posa sobre mi rodilla, el celeste encima de mi hombro—“. Y
en ese momento, dos grandes pájaros volaron por encima de él—
eran dos cuervos. Ni él ni Filemón volvieron.
En un lécito blanco grabamos dos hermosos pájaros—el rojo y el celeste.
Yannis Ritsos
en Agamenón.
Acantilado.
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