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lunes, 11 de marzo de 2019

Clara Janés: El jinete

Potros salvajes corriendo por la playa entre olas y espumas...Asi es de impetuoso mi deseo, bañado de agua y yo saltando. Por ello me enamora que me cabalgues, y en juego de vaivén yo te acompaño y acaricio tus calcañares, de rodillas en ti, y sobre las tuyas suavemente adelanto mi crin hacia la punta de tus extremidades. Observa la belleza de mi dorso de nácar, mira que ya te robo los dedos de los pies con mis belfos; mira con qué ligereza podemos ir al trote y al galope del amor más desbocado. Y cuida de que ni un solo brinco me separe de tu adorado señorío.


Clara Janés
En Kamasutra para dormir a un espectro.
Síruela. Libros del tiempo.

jueves, 3 de julio de 2014

Jaroslav Seifert: Homenaje a Vladimir Holan



(Vladimir Holan)


Hay momentos en que en nuestro pensamiento
olvidamos incluso a los muertos,
cual si su eterno no ser
fuera sólo un reposar
en tranquilidad suave y sin dolor,
bajo unas flores marchitas.

Pero basta un estremecimiento de placer,
sea cual sea,
y nos aprestamos a regresar
a los problemas cotidianos.

He sobrevivido a todos los poetas
de mi generación...
Todos fueron amigos míos.
El último en morir fue Vladimír Holan.
¿Cómo no iba a sentir zozobra?:
estoy solo.

Jiri Wolker fue el primero,
era joven y tenia prisa.
¡Oh esos desdichados besos
en los labios febriles
de las muchachas tuberculosas
del sanatorio a la orilla del mar...!

Años más tarde muere Jindrich Horejsí.
Era el mayor de nosotros.
Escribía sus versos en el café repleto,
en una mesita redonda,
como un soldado, después de la batalla,
escribe a su amada las cartas
sobre un tambor boca arriba...

Josef Hora fue entre nosotros el único
en tutearse con F. X. Salda.
Entrad en su jardín
cuando empiecen a florecer los árboles injertados.
Sus impresionantes flores desprenden al sol perfume
de almendras amargas.

Frantisek Halas, compañero amado,
no nos dijo adiós siquiera.
Deseaba que sus verso graznaran
a los oídos de la gente,
pero, a veces, no lo conseguía
y cantaba.

Con un gesto brusco se marchó de repente
Konstantin Biebl.
Añoraba la ternura de las muchachas hawayanas
que son como flores vivas
y andan silenciosamente de puntillas.

Vitézlav Nezval renegaba de la muerte
y ella se vengó.
Cuando murió inesperadamente en Pascua,
como él mismo había predicho,
se partió una de las ramas fuertes
del árbol de la poesía.

En la muerte aún no había ni pensado
Frantisek Hrubín.
Al principio no sospechaba yo dónde había descubierto
las melodías de sus versos,
pero él escuchaba solamente la risa del agua
en el dique del Sázava.

Hola tardó en morir.
El teléfono frecuentemente se me caía de la mano.
En esa maldita jaula que es Bohemia,
tiraba con desprecio sus poemas
como trozos de carne ensangrentada.
Pero los pájaros tenían miedo.

La muerte quería su sumisión
mas él la sumisión no conocía
y hasta el último momento
luchó furiosamente con la muerte.

El ángel que levantaba sus brazos
cuando se desvanecía,
estaba sentado al borde de su cama
y lloraba.




Jaroslav Seifert
en Breve antología.
Traducción de Clara Janés.
Odiciones Orbis. Colección Premio Nobel.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Huellas en la nieve

Unos escolares
han puesto el oído
en los raíles abandonados



Huella de un transeúnte sobre la nieve
¿Algún trabajo lo ha requerido?
¿Volverá?
¿Por este mismo camino?




La esfera del pan
dividida
entre cinco niños hambrientos

Una mujer va a dar a luz



La luz de la luna
deshiela
el fino hielo del viejo río


Abbas Kiarostami
en Compañero del viento.
Ediciones del oriente y del mediterráneo.
Traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí.

viernes, 18 de junio de 2010

Kampa


Desde aquella mañana
estoy corriendo
camino de Praga.
Se me caen los días de las manos,
me resbala la vida,
y siento
que el universo
recoge para mí sus estaciones,
el viento del otoño,
las nieves y los fríos del invierno
doblados como sábanas
en el armario oscuro
del devenir.
Busco en mi propia imagen la belleza de antaño,
y voy tirando al paso
los gestos que no tienen
la pura transparencia de la flor del almendro.
Deshilo los ropajes que me esconden,
me deshago del lastre de mi cuerpo.
Quiero llegar desnuda,
para que nada entorpezca nuestro encuentro.
Vacía de mí misma,
para acoger todo tu sufrimiento.

Y me viene todo el llanto
a los ojos
al pensar en tu puerta
cerrada de tres vueltas.

Clara Janés
en Poesía erótica y amorosa.
Vaso Roto Poesía.