Mostrando entradas con la etiqueta Ediciones Igitur. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ediciones Igitur. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de agosto de 2020

Sharon Olds: Un poema de Satán dice

 LAS MONARCAS


TODA la mañana, mientras sentada 

pienso en ti, pasan las monarcas. A siete pisos de altura, 

a la izquierda del río,  dirigen 

hacia el sur, sus alas el negro rojizo de 

tus manos como manos de carnicero, las erguidas 

venas de sus alas comotus cicatrices. 

Yo apenas pude sentir tus gruesas y ásperas palmas sobre mí, tan leve fue su contacto, 

el suave roce de la mejilla como una pata de insecto 

en mi seno. Nadie me había 

tocado antes. Ni siquiera sabia abrir 

bien las piernas, per sentí tus muslos, 

revestidos de un vello de rojo dorado, 

                                                             abrirse 

como un par de alas 

entre mis piernas,

la marca de mi bisagra desangre en tus muslos

como algo alada fijando allí con un alfiler

y luego saliste, como saldrías

una y otra vez, mientras cantidades de mariposas

pasaban frente a mi ventana, flotando

hacia su metamorfosis en el sur, cruzando

fronteras durante la noche, su difusa nube

color sangre, mi cuerpo bajo el tuyo,

y la belleza y el silencio de las grandes migraciones.


Sharon Olds 

En Satán dice.

Igitur. 

Traducción de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria.

lunes, 15 de octubre de 2018

Sharon Olds: Un dolor que yo no

Cuando mi marido me dejó, hubo un dolor que yo no
sentí, el dolor que siente quien pierde a aquel
a quien ama. No me empujaron
contra la rejilla de una vida oral,
sólo contra la verja, lentamente cerrada,
de la preferencia. A veces los envidiaba
-por lo que yo veía como el sufrimiento honorable
de alguien que ha sido arrojado contra la reja
de hierro. Creo que él llegó, en privado, a
sentir que estaba muriendo, conmigo, y que si
tenía lo que hacía falta para arrancarlo todo con sus
dientes y escapar, entonces podría nacer. Así que él se fue
a otro mundo -este
mundo, donde yo no lo veo ni lo oigo-
y mi tarea es comerme entero el coche
de mi ira, parte a parte, algunas partes
reducidas a polvo de acero. Lo que más me gusta
son los asientos de tela, azul-gris, el primer
coche que compramos juntos, desde hace tiempo
marcado con manchas refregadas -babas,
Lágrimas, helado, ninguna herida, sólo
La mensual sangre del alivio, y el dejarse
ir cuando las aguas rompían.


Sharon Olds
En El salto del ciervo
Versión castellana de Joan Margarit Consarnau y Eduard Lezcano Margarita
Ediciones Igitur.