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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ángel Javier Aguilar Bañón: Tú me sueñas y yo intuyo tu existencia

Tú me sueñas y yo intuyo tu existencia.
Si sientes en tu piel lo que yo siento en la mía,
si es este desvelamiento
de la niebla en el que surge
la realidad en un bajorrelieve
y queda el rocío,
polvo de la obra del artista,
como cuando mi amada y yo acabamos
de hacer el amor y sí,
 ahí está plasmándose
por fin el mundo en la ventana.
Salgo entonces a la ciudad dormida,
es domingo, y atento como nunca
a las señales de lo invisible,
percibo que las sombras se retiran
olorosas, que amanece.
Es el parque un dormitorio
y la escarcha envuelve en celofán
las solitarias hojas.
!Qué densidad en estos vestigios de ternura
que yacen en el suelo, en este frío,
en los frutos de esta noche helada!
Si sientes en tu piel de qué manera el mundo
se dispone para que el día nazca.
Y tú has de sentirlo
porque me sueñas.
Pero ¿te acordarás luego de mí?
¿Sabrás reconocerme en la noche
cuando termina la cercanía
y tú descansas?
Desde tu sueño memorioso
surge una voz potente y sensual
como la piel
sobre la que he paseado y hecho el amor,
y esa música en calma afina un tono:
mi único, mi exclusivo tono,
el que a mí me designa.
En él, en Ti, me reconozco.



Ángel Javier Aguilar Bañón
en El libro del agua.
Diputación de Albacete. Ateneo Albacetense.

jueves, 7 de junio de 2018

Ángel Javier Aguilar Bañón: dos poemas de Maneras de deshacerse

EL OLVIDO DE TI QUE ES TU CUIDADO

Lo que busca la hiedra, tan callada.
La hoguera de las nubes en el cielo.
El agua tenebrosa,
Su maullido al llegar a las orillas
Con los juncos postrados.
El vaivén de los árboles desnudos.
Cuando el amor vacía la mirada,
transparenta tus ojos en el éxtasis
y lo ves. El temblor hueco del fuego,
el invisible frío,
el estremecimiento de la nieve,
allí donde señala la copa del ciprés.
Las hojas desprendidas
dejándose llevar por ventoleras.
Estarse deshaciendo
mientras ves cómo cae
la tarde hacia la nada.
El ulular del viento,
la oquedad que satura la tormenta.
Tus horas bajas, el escalofrío
o ante el espejo, la desposesión,
ese vacío pleno,
Ese desierto al que tanto temes.
El olvido de ti que es tu cuidado.


LOS PÁJAROS SE INCENDIAN
(Puesta de sol en Paterna del Madera)

Huele a hoguera el sol al despedirse
de la cal de la casa que crepita
en el valle, y son brasas de un cielo
consumido las flores del almendro.
Las llamas prenden en las copas
de los pinos. Los pájaros se incendian.
Ya todo en la sazón,
que queda sino arder,
arder en el silencio.


Ángel Javier Aguilar Bañón
En Maneras de deshacerse.
Ediciones QVE