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viernes, 28 de junio de 2024

Alberto Caride: 40

 A CIERTA edad, lo valioso no es

tanto el qué de las cosas,

no es el tacto de la cama recién

deshecha, el brillo de lo que puede verse

con los ojos cerrados, ni siquiera

la ficción de los triunfos pasajeros.


A cierta edad, lo importante,

es la sinestesia, aquello que incita

a seguir el rastro: ver con las yemas

de los dedos, reconocerte en el sonido

de otro cuerpo o que el olor de las cosas

sea intertextualidad y no verso.



Alberto Caride

en El síndrome de Guillain-Barré.

Colección Sudeste.

sábado, 22 de junio de 2024

Domingo Llor: varios poemas de Morada de raíz, aliento de sueño.

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu, pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

-Friedrich Nietzsche-


SUAVIZANTE


Asomado a un ojo de buey ves tu ropa girar.

Sus colores envueltos

en los remolinos de ese mar espumoso

que sostiene tormentas y calmas

programadas para borrar

nuestras lacras más superficiales:


Vestigios de sudor que impregnan aquella piel

con que afrontamos el desafío

de ser aceptados por el resto de la tribu,

o el coraje necesario

para remar contracorriente.





EL VAPOR DE LOS SUEÑOS


La cafetera ruge

como un tren a punto de descarriar.


El expreso de media noche

ceba el umbral de los sueños

con el vapor de su esencia.


Tumbado entre los raíles de un cambio de agujas

sientes crecer un temblor:

La vida, implacable,

te pasa por encima.




Para llegar a ser lo que soy, una cosa casi no visible,

He necesitado mucho, mucho más que el universo.

-Antonio Porchia-


ESTRELLA FUGAZ


Lejana luz 

que surcas, tan rápido, 

entre la frialdad 

y la caricia.


Nada te pido, 

solo que respondas, 

antes de extinguirte, 

con tu aliento de sueño.



Domingo Llor

en Morada de raíz, aliento de sueño.

La nube de piedra/Poesía


domingo, 16 de junio de 2024

Alberto Chessa: V (En el Libro del viaje nocturno, Ibn Arabí)

 En el Libro del viaje nocturno, Ibn Arabí

sugiere que la Tierra es un esbozo

de algo futuro, algo que aún está por llegar.


Así de extraño es el amor también:

solamente sonándose a sí mismo

acaba por cobrar verdaderamente apariencia.

El sueño del amor es su verdad.


Mi amor, te hablo a ti ahora: entra en la tierra.

adentro está la casa. Ayúdame

a distinguir raíces de cimientos,

los surcos de las grietas, el riego de la sangre.

Rodemos hacia arriba,

perdámonos en el ascenso:

hierbas que crecen tierra afuera,

anémonas de luz en el relámpago.


En tus manos el cielo queda cerca,

promesa de otro cielo ya sin sombra,

abanico de luna. En tu secreto

crecen las flores

como crecen tus manos, más y más:

hasta alcanzar la altura de un planeta,

hasta el amanecer de un orbe

ni siquiera soñado todavía.


Hoy te llamas amor. Tu voz gatea

por las montañas, abre

rutas al aire para que se filtre la luz.

Trabajemos la tierra desde el aire,

desde las alas, desde el vuelo,

con la sabiduría que da el haber amado.

Al fin llegó la hora, nuestra hora,

y es la hora de vivir todo en plural:

las semillas, los frutos, las cosechas.


Escucho en ti la música del agua.

Soy de ti, formo parte de tu arcilla.

No dejes de venir, hay tarea pendiente.

Hemos de completar el cielo de otra Tierra





Alberto Chema

en Palabras para luego.

Colección Signos de Huerta y Fierro editores.


martes, 4 de junio de 2024

Vega Cerezo: Las flores de Birkenau

 Conservo sobre mi escritorio el portarretratos

donde prensé las florecillas blancas

que crecían --luminosas-- en el verano del dos mil diez

a la entrada de un barracón en el campo de exterminio de Birkenau.


Sólo la Naturaleza tiene la audacia de inventar la belleza

en lugares imposibles.




Vega Cerezo

en Los primeros fríos.

Editorial Páramo.

sábado, 3 de febrero de 2024

Vicente Velasco: Fuera de horario

 Cierroblas puertas de la librería

y dejo afuera el mármol de la existencia.

Escucho entonces cómo laten vuestras voces

desde las estanterías, el drama

de vuestro silencio perpetuo,

El papel  distante que pocos

reconocen al tacto, el hijo que une

vuestra encuadernación a mi destino.


Apago la luz. Descanso los ojos

y huelo el aroma de la belleza.




Vicente Velasco

en Los acantilados lunares sobre el hombre.

Kaspar hauser press.

miércoles, 17 de enero de 2024

Diego Sánchez Aguilar: Nuestras vidas son los ríos

 Si fuera yo Manrique,

podría con tu muerte hacer un monumento,

una magnífica catedral de piedra

plantada sobre el tiempo de los hombres

para que fuera eterna tu memoria.


Si fuera yo Manrique, aprendería

de tu muerte las grandes lecciones de la vida;

y no me quedaría aquí callado,

viendo contigo el último partido

que perdió otra vez, el Cartagena.


Si yo tuviera el genio de Manrique

y el don de la poesía

diría que tu vida es un río

que ya está llegando al mar.


Nuestra mar azul del Mediterráneo,

donde un día tus manos elevaron

el cuerpo de aquel niño que no sabía nadar,

y unca el sol brilló más alto sobre el cielo.




Diego Sánchez Aguilar

en El nudo.

Eolas ediciones.

lunes, 15 de enero de 2024

Vicente Cervera: Un fogonazo

 UN cauce atraviesas y, al instante,

surge de tu alma un manantial de encantos

y evocaciones, cuyo brillo rompe

un soplo, un fogonazo, un sonido

estridente y disparejo. A su envite

cruzas de nuevo la contraria orilla

donde esperan la duda, el tormentoso

no saber, la inquina paraca del ánimo

altanero, la despreciable sombra

del radiante y alado hijo del sol.




Vicente Cervera Salinas

en El sueño de leteo.

Editorial Renacimiento,

domingo, 29 de octubre de 2023

José Daniel Espejo: Mi familia fantasma y mi...

 Mi familia fantasma y mi

familia de carne ejercen su custodia

sobre mí / ya que no se hablan 

pero nada ha cambiado: en la casa

de los muertos mi hijo me sigue

llamando a gritos mi madre cose

y mi mujer me mira sonriendo con cara

de de dónde has salido tú / solo reina

un incómodo silencio cuando hablo de aquellos /

de los vivos / me recuerdan mi apellido

-solo uno- y me demandan

que tengo que llamarlos más / pero tal vez

es peor lo de los otros, los de carne:

nunca nombran a los muertos ante mí

imponen su nevada sobre tierra baldía

abren mucho los ojos si insisto en mencionarlos

me confinan al presente como a un loco

para ponerme de su lado para siempre /

está claro que todos me quieren /

simplemente no quieren que me ausente

porque son incapaces de acompañarme /

en la casa de los muertos hay juguetes

con los que nadie juega ya y es verdad que nadie

juega ya




José Daniel Espejo

en Perro fantasma.

Candaya.

viernes, 27 de octubre de 2023

Mª Carmen Ruiz Guerrero: LAS SILLAS NOS RECIBÍAN COMO


LAS SILLAS NOS RECIBÍAN COMO

soldados en guardia, rojas y en silencio

a ambos lados del pasillo.

La guardia real, vestida de gala.

 Sillas donde no envejecer ni mecer 

a los nietos. Hablaban del pasado, 

de lo que no se tuvo, 

de lo que se echó en falta, 

del miedo a regresar y perderlo todo.

Nunca del calor, de las palabras pronunciadas 

ni de la emoción de ser vagón 

en un tren de juegos infantiles.

Prohibido acercase, prohibido moverlas.

Las sillas de la abuela habían nacido de espaldas.



Mª Carmen Ruiz Guerrero

en Brocal y voraz.

La Garúa. 

jueves, 12 de octubre de 2023

Cristina Morano: Mis padres y mis madres

 Cuando mis madres fregaban 

las cucharas después de las comidas 

tenían los dedos llagados por el frío.

Cuando mis padres se vestían 

para salir a trabajar de madrugada 

tenían las manos y la garganta 

llagadas por el frío.

Preguntaban porqué 

la división de la desgracia 

si tan idéntica la herida.


Yo quise decidir mis propias llagas 

futuras y elegir por cuál de ellos: 

por el trabajo duro en los oficios, 

por el duro trabajo de las casas.


Mis padres y mis padres soy 

desde entonces sin tregua.

Las manos destruidas del trabajo 

me las rompo también en las labores 

internas del cuidado.

Y si merezco un lecho, es heredad 

de unas y de otros, soledades 

comunes de mi clase.




Cristina Morano

En En tanto que mujeres.

Editorial la imprenta.

martes, 15 de agosto de 2023

Laura Sam: Cuarto. Mi suerte es un árbol. Me lleno me lleno de olvido las manos. Para ti el tesoro, para mí la tierra. Quebranta quebranta quebranta

 Vamos 

poco a poco hasta la nada.

Vamos libres de memoria

poco a poco.


Vamos a partir en mil la estrella

 a ser noche sin clamor

rayo que no cesa.


Vamos.

con rostros de niños sin nombre

con la cara de una madre entre los labios

vamos

mas ti can do.

Izando la bandera negra de la fábula

de brazos en cruz y paloma blanca

de factura de luz

plato frío

poco a poco hasta l a nada

vamos todos.


Pregúntate cómo

transita la soledad las líneas azules de tu mano

y esconde entre el rubor de los andenes

tu abandono de cortinas   de sílice  trabajo

ojeras llenas de te amo

¿sabes?

de tanto que amo

derramo al tocarme un licor de amapola

aúllo animales bestiales

camino

caníbal de los campos

buscando el hogar de la astilla en la mano

el sol de las tres de la tarde

de tanto que amo 

me borra      te borra

nos come la luz que no celebraste esa tarde amarilla

¿te acuerdas?

nos vive la noche dormidos de -nunca en la vida-

te odio    de tanto que amo

derramo al tocarme un licor de amapola


enloquezco de odiar lo imposible

mientras todo hablan y sienten

sienten y viven

viven y mienten

mienten y

convencen.


Entrego mi última orilla a quien sabe

que de pájaro a cadena basta una idea

que de cadena a rayo un signo

un viento cruel golpeando las aguas

un impulso violento

un saberse de bruces contra una

humana contra una

son máquina    sin tierra

sin ser

sin ser

sin ser

somos alondra en la cima del árbol más solo

quebranta

quebranta

quegranta

 y en las partes más humildes

busca el átomo del tiempo

quebranta relojes y templos

     creencias    opiniones    distancias    rutinas

quebranta hasta el fin y retoma el camino

despeja el otoño de hojas de bronce y deja

que el frío nos lleve al principio

nos lleve al estatus de inmóvil caricia

hierático impulsa de vida.

Respira

cuando cerca de ti solo queden cenizas

cuando todo esté gris de cansancio y pidan

descenso las nubes

la tierra raíz y el aire silencio

respira y quebranta el aguante

el intento    la guerra   lo políticamente correcto

quémalo todo y sé

vigía de blanca silueta y estigmas de coral

de mala educación

abrazo digital    bolsas de la compra    caras de metro

suspiro de ascensor

papel

fotocopia

papel

fotocopia

 papel

-firme aquí-

recuerda

apunta

dispara si puedes

resiste si entiendes

que solo merece la pena    si sabes

que solo merece la pena.


Que el cuervo de verdes alcances

volaba porque no discutió con nadie sus alas y ahora

ahora planea paisajes de un negro distinto

más plomo y marfil que otras veces

vuelve

esperpento de los cielos


semilla del alba imagina que posa su garra en la trampa

y no se doblega al suicidio    al sistema    mecánica

inversa

la samgre circucla en el sentido contrario de las agujas de tu alma

la garra apresa la farsa y no se somete 

no se reconoce en vosotras ni en vosotros

no confía en nosotras

el pájaro ciego remonta la briza y así

así sobrevive entre ciudades

ríos y montañas

desiertos y campos 

siembras y sed

y cuando mira al cielo

reconoce lo que nunca alcanzará

así sobrevive sobre a lo humano

el ave que quiso llevarnos con ella

que quiso entender el lenguaje primero

que quiso alejarnos del ojo divino

del velo hechicero que ondea el futuro

que quiso    y no pudo

así sobrevive


quebranta    quebranta    y espera.



Laura Sam

en Incendiaria.

Arrebato libros.

José Alcaraz: Clase vacía

No hay nada más en paz que una clase vacía
al poco de marcharse los alumnos.
No es cosa del silencio: aún algunas voces
suenan por los pasillos, un murmullo
de caracolas huecas te rodea. Más bien,
se trata de tibieza, un calor laborioso
subiendo a tu saliva. Las mesas, en penumbra;
tus ojos, en papeles muy usados.
Levantas la mirada, casi ausente,
perdida en la pared. La pizarra, detrás
es una masa oscura que te absorbe
cuando nada parece de verdad. Pero el aula,
entonces, sigue ahí. Y tú, en ella.
Y en ti, su paz, al poco de marcharte.



José Alcaraz
en Las demoras
La veleta.
Granada 2023.

domingo, 19 de marzo de 2023

Lola Tórtola: De Perséfone

 Sí comí,

y era dulce y roja y fresca.

Sí comí, Deméter madre,

donde espumoso el mar.


Aún sangra entre los labios

el grano de la granada y es

ahora el tinte que mancha

el suelo de esta casa.


Desde entonces

como una hoja de sílice la tierra nos corta,

brutal y verano en que el solo caza.


De entre las rocas llegó un dios

y yo comí de su boca.


Lola Tórtola 

en Los dioses destruidos.

Colección Adonáis. Rialp.



https://twitter.com/i/status/1637023191628492800


domingo, 12 de febrero de 2023

Fulgencio Antonio López Agüera : Catulo, a propósito

 No temas que el deseo en ti despierte

recelo, desazón, melancolía:

amémonos sin miedo, Lesbia mía,

y juntos, desafiemos a la muerte.


Yo soy de los que creen que la suerte

sonríe a quienes tienen la osadía

de amar con diurnidad y alevosía,

pues lo que no nos mata nos pervierte.


Perdamos los modales y el respeto,

bebamos, rodeémonos de flores

sin miedo a sucumbir a los excesos


y lejos de envidiosos y aojadores,

escapemos sin rumbo y en secreto

muramos coronándonos de besos.




Fulgencio Antonio López Agüera

en Del tiempo y su miseria.

Pre-textos. Premio Villa de Cox

domingo, 4 de septiembre de 2022

Luis Escavy: Dos mundos

 Me sorprenden los restos del poema.

Sin que hubiera previsto

la materia que creo cuando escribo

dos mundos se suceden en la página.


A un lado los poemas

que traducen la vida

o la hacen mejor de lo que fue.

Al otro lo que soy, mis borradores,

mi nada, mi equipaje,

ese mundo que amo y que traiciono.




Luis Escavy

en Otra noche en el mundo.

Sonámbulos.

martes, 23 de agosto de 2022

Andrés María García Cuevas: Luces urbanas

A Adela


DESDE nuestra azotea la ciudad

se ve tan reducida como un mapa:

con un dedo delante de nosotros

tapamos una calle, un edificio;

con una mano, un vecindario entero.

Tendidos en el borde, la caída

de mas de quince pisos nos parece

un aljibe de luz donde, cansados,

dejamos nuestros brazos suspendidos

después de señalar luces urbanas.

Se aleja una ambulancia y su sirena

es la mejor metáfora posible

para esta noche nuestra,

cada vez más distinta y más distante.




Andrés María García Cuevas

en Las ciudades.

Rialp. Adonáis.

lunes, 11 de julio de 2022

Juan de Dios García: Dos poemas de Canto fenicio

Generación del 75


Mi padre empezó el año entrando en mi madre con descuido. Cuando llegó el otoño, lo reclutaron para la Guerra del Sáhara y en las escalerillas del avión lloró por primera vez ante su esposa embarazada.

Frranco murió y David Bowie dedicó un disco a los jóvenes americanos. Dos décadas después creí que la literatura era fumar hierba y beber cerveza en un piso de estudiantes, leyendo en voz alta un libro de Kavafis y sonando de fondo el órgano de Ray Manzarek.

En una de esas fiestas a alguien se le ocurrió preguntar si estaríamos dispuestos a aniquilar todas las religiones del mundo. El sí colectivo fue apoteósico. Tocaba decidir cuál iba a ser el orden de ejecución. Había dudas entre si la segunda debía ser el islam, el judaísmo o el cristianismo, pero la primera la teníamos todos muy clara.

Estábamos hechos de velocidad, pero eso no era la literatura.

No puede uno elevarse sin ensuciarse las manos, por eso hoy solo tengo una tormenta y un paraguas agujereado, por eso nunca he escrito un poema sobre mi madre. ¿No lo estoy haciendo siempre? Me estremece aún ese niño asustado, buscándola, perdido entre la multitud del mercadillo de los miércoles.



Introversión

 Cada vez más oriental. Mi oficina es un lago interior. Me siento a escribir delante del ordenador totalmente desnudo.

Mientras al mundo le crece el cabello, yo solo persigo un trozo de eternidad congelado en el pecho. El truco está en que parezca que todo sucede por primera vez y que las olas te siguen dejando en el mismo lugar: siempre hacia arriba, como el humo y el poder.

Qué difícil se hace regresar de la libertad. Qué sencillo morir en ella. Qué poco importa el blablablá de los enamorados del éxito, con vocabulario napolitano y una nariz de pico de ave.

Dejé de amar para dejar amar.

La jaula está abierta y vacía. Puedo ya descansar.

Cuelgo la piel sobre el tejado, el levante la perfuma.

Me estoy transformando en un proverbio chino.



Juan de Dios García

en Canto fenicio.

Chamán ediciones.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Ángeles Carnacea Un poema de por aquí pasó un rio

 Huída al bosque, la hija

se alimentaba de animales silvestres. 

Duerme, bebe.

Respira como un pez.

Separa los lab iOS. Baila en círculos.

Cansadas las piernas, reposa.

Anhela temas sutiles, sensatos.

Un más allá del universo negro.

No ser árbol 

Ni permanecer.

Escondites, Pilar Adón.


hubo un tiempo

                    tuve una casa

                              y fuimos familia




Ángeles Carnacea

En Por aquí pasó un río.

Raspabook poesía.



viernes, 23 de julio de 2021

Alberto Chessa: Poemas de Anatomía de una sombra

YO SÉ MUY POCO, Y DE LA VIDA CASI NADA.

A la fuerza he aprendido dos cosas de la muerte.


Pero sé que uno es nadie si no ama en otros ojos.


Hoy he visto a mis hijas jugando con su sombra

y poblando la tierra de todos sus reflejos


***


CUERPO DE VÍA LÁCTEA, CUERPONIEVE,

tiburón blanco, hambriento, en duermevela,

cuerpollama que tizna antes del tacto,

silueta de orbe, esfera tú armilar,

cuerpo anda ares, agua ya, aguacuerpo


***


COMO ESCAMAS DE UNA SERPIENTE

los desiertos jamás están parados


***


 RECUERDOS LEONADOS, NERVADURAS

Que crecen piel afuera. Hablamos desde el polvo.


¿Cuántos nosotros son posibles todavía?


Hoy somos parteluz

que fractura el silencio en dos silencios.


Como el amor, un cuerpo siempre está inacabado.

Como el amor, la sombra no conoce fronteras.




Alberto Chessa

En Anatomía de una sombra.

UMU. Editum.

Premio Dionisia García.

domingo, 4 de abril de 2021

Inma Pelegrín: Plantones

 He visto que las cosas

Cuando buscan su centro

Encuentran su vacío.

Federico García Lorca


El otoño pasado 

quedaron olvidadas 

unas pocas castañas en el cesto.

Brotaron como brotan 

las cosas, porque sí. 

Plantarlas fue tan fácil 

como enterrar su carne, 

su voluntad redonda de semilla.

No servirá de nada -nos dijimos-.

Una de ellas creció. Sus cinco vástagos 

desafían ahora esas palabras.

No servirá de nada -volvimos a decir-, 

pues si sobreviviese a este verano, 

habrán de llegar otros 

con otros vientos, otras sequedades 

con las que derrotarla.


La planta continúa indiferente 

a nuestras opiniones.

Supongamos que estamos confundidos 

y que nuestro hipotético ejemplar, 

con su sombra hipotética alargándose 

más allá de la mano que lo injerta, 

contra todo pronóstico, 

alcanzase a cumplir 

mil quinientos inviernos.

(La cifra habitual en estos casos).

Tampoco servirá de nada porque alguien, algún día,

Ver

A su tronco hueco

Y sentirá piedad

Por el castaño inerte y por sí mismo.

Si supiéramos algo de la vida,

Si tuviéramos la menor idea,

Aquí, junto a este tiesto 

De barro desconchado

En el que crece un árbol diminuto,

Al abrigo del porche,

Camino de Marchena,

Buzón número tres,

Estaría el lugar más conveniente

Para quedar callados.




Inmaculada Pelegrín

En Todas direcciones.

Hiperión.