domingo, 22 de diciembre de 2019

Dos poemas de Ilse Aichinger

Vieja mirada

Me he acostumbrado a esta ventana
y a que la nieve caiga a través de mis
ojos;
pero ¿quién siguió a los que se perdieron
a través de la puerta abierta del jardín?
¿Quién dispuso lo que allí había,
el barril de lluvia,
y la luna como luna,
todas las hierbas heladas?
¿Quién se columpiaba antes de la mañana
y hacía chirriar las cuerdas?
¿Quién puso la mano de cera
en la ventana de la cocina,
se sentó en el blanco
y me acogió a mí misma?


Ruego

De los dioses en cólera,
del dios en cólera
no me debes proteger,
pues yo no quiero, por miedo, ir hacia ti.
Las ruedas sobre la montaña blanca
están girando,
Homero se desploma en su esquina,
despiértalo,
despiértamelo
con tu
última sonrisa,
que te oiga
cuando yo vaya hacia las ruedas
y él cante.


Ilse Aichinger
En Consejo gratuito.
Linteo poesía.

jueves, 31 de octubre de 2019

Dos poemas de Nieve antigua de María Sotomayor

MIRO LA CIUDAD desde la ventana
nada h a desaparecido aquella ruina
sigue quejándose de los nidos
del vocerío en los escaparates

un árbol que pertenece a la dulzura
se siente extranjero antes de perder sus hojas
y así pasamos por el mundo ignorando los silencios los cabellos despeinados
el viento no puede llevarse
todas las ciudades que han empezado a arder
pero no importa
es el segundo invierno de los nombres y hay que irse
lejos muy lejos para poder contemplar
la migración de las aves en la punta de la nariz
o dentro de los ojos grandes de una niña
que aprende a llorar junto a su padre
como aquel primer dolor de un cuerpo poco hecho
dentro del calor de las castañas




CUIDA tus manos
del hombre de las montañas
cuando el niño se esconde
con los pies llenos de frío


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María Sotomayor
en Nieve antigua
La bella Varsovia/Poesía

martes, 24 de septiembre de 2019

Tres poemas de José Mateos de Un sí menor

QUISIERA escribir poemas
sin el dogal riguroso
de los poemas bien hechos;

Poemas que casi no fueran
poemas, sino el silencio
de donde nace el poema.

Como esas flores sin nombre
que hay en los cementerios,
quisiera hacer mis poemas:

Ser más fuerte que la muerte
con el olor de un momento.

EL ÁLAMO

DURO, quieto, indiferente
al río y la muerte.

Asceta de la ribera,
te desmienten
tus hojas que tiemblan.


SIN TÍTULO

HACE tiempo
Tuve un nombre,
Un nombre que no recuerdo.

Me llamaba...,
Como todos.
No sé como me llamaba.

¿Ansía? ¿Eco?
¿Vanidad?
Algo parecido a eso.


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José Mateos
En Un sí menor.
Editorial Pre-Textos
Colección la cruz del sur.



domingo, 15 de septiembre de 2019

José Alcaraz: Tengo un epitafio

TENGO un epitafio:

Así está bien. 

Lo cuido,
crece como hierba.

Lleva una lluvia dentro
y viento
con risas de niño.

Juega a mi alrededor.

Es extraño.

No sé.

Lo más alegre
que he escrito triste.


José Alcaraz
en El mar en las cenizas.
Rialp. Accésit premio Adonais.

Dos poemas de Juan Marqués

AHORA MISMO

(ISLANTILLA, 2009)

Para Nuria

BLANQUÍSIMO tu cuerpo bajo un cielo
de un azul abusivoo
     (ya sabes: es un don...),

y tu ensalada,
y tu cometa,
               y el sol.

El cielo es un misterio más visible
con el que nos tenemos que enfrentar,
y está pasando ahora: lo estás viviendo.

Ahora estamos juntos y sonríes.
Te estoy, ahora mismo, acariciando.


ACUARELA EN ABRIL

"¿ACASO no sabías de antemano
que todo iba a cambiar?",
dice un viejo poema japonés.

Está lloviendo sobre las cebollas.

El cuerpo interpretó como alimento
lo que sólo era sed.


Juan Marqués
en El cuarto de estar.
Editorial pre-textos. Colección la cruz del sur.

martes, 11 de junio de 2019

Shuntaro Tanikawa: Agua

el corazón que ha perdido lo que se puede aprender
está lleno de cosas
que no es posible aprender

en los ojos la sombra de una flor
en la nariz el olor
de las vísceras de un pez

un torrente fangoso
de palabras
en los oídos

una lengua envejecida
una piel escocida
un cuerpo tambaleante

la boca
tiene agua
pero sigue reseca

Shuntaro Tanikawa
en Minimal.
Visor poesía

domingo, 2 de junio de 2019

Lorenzo Oliván: Este árbol que no es árbol

El poema puede irse por las ramas.
Por eso hay que podarlo,
multiplicar caminos en su origen
para que tome fuerza.

Los brotes que no están también en fruto.
Y, en el filo
de la hoja que fue
y se llevó el viento,
se hace un corte la luz y habla su herida.

El tronco es lo fatal,
la forma de aspirar a darlo al aire.

Cada cual que entra en él
trae consigo su fronda:

la parta de este árbol -que no es árbol-
que no se ve
pero que más se mueve.

Lorenzo Oliván
en Para una teoría de las distancias.
Tusquets editores.