martes, 21 de junio de 2022

Ana Pérez Cañamares: He superado depresiones

 He superado depresiones

dolorosos desamores 

lutos inesperados 

vacíos existenciales. 


De todo ello me sacó 

el aburrimiento. 

Aburrida de estar triste 

me forcé a pasar de etapa.


Por eso temen tanto 

nuestro aburrimiento 

los que nos mantienen 

entretenidos.


A la revolución por el hartazgo.



Ana Pérez Cañamares

en Las sumas y los restos.

Ya lo dijo casimiro parker.

martes, 22 de marzo de 2022

Yannis Ritsos: Fragmento de Helena

 Yo, tú lo sabes, aún conservaba mi antigua belleza

como por milagro (pero también con tintes y yerbas y pomadas,

como zumo de limón y agua de pepino). Me estremecía sólo de ver en ellos

el paso de mis propios años. Contraía entonces los músculos del abdomen,

contraía también mis mejillas en una sonrisa fingida,

como

si asegurara con una delgada viga dos muros que se van a derrumbar.


Así cercada, tensa, contraída -qué cansancio, Dios mío-

siempre contraída (aun durante el sueño) como metida

en una armadura gélida o en un armazón de madera que me ceñía el cuerpo entero, como dentro

de un caballo de Troya mío, engañoso, estrecho, conociendo de antemano

lo inútil del engaño y también de la ilusión, lo inútil de la fama,

lo inútil y lo transitorio de las victorias, todas.

                                                                          Hace unos meses,

con la pérdida de mi marido, (¿meses serán o años?) abandoné para siempre

mi caballo de Troya abajo en el establo, al lado de los viejos equinos suyos,

para que las arañas y los escorpiones pasearan por sus entrañas. Ya no me tiño el pelo.




Yannis Ritsos

en Helena.

Traducción de Selma Ancira.

Acantilado.

viernes, 4 de marzo de 2022

Ana Luisa Amaral

 ¿Te acuerdas que decías la vida es una fila?

Eras pequeña y el cabello más claro,

pero iguales los ojos. En la metáfora dada

por la infancia, preguntabas del espanto

de la muerte y del nacer, y a quién se seguía,

y por qué se seguía, o de la total ausencia

de razón en esa cadena en sueño de ovillo.

¿Te acuerdas cuando decías que la vida era una fila?

Eras pequeña y el cabello más claro,

pero los ojos iguales. En la metáfora que da

la infancia, preguntabas dele espanto

de la muerte y del nacer, y a quién se seguía

y por qué se seguía, y de la total ausencia

de razón en esa cadena en sueño de ovillo.


Hoy, en esta noche tan caliente brotando

en junio, tu cabello claro más oscuro,

quería contarte que la vida es también eso:

una fila en el espacio, una fila en el tiempo,

y que tu tiempo seguirá al mío.

En un estilo del que gustaba, el de un hombre

que un día recordó a Goya en una carta a sus

hijos, quería decirte que la vida es también

eso: un esxopwta a veces cargada

(como decía una mujer sola, pero

grande como un jardín). Enseñarte natillas, 

dejarte

testamentos, hablarte de tazones – es siempre

mirarte amor-. Pero es también amotinarte

ante   la vida, atrincherarte, y a mí, en fila

discontinua

de mentiras, en cariño de verso.

Y yo quería hablarte de los nexos de la vida,

de quién la habita para más allá del aire.

Y que el respeto entero e infinito

no necesita venir después del amor.

Ni antes. Que las filas solo  son útiles

como formas de mirar, maneras de ordenar

nuestro espanto, pero que es posible puntos

paralelos, espejos y no ventanas.

Y que todo está bien y es bueno: fila u

ovillo, dos cabezas en un cuerpo solo,

o un dragón sin fuego, o unicornio

amenazando con llamas muy vivas.

Como el cabello claro que tenías entonces

se volvió castaño, incluso claro,

y la metáfora hecha por la infancia

se reveló tan buena en el poema. Se revela

tan útil para hablar de la vida, esa que,

sin tazones, intactos o partidos, continúa

siendo buena, incluso en disonancia de ovillo.

No sé qué te diría en un futuro más próximo,

si quien así habita los espacios de las vidas

tiene ojos de gigante o cuernos monstruosos.

Porque te amo, te querría un antídoto

igual, a elegir,  que te hiciese grande

de repente, volando, como hada, sobre la fila.

Pero al amarte, no puedo hacer eso,

y en esta noche caliente desgarrando junio,

quiero hablarte de la fila y del ovillo

y de todas las diversas formas de amar,

pero hechas de pequeños sonidos de espanto,

si lo justo y lo humano ahí se abrazan.


La vida, hija mía, puede venir

de otra metáfora: una lengua de fuego;

una camisa blanca del color de la pesadilla.

Pero también ese bulbo que me diste,

y que ahora floreció, pasado un año.

Porque tuvo tierra, un poco de agua

y una terraza para liberarlo de pasos.




Ana Luisa Amaral

En Sombras de porcelana brava. Diecisiete poetas portuguesas.

Edición y traducción de Vicente Araguas.

Vaso Roto Poesía.

Ana Blandiana: Tres poemas de Variaciones sobre un tema dado

Sabía que solo era un traje,

Pero se me olvidó.

Y justo cuando decidiste

Quitártelo

Me acordé temerosa

Y enseguida me pregunté:

《¿Por qué temerosa?

Es tan solo un traje

Incluso si durante tantos años

El mundo creía que eras tú》.

Ahora, en fin, ya no hay confusión posible.

Estaba ahí tirado, arrugado,

Ajado de tanto llevarlo puesto, desgastado,

Sin nada que ver contigo,

Ajeno, bajo las flores,

Se me olvidó mirarlo,

sentía cómo tu incansable mirada

Lo contenía, junto a todos nosotros,

Sin ningún interés ya para ti.

No te veía porque, como en la novela de Wells,

Solo el traje te hacía visible

Y únicamente la nieve

Que te caía en los hombros y en el pelo

Delataba tu presencia,

Pero dentro de la iglesia no nevaba.

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Se nos morían los padres, los abuelos,

Se nos morían los amigos,

Nosotros éramos espectadores.

Era algo que les sucedía

Siempre a los demás

Y no teníamos tanta imaginación como para

ponernos en su lugar

Ni siquiera en broma.

En realidad, no la tuvimos

Ni cuando nos sucedió a nosotros,

Ni tú, ni yo

Nos lo creíamos

Y esperamos juntos a que sucediera.

O, tal vez,

Solo yo esperaba.

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 Nos encontramos como en una pompa de jabón

Que, de vez en cuando, consigo

Crear,

Brillante, transparente,

Con nosotros dos dentro,

Bellos y felices,

Conscientes

De que todo dura solo unos segundos.

No obstante, todo es tan milagroso,

Y quién sabe si ahí dentro

Un segundo

No dura

Miles de años.



Ana Blandiana

En Variaciones sobre un tema dado.

Traducción de Viorica Patea y Natalia Carbajosa 

Visor poesía.

jueves, 13 de enero de 2022

Miren Agur Meabe: De molieribus claris

 Chupas la punta del pincel Ende, para afilarlo. En tu saliva hay un regusto a leche de cabra. Desenrollas el pergamino.

Hace frío en el scrptorium. Desde el ventanuco con arco de la herradura se ve el valle. La nueve se funde en la sierra. El arroyo corre caudaloso.

Colores vivos. Figuras enjutas. Ornamentación geométrica heredada de los mozárabes.

Usas minio; de ahí la denominación de tus dibujos.

¿Nunca ingieres ese plomo rojizo que traen molido desde las minas al monasterio? ¿Te enjuagas las manos después de usarlo?


Boccaccio  no sabía de ti: no te menciona en De mulieribus claris. Timarete sí que consta en dicho muestrario de hembras ágiles -virtuosas y/o deshonestas-, entre otras ciento cinco lustrosas. Cristina de Pizán intuyó algo más tarde La ciudad de las damas.

Amelia Maggia, Grace Fryer y las demás, también vosotras chispabais pinceles.


No erais artistas, ni espíritus, aunque en el salón de baile emanase fosforescencia de vuestros vestidos.

¿Qué empleabais para colorear los relojes de la U.S. Radium Corporation?

A veces sustraíais una pizca para maquillaros, sin saber que los químicos, arriba, se protegían con guantes y mascarilla.

Cuando afloraron los tumores, la empresa sugirió algo sobre la sífilis, como si la plantilla estuviese repleta de casquivanas.

Invertisteis las indemnizaciones en vuestros ataúdes.


Toda biografía emite un átomo de luz.





Miren Agur Meabe

en Cómo guardar ceniza en el pecho.

Bartleby Editores.


domingo, 26 de diciembre de 2021

Karmelo C. Iribarren: Un gorrión

 Ninguna duda al respecto, 

de ser un pájaro sería un gorrión.


No tener que resultar interesante 

supondría para mí una gran ventaja; 

más o menos, seguiría siendo 

el que soy: un tiempo que va a su aire.


Por la mañana y por la tarde, 

desde las ramas de os árboles del río

-como ahora desde los bancos 

de las plazas-, vería pasar a la gente 

que cree que va a alguna parte.

                                                   Y en el caso

de que me aburriese su optimismo

-lo que no sería de extrañar-

podría darme unos garbeos por ahí, 

por las zonas más alejadas de la ciudad, 

para observar a vista de pájaro

-haciendo uso de mi nueva condición- 

algún lugar que pudiera interesarme.


Y, por supuesto, en cuanto saliese el solo

me acercaría a las terrazas de los bares.




Karmelo C. Iribarren

En El escenario.

Colección Visor de Poesía.

Ángeles Carnacea Un poema de por aquí pasó un rio

 Huída al bosque, la hija

se alimentaba de animales silvestres. 

Duerme, bebe.

Respira como un pez.

Separa los lab iOS. Baila en círculos.

Cansadas las piernas, reposa.

Anhela temas sutiles, sensatos.

Un más allá del universo negro.

No ser árbol 

Ni permanecer.

Escondites, Pilar Adón.


hubo un tiempo

                    tuve una casa

                              y fuimos familia




Ángeles Carnacea

En Por aquí pasó un río.

Raspabook poesía.