lunes, 25 de abril de 2011

De Rapsodia

Foto de Cornell Capa


El tiempo nuestro es ya de despedida:
con los adioses viene el viento al pámpano,
como en Valpolicella oscurecida
en la mano de tinte del invierno:
parques, lejanas estaciones pasan
por andenes de invierno, por los cerros
que pierden su color al ser tiznados
en los cristales por la luz que piensa:
así vamos al centro, no a la huida
o a lo abismal, sino al clavel del tiempo,
que nos ve en un espejo llameante,
en un planeta de agua incandescente.
Así las nubes en su oficio pasan,
como Santa Compaña o estantigua,
como la romería del rosal:
no Monsalvat, no Camelot ni Trípoli,
sino el santo Grial de nuestros sueños.
Y de toda la vida, este puñado,
esta gavilla de claveles queda:
tanta palabra por decir tan sólo
la esclavina de plata del amor.

Pere Gimferer
en Rapsodia
Seix Barral.

martes, 5 de abril de 2011

Eloy Sánchez Rosillo: Con un gran trecho del camino andado

Foto de Mauricio Palos

A estas alturas, nadie -ni yo mismo siquiera-
podría ya quebrar ni desdecir
aquel sueño que tuve cuando era adolescente
y en el que desde entonces ha estado sustentada
por entero mi vida, un sueño que en el sueño
del existir razón de ser me ha dado
y hoy es regazo y júbilo.
Soñó
el joven soñador que en mí habitaba
con alguien que era él mismo al cabo de los años,
muchos años (su pelo, blanco o gris),
y que hacia atrás miraba meditando conforme
-hasta donde es posible hacerlo sin jactancia
y sin los subterfugios de la falsa humildad
en la labor que había con amor realizado
a lo largo del tiempo.
Esa ocasión
entrevista en el sueño es la que vivo ahora,
la que esta tarde ocurre. Y la tarea
en la que meditaba el hombre imaginado,
el que he llegado a ser, es la que ha sido
más hondamente mía: este trabajo hermoso
de encontrar las palabras verdaderas
-inconfundibles en su ser, pues siempre
nos hablan desde dentro de las cosas-;
las que a su modo dicen el misterio que entraña
cuanto alienta y se afirma;
las que con claridad de agua o cristal pronuncian
la alegría y las lágrimas del vivir y se posan
temblando en el papel, junto a la música
con la que van naciendo.
Sé muy bien
que no fui yo quien hizo los poemas
que en mis libros figuran. Fueron ellos
los que a mí me crearon, los que han ido
poco a poco tejiendo el nombre que me nombra,
la identidad que tengo.
Mas aunque sólo soy
quien con el alma en vilo ayudó como pudo
a que su luz posible aconteciera,
cuánta satisfacción siento en mi pecho
ahora que anduve ya gran parte del camino,
qué compasivo el mundo y qué deseo
de seguir en la brecha mientras la vida dure,
para que el sueño aquel que soñé de muchacho
hasta el final se cumpla.

Eloy Sánchez Rosillo
en Sueño del origen.
Tusquets