DORMÍ en el tren que me llevaba
martes, 14 de enero de 2020
Jose Óscar López: Tren de los dormidos
DORMÍ en el tren que me llevaba
viernes, 1 de mayo de 2015
José Óscar López: Schönberg y Bukowski
Un hombre se despierta a cada instante
en un lugar equivocado, pero insiste
en dejar por escrito
(que escribe, que registra,
sin olvidar incluirse a sí mismo
en)
el peso y las dimensiones
de su pequeño mundo:
(apunta
en su cuaderno):
parejas que practican el amor
por pasillos repletos de botellas,
furtivos en las noches
de velos infinitos, de plástico y cortinas,
en ventanas y calles donde gatos
pasean señoriales. Los vigila siempre
la oscuridad y a ella nada se le escapa:
ni el rumor de las fábricas
ni las habitaciones vacías
que aguardan en la mañana
mientras él escuchaba a Schoenberg o algo así.

José Óscar López
en Llegada a las islas.
Baile del sol.
domingo, 3 de febrero de 2008
José Óscar López: Estación Términi
Todos los trenes que parten de esta estación a cada hora y
que no llevan a ninguna parte,
la loca que vende flores y que mea detrás de los andenes
cuando cree que nadie la mira,
la gente que entra y sale a diario de esta ciudad, y que
entra y sale y no dejan nunca de entrar y de salir,
será por eso que la llaman la Ciudad Eterna.
Es inevitable sentirse vivo enfrentados a aquello a lo que
odiamos: los domingos por la tarde en las estaciones.
Pero estamos en Roma y nuestra admiración hacia esta ciudad
siempre sorprendente y caótica, ruidosa, atenúa el odio,
y estamos cansados también, es cierto, y el cansancio, hora
es de confesarlo, atenúa, qué duda cabe, la vida.
Mi amor recuesta su cabecita que es una guirnalda en mi
hombro mullida cesta, mi amor que se muestra esquiva
cuando pretendo darle un beso
y me dice: “Estoy cansada, muy cansada, quiero llegar a
Florencia, quiero llegar ya mismo a casa”.
Es extraño decir Florencia, nuestra casa, pero así será por
algún tiempo, Florencia, agua caliente para ducharnos
juntos, en silencio, y después una cena reparadora
antes de dormir, nuestro hogar, Florencia, extraño,
hermoso,
“Pronto estaremos en casa”, le digo, vuelvo a intentar un
beso que ella esquiva otra vez, y luego me abraza y
es ella quien me besa.
El tren arranca y parece que lleva al fin hacia alguna
parte, Roma quedará de repente atrás por mucho tiempo,
nos vamos a casa
tan cansados
como si todo este caos y todas estas ruinas hubieran tenido
que ver de veras con nosotros.
José Óscar López
en Nuevos dioses
Colección Los Cuadernos Portátiles.