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domingo, 11 de agosto de 2024

Rosa Berbel: Dos poemas de Las niñas siempre dicen la verdad

 ORÁCULO DE DELFOS


En Delfos inventaban el futuro,

nunca lo anticiparon.

No hay adivinación posible en los oráculos 

ni en sucesivas formas de misterio, 

sino una luminosa fe creativa.

Astrología, bolas de cristal, tarot, 

las palmas arrugadas y secas de las manos, 

todo funciona igual y se sustenta 

anafóricamente 

sobre la misma idea:


siempre, sin ninguna excepción,

la imagen crea el acontecimiento.


cuando digo mañana nos convoco.




EL FIN DEL VERANO


La infancia ha terminado.


En esta casa nueva, 

no reconozco el orden de las cosas, 

ni la lógica esquiva de la sangre.


Pero sé que hay lugares 

en los que basta solo una palabra 

para encender el fuego.




Rosa Berbel

En Las niñas siempre dicen la verdad.

Hiperión.


miércoles, 10 de noviembre de 2021

Vicente Luis Mora: Dos poemas de Mecánica

ENTRE


Miro el paisaje recortado

por los edificios tras la ventana:

los montes velados, el cielo.


Luego pienso en que la mirada,

para llegar al paisaje del fondo,

atraviesa: aire / cristal / aire


Y ya no puedo mirar
como antes.

No escribo sobre las cosas,
pienso el espacio
atravesable hasta ellas.


PERO, ¿CÓMO SE LLAMABA LA MUJER DE LOT?


Níobe se convirtió en roca por soberbia,

la Medusa por malvada

y la mujer de Lot por su curiosidad.


Con la última, siempre.


Los textos sagrados no dicen su nombre.

Se la llama "la mujer de Lot".

Tan sólo "la mujer de Lot".

Su papel es instrumental,

para dejarnos de piedra.


Un texto midrásico dice que se llamaba Edith.


Un ser sin nombre es un fantasma.


La llamaremos Yo,

para que todos podamos

sentirnos ella en algún momento.





Vicente Luis Mora

en Mecánica.

Poesía Hiperión.

domingo, 4 de abril de 2021

Inma Pelegrín: Plantones

 He visto que las cosas

Cuando buscan su centro

Encuentran su vacío.

Federico García Lorca


El otoño pasado 

quedaron olvidadas 

unas pocas castañas en el cesto.

Brotaron como brotan 

las cosas, porque sí. 

Plantarlas fue tan fácil 

como enterrar su carne, 

su voluntad redonda de semilla.

No servirá de nada -nos dijimos-.

Una de ellas creció. Sus cinco vástagos 

desafían ahora esas palabras.

No servirá de nada -volvimos a decir-, 

pues si sobreviviese a este verano, 

habrán de llegar otros 

con otros vientos, otras sequedades 

con las que derrotarla.


La planta continúa indiferente 

a nuestras opiniones.

Supongamos que estamos confundidos 

y que nuestro hipotético ejemplar, 

con su sombra hipotética alargándose 

más allá de la mano que lo injerta, 

contra todo pronóstico, 

alcanzase a cumplir 

mil quinientos inviernos.

(La cifra habitual en estos casos).

Tampoco servirá de nada porque alguien, algún día,

Ver

A su tronco hueco

Y sentirá piedad

Por el castaño inerte y por sí mismo.

Si supiéramos algo de la vida,

Si tuviéramos la menor idea,

Aquí, junto a este tiesto 

De barro desconchado

En el que crece un árbol diminuto,

Al abrigo del porche,

Camino de Marchena,

Buzón número tres,

Estaría el lugar más conveniente

Para quedar callados.




Inmaculada Pelegrín

En Todas direcciones.

Hiperión.

lunes, 22 de febrero de 2021

Ramón Andrés: Los libros

 Son perros, nos siguen, levantan la pieza,

la cobran, Lo abatido, nosotros.

Si te echan de casa, te los llevas;

toda la jauría. Si alguien te admite en otra,

no entras sin ellos, Están, escarban

en lo que guardas de instinto, Nombres cortos,

rápidos, secos para que te entiendan:

el perro-libro Chéjov, el perro Ibsen,

Nietzsche, Arendt, Blake, Poe, llámalos,

se revuelvan en la tierra humedecida,

como si superan que todo está en ellas

huelen a cuero usado, a cuerda mojada.

Raza o mezcla, dos precios. Dos clases.

Hozan. Está el que jamás se aleja

y el que va sin detenerse monte arriba,

el que responde al ladrido y el que duerme.

Perro Milosz, perro Bishop, Rilke,

no son falderos, vigilan, rastrean

tu pasado, los años hechos ya despojos,

carroña -diría Baudelaire-,

no dejan ni un mes ni un día de desperdicios

lo devoran todo. Poca correa, poco collar,

perro Bachmann, perro Stevens, Heaney,

muerden, muerden el palo que les lanzas,

y lo roen y roen porque es tu vida.


Ramón Andrés, 

En Los árboles que nos quedan.

Poesía Hiperión.

sábado, 1 de febrero de 2020

Basilio Sánchez: Cuadrante solar

Más que en palabras, pienso en veranas altas: 
el cristal en donde cabe el sol y, más allá, 
el hondo aire azul, que nada muestra, 
y no está en ninguna parte, y es interminable.
Philip Larkin


En un mundo con más cielo que tierra,
como en las perspectivas Serena de van Ruisdael,
la mañana comienza a acumularse
sobre los edificios
y las escalinatas de las plazas,
en las franjas de luz de los balcones.

Con su semilla dentro,
envolviendo las cosas con el lenguaje del cuidado,
la claridad de instala entre nosotros,
reivindica para los sentimientos
la precisión de los matices.

Tiene la porcelana de este día
el descascarillado de una antigua pobreza,
pero lleva su luz a casi todas
las casas de los hombres: la luz mediterránea,
la luz continental, el cielo clásico,
los metales dolientes de un paisaje
que el alma, preservándolo, condena a repetirse.

Me asomo a la ventana como a un libro de imágenes.

Nuestra estirpe lleva sobre sus hombros
la alta aguja del sol.
Los días que salen buenos, a la vida
le perdonas la ofensa de la muerte.


Basilio Sáchez
En Cristalizaciones.
Hiperión.

domingo, 19 de enero de 2020

Julián Rodríguez: Dos poemas de una extraña ciencia

DEFENSA PROPIA

Como una cerilla encendida
en mitad de la noche, un poema
ilumina tan sólo un instante
la oscuridad que nos rodea.

Pero no olvides nunca
que también puede hacer que todo arda.


EN EL CAMINO

Nuestro maltrecho equipaje volvió a amontonarse en la acera; todavía nos quedaba mucho camino. Pero no nos importaba: la carretera es la vida.
JACK KEROUAC

Así que, ya lo sabes, desabrocha
la insinuante cremallera del tiempo
con lentitud de amante ejercitado,
palmo a palmo, sintiendo el hormigueo
prometido de la carne en la carne
y el ardor entusiasta de la espera,
no te importe no hallar nada tras ella.

Julián Rodríguez
en Una extraña ciencia.
Editorial Hiperión.

lunes, 31 de julio de 2017

Josep M. Rodríguez: Dos poemas de Sangre seca

VARIACIÓN STANDFFORD


Conducía a través de un estrecho sendero de montaña.
Noche azul y, de pronto,
me encontré un ciervo
                                      muerto.

Bajé del coche y anduve hacia el cadáver.
La piel suave. El cuerpo, casi rígido.

¿Dónde miran los ojos de los muertos?
¿En qué lugar coinciden sus  miradas?

Lo fui arrastrando hacia el desfiladero.
Antes de despeñarlo,
me fijé en su barriga extrañamente desproporcionada,
que aún estaba caliente.

Y entonces, la palpé:
en su interior un cervatillo
                                            inmóvil,
donde nace la muerte.



JARDÍN

Después de la tormenta,
las hojas que han caído alrededor del árbol
empiezan a pudrirse.

Gotean los rosales:
son un cuadro de Pollock
queriendo deshacerse.

Mi madre me contó
que la primera vez que vi la lluvia
empecé a llorar,
como si por entonces ya entendiera
que en la belleza hay algo doloroso.

Es invierno. Y hay una bruma leve,
fría,
como un velo de novia en la mesa de autopsias.

Dime,
¿qué crees tener que ya no hayas perdido?



Josep M. Rodríguez
en Sangre seca.
Hiperión.

lunes, 2 de enero de 2017

Constantino Molina: Piedra negra

Habéis pactado versos con la luz.
Os iluminan lámparas
de tan manido brillo
como la plata antigua que, bruñida
en las generaciones,
hace de su desgaste su belleza.

Y he aquí esta piedra.
La sola piedra negra.
La que oscura y latente en su contorno,
alejado de un ámbito de luz
que la transforme,
es solo piedra exacta.

Recógela,
canta con ella y guárdala en tu mano.
Que intacto permanezca
el oscuro fulgor de su materia.



Constantino Molina
En Silbando un eco extraño.
Hiperión.

domingo, 8 de mayo de 2016

Antonio Rodríguez Jiménez: Dos poemas

AVES MIGRATORIAS

Ya regresan las aves migratorias.
Vuelven de los helados humedales del norte,
de las estepas rusas.
Pero ellas poco saben
de la estela irisada de los barcos
que blanden la amenaza.
No encontraron inhóspitas las tierras
cercadas por la muerte.
Llegan a esta península intermedia
entre África y Europa
y no verán tampoco las señales
de la degradación. Tan solo siguen
las líneas de la costa,
la masa informe de las cordilleras.
Ellas son libertad y cuando ceden
al fin ante el cansancio
nada se altera; no es de nada símbolo
su cuerpo en la caída
hacia lo mineral, con la pureza
de toda finitud.


El NADADOR

Soy como el nadador que empieza a hundirse
y aún puede ver la luz, la luz en torno
penetrando las aguas que se cierran.
¿Y para qué este aire?
¿Para un último grito imposible?
Inalcanzable luz, palabra muda,
palabra ahogada, muerta en el silencio.

La gravedad lo arrastra lentamente
hacia el fondo vacío, hasta la página
en blanco; y se sumerge
para siempre vencido, para siempre
incompleto, despacio, muy despacio,
como si no estuviera tan lejos de alcanzarla:
la claridad al fin, la transparencia.



Antonio Rodríguez Jiménez
en Los signos del derrumbe.
Poesía Hiperión.

lunes, 25 de enero de 2016

Benjamín Prado: Roto


Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

 Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
-Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

 Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

 Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

 Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
 llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.


Benjamín Prado
en Ecuador.
Poesía Hiperión.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Thomas Hardy: no viene nadie

HACIA arriba y abajo se estremecen las hojas
Y, a través de sus huecos, la luz que se desmaya
Se va difuminando, mientras llega la noche.
Fuera, en la carretera, los hilos del telégrafo
Que van a la ciudad, desde la tierra obscura
Suenan al caminante como una espectral lira
Rozada por la mano de un espectro.

Un coche se aproxima con luces encendidas
Que brillan sobre un árbol:
Es claro que no tiene nada que ver conmigo
Y prosigue ruidoso en mundo sólo suyo,
Pero dejando atrás el aire ennegrecido;
Mudo me quedo solo junto a la puerta, pero
Nadie hasta aquí se acerca.



Thomas Hardy
En Los poemas del novelista.
Traducción de Adolfo Sarabia.
Editorial Hiperión.

miércoles, 11 de junio de 2014

Raquel Lanseros: Plegaria del clarividente



Ayúdame, Señor, quien quiera que tú seas,
espectro, voz en off, deidad doméstica,
incógnita, yo schopenhaueriano,
hálito cuántico del cosmos unitario.

El enigma delante, lo irrecuperable
detrás, entre pareces vacías y selladas.
La muerte es un amante insobornable
que ignora veleidades en lo lúbrico.

¿Hay resguardo allá arriba? ¿Algún atajo?
¿Es posible un lugar donde la idea
anticipe a quien ha de concebirla?


Llévame a contemplar la intensidad.
Y dime que no es tarde.
Cierro el portón, que quede bien cerrado.
No me sirven las cosas.
      Todas me son ajenas.

Sé que voy a marcharme sin bolsillos.



Raquel Lanseros
en Las pequeñas espinas son pequeñas.
XXIX Premio Jaén de Poesía.
Poesía Hiperión.