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viernes, 28 de junio de 2024

Alberto Caride: 40

 A CIERTA edad, lo valioso no es

tanto el qué de las cosas,

no es el tacto de la cama recién

deshecha, el brillo de lo que puede verse

con los ojos cerrados, ni siquiera

la ficción de los triunfos pasajeros.


A cierta edad, lo importante,

es la sinestesia, aquello que incita

a seguir el rastro: ver con las yemas

de los dedos, reconocerte en el sonido

de otro cuerpo o que el olor de las cosas

sea intertextualidad y no verso.



Alberto Caride

en El síndrome de Guillain-Barré.

Colección Sudeste.

martes, 5 de mayo de 2015

Alberto Caride: Últimamente es todavía

Siempre me ha resultado imposible
mantenerme cerca del término medio.
A mis poemas en cambio no,
les basta con saborear las cosas
que no sucedieron para descubrir,
con la precisión de un sumiller,
a qué hubieran sabido.

Mis sentidos se me han vuelto imprecisos
con las cosas que están lejos,
y mi tacto un torpe párkinson
que no me deja leer entre líneas
los secretos que me aguardan en tu piel.
Fracaso y triunfo son como ese pez
que se muerde constantemente la cola
mientras olvida si fue antes el dolor de cantar
o la herida.


Alberto Caride
en Ciudades jirón.
Lastura.

viernes, 22 de junio de 2012

La partitura de Alberto Caride



A Vicente Cervera


El presente reescribe tenazmente la historia
sobre melodías inacabadas.
Nada importa si lo anterior fue más bello
que lo nuevo o si su ritmo
continúa atrapando en sus compases
al corazón,
su mano busca completar constantemente
el pentagrama para seguir cantando.

La partitura no presenta marcas ni borrones
que afeen la grafía actualizada,
porque la vida escribe siempre sus romances
sin tinta china,
sin cadenas lo suficientemente fuertes
para resistir la tensión del nuevo deseo.

No temo las variaciones rítmicas de la orquesta
ni tampoco que ml allegro se transforme
en ocasiones en un adagio melancólico,
marcado en el cristal
por gotas de lluvia de distintos cielos,
porque si al pentagrama se le agregan
las notas musicales precisas
aparece nuevamente la música.
E1 compás le da al pulso del corazón
la medida con la que percibimos
las estructuras en las que se ordena la vida,
pero somos nosotros, a modo de acentos
y silencios, los que podemos dar sentido
a la composición.
La partitura nunca guarda marcas ni borrones
que afeen su grafía actualizada, es cierto,
porque la vida nunca escribe sus romances
con tinta china,
pero el alma guarda siempre en sus faldones
un ritornello que le recuerda y devuelve
fragmentos pasados de la obra,
pequeñas anotaciones en el libretto
que dan al presente esa pausa necesaria
para interpretar brillantemente la canción.

Alberto Caride Brocal
En Narciso despeinado.
Azarbe.