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martes, 21 de julio de 2020

Natxo Vidal: poema de Así termina.

También
hay quien aguarda, sin embargo,
hallar lo inesperado en el cantar
de los gorriones.
Y con la esperanza
pasa la vida entera,
oyendo ese cantar monótono,
repetido, de pájaro
obrero.
Confío,
dirá en su juventud,
en el futuro:
ese lugar donde los pájaros
cantan de otra manera.
En su vejez dirá
recuerdo los gorriones
hermosos de mi juventud.

Crece la hierba.
Hay muchos caracoles.















Natxo Vidal
En Así termina.
Frutos del tiempo.

sábado, 30 de marzo de 2019

Natxo Vidal: 7

Igual que Kirsten Dunst,
inmóviles,
nos limitamos a contar las horas
mientras ese planeta se aproxima.
No deseamos nada.
Solo, tal vez, que el fuego
nos ilumine un poco, antes de
quemarnos.


Natxo Vidal
En Mi parte de la pólvora.
Huerga & Fierro editores.

lunes, 29 de junio de 2015

Natxo Vidal: diccionario

Motivo de la portada de Antonio Gómez Rivelles


AYER estuve en el parque, jugando con mis hijas. Viendo cómo jugaban ellas con los otros niños, mientras los mayores, sentados en el banco, hablábamos de cosas aburridas. Al final de la tarde (invitadas, tal vez, por la propia luz, ya a la fuga) decidieron jugar al escondite. Aunque el juego posea una serie de normas comúnmente aceptadas (compartidas, quiero decir) en todos los lugares en los que se juega, que son todos, no es menos cierto que en cada lugar se desarrolla en base a claves o procedimientos diferentes. En ocasiones son solo pequeños detalles, cambios mínimos en la terminología o el mecanismo de las partidas, pero bastan para hacer de cada una y de cada sitio un espacio único, una experiencia irrepetible. (En  La conjura contra América, por ejemplo, habla Philip Roth del mismo juego al que juegan hoy mis hijas, con pequeñas variaciones, más de setenta años después, al que él se refiere como a conquistar el mundo y al que nosotros llamamos simplemente sangre). Por si fuera poco, en el caso concreto del escondite, las normas pueden variar dependiendo del carácter del que paga (el jugador que busca a los escondidos), ya que los jugadores menos deportivos no están dispuestos a aceptar determinadas normas. Aquellas, sobre todo, que consideran más perjudiciales para su tarea. A veces estos cambios dan origen a fuertes controversias entre jugadores.
Comenzaron a jugar al escondite, decía. Me sorprendieron pronto algunas reglas
algunos términos
que yo no recordaba que existieran en mis partidas de niño
en el mismo barrio
casi en las mismas calles
Rápidamente constaté que existen un montón de normas: perrito guardián, relojito, zanahoria... cuyo significado ignoro. Pero hubo una que me sorprendió, especialmente. Para no andarse por las razas, el que está pagando dice diccionario. ¿Y qué significa diccionario?, dije. Pues para no decir todas las normas, me contestaron, decimos
diccionario
porque en el diccionario están todas las palabras, y terminamos antes.
Llevo toda la noche pensando en ello. Y tienen razón.
Te he dicho muchas veces que te quiero, de formas diferentes.
Hemos montado juntos la grupa del deseo, convertida la carne
en un incendio
las manos sucias
la boca sucia
los cuerpos destrozados y mojados

olvida todo lo que te he dicho antes
olvida todas las palabras
vamos a seguir su ejemplo porque ellos son mejores que nosotros

diccionario amor mío
diccionario.
















Natxo Vidal
en Ícaros desorientados.
Raspabook, poesía.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Natxo Vidal Guardiola

Foto: Keith Carter

Un músico de rock
necesita una banda

un ciclista necesita un equipo

un lutier
necesita un instrumento

un violador necesita una víctima

un virus necesita un cuerpo

¿lo entiendes ahora?

Para ser lo que soy
te necesito.

Natxo Vidal
en Sal en los ojos.
Los papeles del sitio.
2012. Sevilla.

domingo, 11 de marzo de 2007

Natxo Vidal: Maderas y carbones

Pocas cosas
tan hermosas
como una caja por estrenar de lapiceros:
doce soldados fieles
perfectamente alineados,
con su carbón por dentro
y con todas las letras por delante.
Pocas cosas
tan misteriosas
como estos doce lápices,
uniformados con el color de las avispas,
brillantes todavía,
afilados cuidadosamente.
Vienen de la madera y de la mina
y se dirigen,
con desigual fortuna,
a las palabras, los números o los dibujos,
al mostrador de entrada de una cárcel.
Todos son iguales y, sin embargo,
qué vidas tan distintas les esperan.
Ignoramos
en qué manos caerán,
en qué otros labios rodarán gozosos,
madera y mina,
carbón,
a qué otras batallas prestarán
su trazo y su servicio.
Ignoramos casi todo
de los lápices:
yo nunca he terminado uno.
Un día ya no están.
Pero andan por ahí, como los hijos,
llevando nuestro aroma,
repitiendo
palabras aprendidas con nosotros.
Ahora son solamente
maderas y carbones.
Pocas cosas
tan hermosas
como estos doce lápices,
con tantas cosas dentro todavía.


Natxo Vidal
en Atrás no es ningún sitio
Aula de Poesía de la Univ. de Murcia.