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domingo, 16 de junio de 2024

Alberto Chessa: V (En el Libro del viaje nocturno, Ibn Arabí)

 En el Libro del viaje nocturno, Ibn Arabí

sugiere que la Tierra es un esbozo

de algo futuro, algo que aún está por llegar.


Así de extraño es el amor también:

solamente sonándose a sí mismo

acaba por cobrar verdaderamente apariencia.

El sueño del amor es su verdad.


Mi amor, te hablo a ti ahora: entra en la tierra.

adentro está la casa. Ayúdame

a distinguir raíces de cimientos,

los surcos de las grietas, el riego de la sangre.

Rodemos hacia arriba,

perdámonos en el ascenso:

hierbas que crecen tierra afuera,

anémonas de luz en el relámpago.


En tus manos el cielo queda cerca,

promesa de otro cielo ya sin sombra,

abanico de luna. En tu secreto

crecen las flores

como crecen tus manos, más y más:

hasta alcanzar la altura de un planeta,

hasta el amanecer de un orbe

ni siquiera soñado todavía.


Hoy te llamas amor. Tu voz gatea

por las montañas, abre

rutas al aire para que se filtre la luz.

Trabajemos la tierra desde el aire,

desde las alas, desde el vuelo,

con la sabiduría que da el haber amado.

Al fin llegó la hora, nuestra hora,

y es la hora de vivir todo en plural:

las semillas, los frutos, las cosechas.


Escucho en ti la música del agua.

Soy de ti, formo parte de tu arcilla.

No dejes de venir, hay tarea pendiente.

Hemos de completar el cielo de otra Tierra





Alberto Chema

en Palabras para luego.

Colección Signos de Huerta y Fierro editores.


sábado, 3 de febrero de 2024

Vicente Velasco: Fuera de horario

 Cierroblas puertas de la librería

y dejo afuera el mármol de la existencia.

Escucho entonces cómo laten vuestras voces

desde las estanterías, el drama

de vuestro silencio perpetuo,

El papel  distante que pocos

reconocen al tacto, el hijo que une

vuestra encuadernación a mi destino.


Apago la luz. Descanso los ojos

y huelo el aroma de la belleza.




Vicente Velasco

en Los acantilados lunares sobre el hombre.

Kaspar hauser press.

miércoles, 17 de enero de 2024

Diego Sánchez Aguilar: Nuestras vidas son los ríos

 Si fuera yo Manrique,

podría con tu muerte hacer un monumento,

una magnífica catedral de piedra

plantada sobre el tiempo de los hombres

para que fuera eterna tu memoria.


Si fuera yo Manrique, aprendería

de tu muerte las grandes lecciones de la vida;

y no me quedaría aquí callado,

viendo contigo el último partido

que perdió otra vez, el Cartagena.


Si yo tuviera el genio de Manrique

y el don de la poesía

diría que tu vida es un río

que ya está llegando al mar.


Nuestra mar azul del Mediterráneo,

donde un día tus manos elevaron

el cuerpo de aquel niño que no sabía nadar,

y unca el sol brilló más alto sobre el cielo.




Diego Sánchez Aguilar

en El nudo.

Eolas ediciones.

domingo, 29 de octubre de 2023

José Daniel Espejo: Mi familia fantasma y mi...

 Mi familia fantasma y mi

familia de carne ejercen su custodia

sobre mí / ya que no se hablan 

pero nada ha cambiado: en la casa

de los muertos mi hijo me sigue

llamando a gritos mi madre cose

y mi mujer me mira sonriendo con cara

de de dónde has salido tú / solo reina

un incómodo silencio cuando hablo de aquellos /

de los vivos / me recuerdan mi apellido

-solo uno- y me demandan

que tengo que llamarlos más / pero tal vez

es peor lo de los otros, los de carne:

nunca nombran a los muertos ante mí

imponen su nevada sobre tierra baldía

abren mucho los ojos si insisto en mencionarlos

me confinan al presente como a un loco

para ponerme de su lado para siempre /

está claro que todos me quieren /

simplemente no quieren que me ausente

porque son incapaces de acompañarme /

en la casa de los muertos hay juguetes

con los que nadie juega ya y es verdad que nadie

juega ya




José Daniel Espejo

en Perro fantasma.

Candaya.

jueves, 12 de octubre de 2023

Cristina Morano: Mis padres y mis madres

 Cuando mis madres fregaban 

las cucharas después de las comidas 

tenían los dedos llagados por el frío.

Cuando mis padres se vestían 

para salir a trabajar de madrugada 

tenían las manos y la garganta 

llagadas por el frío.

Preguntaban porqué 

la división de la desgracia 

si tan idéntica la herida.


Yo quise decidir mis propias llagas 

futuras y elegir por cuál de ellos: 

por el trabajo duro en los oficios, 

por el duro trabajo de las casas.


Mis padres y mis padres soy 

desde entonces sin tregua.

Las manos destruidas del trabajo 

me las rompo también en las labores 

internas del cuidado.

Y si merezco un lecho, es heredad 

de unas y de otros, soledades 

comunes de mi clase.




Cristina Morano

En En tanto que mujeres.

Editorial la imprenta.

martes, 15 de agosto de 2023

José Alcaraz: Clase vacía

No hay nada más en paz que una clase vacía
al poco de marcharse los alumnos.
No es cosa del silencio: aún algunas voces
suenan por los pasillos, un murmullo
de caracolas huecas te rodea. Más bien,
se trata de tibieza, un calor laborioso
subiendo a tu saliva. Las mesas, en penumbra;
tus ojos, en papeles muy usados.
Levantas la mirada, casi ausente,
perdida en la pared. La pizarra, detrás
es una masa oscura que te absorbe
cuando nada parece de verdad. Pero el aula,
entonces, sigue ahí. Y tú, en ella.
Y en ti, su paz, al poco de marcharte.



José Alcaraz
en Las demoras
La veleta.
Granada 2023.

domingo, 12 de febrero de 2023

Fulgencio Antonio López Agüera : Catulo, a propósito

 No temas que el deseo en ti despierte

recelo, desazón, melancolía:

amémonos sin miedo, Lesbia mía,

y juntos, desafiemos a la muerte.


Yo soy de los que creen que la suerte

sonríe a quienes tienen la osadía

de amar con diurnidad y alevosía,

pues lo que no nos mata nos pervierte.


Perdamos los modales y el respeto,

bebamos, rodeémonos de flores

sin miedo a sucumbir a los excesos


y lejos de envidiosos y aojadores,

escapemos sin rumbo y en secreto

muramos coronándonos de besos.




Fulgencio Antonio López Agüera

en Del tiempo y su miseria.

Pre-textos. Premio Villa de Cox

lunes, 11 de julio de 2022

Juan de Dios García: Dos poemas de Canto fenicio

Generación del 75


Mi padre empezó el año entrando en mi madre con descuido. Cuando llegó el otoño, lo reclutaron para la Guerra del Sáhara y en las escalerillas del avión lloró por primera vez ante su esposa embarazada.

Frranco murió y David Bowie dedicó un disco a los jóvenes americanos. Dos décadas después creí que la literatura era fumar hierba y beber cerveza en un piso de estudiantes, leyendo en voz alta un libro de Kavafis y sonando de fondo el órgano de Ray Manzarek.

En una de esas fiestas a alguien se le ocurrió preguntar si estaríamos dispuestos a aniquilar todas las religiones del mundo. El sí colectivo fue apoteósico. Tocaba decidir cuál iba a ser el orden de ejecución. Había dudas entre si la segunda debía ser el islam, el judaísmo o el cristianismo, pero la primera la teníamos todos muy clara.

Estábamos hechos de velocidad, pero eso no era la literatura.

No puede uno elevarse sin ensuciarse las manos, por eso hoy solo tengo una tormenta y un paraguas agujereado, por eso nunca he escrito un poema sobre mi madre. ¿No lo estoy haciendo siempre? Me estremece aún ese niño asustado, buscándola, perdido entre la multitud del mercadillo de los miércoles.



Introversión

 Cada vez más oriental. Mi oficina es un lago interior. Me siento a escribir delante del ordenador totalmente desnudo.

Mientras al mundo le crece el cabello, yo solo persigo un trozo de eternidad congelado en el pecho. El truco está en que parezca que todo sucede por primera vez y que las olas te siguen dejando en el mismo lugar: siempre hacia arriba, como el humo y el poder.

Qué difícil se hace regresar de la libertad. Qué sencillo morir en ella. Qué poco importa el blablablá de los enamorados del éxito, con vocabulario napolitano y una nariz de pico de ave.

Dejé de amar para dejar amar.

La jaula está abierta y vacía. Puedo ya descansar.

Cuelgo la piel sobre el tejado, el levante la perfuma.

Me estoy transformando en un proverbio chino.



Juan de Dios García

en Canto fenicio.

Chamán ediciones.

viernes, 23 de julio de 2021

Alberto Chessa: Poemas de Anatomía de una sombra

YO SÉ MUY POCO, Y DE LA VIDA CASI NADA.

A la fuerza he aprendido dos cosas de la muerte.


Pero sé que uno es nadie si no ama en otros ojos.


Hoy he visto a mis hijas jugando con su sombra

y poblando la tierra de todos sus reflejos


***


CUERPO DE VÍA LÁCTEA, CUERPONIEVE,

tiburón blanco, hambriento, en duermevela,

cuerpollama que tizna antes del tacto,

silueta de orbe, esfera tú armilar,

cuerpo anda ares, agua ya, aguacuerpo


***


COMO ESCAMAS DE UNA SERPIENTE

los desiertos jamás están parados


***


 RECUERDOS LEONADOS, NERVADURAS

Que crecen piel afuera. Hablamos desde el polvo.


¿Cuántos nosotros son posibles todavía?


Hoy somos parteluz

que fractura el silencio en dos silencios.


Como el amor, un cuerpo siempre está inacabado.

Como el amor, la sombra no conoce fronteras.




Alberto Chessa

En Anatomía de una sombra.

UMU. Editum.

Premio Dionisia García.

martes, 21 de julio de 2020

Diego Sánchez Aguilar Primera reflexión sobre la nieve

El cielo ya no es nada.
Y de la nada emergen las cenizas, 
blancas y lentas, exiliadas del tiempo.

No nos pertenece el milagro, ni e lejano incendio.
Pero, por un instante, nos cubre la alegría 
aunque solo acertemos a decir:
Mira, está nevando.

Esta felicidad en silencio, 
esta nostalgia de lo que no hemos conocido 
y sin embargo aparece ante nosotros, 
de la nada, sobre el asfalto.

Hasta que los coches la convierten en barro 
y todo vuelve a su sitio 
como un reloj que vuelve a funcionar de repente, 
un apagón que se arregla demasiado pronto.

Cuando todo esto arda, 
cuando tú y yo ardamos de frío, 
sobre qué otros campos caerán estas cenizas del invierno.
En qué otros mundos mirarán  al cielo vacío 
y verán aparecer de repente los copos ingrávidos, 
como un don que no han perdido.



Diego Sánchez Aguilar
en La cadena del frío.
La estética de fracaso.

Natxo Vidal: poema de Así termina.

También
hay quien aguarda, sin embargo,
hallar lo inesperado en el cantar
de los gorriones.
Y con la esperanza
pasa la vida entera,
oyendo ese cantar monótono,
repetido, de pájaro
obrero.
Confío,
dirá en su juventud,
en el futuro:
ese lugar donde los pájaros
cantan de otra manera.
En su vejez dirá
recuerdo los gorriones
hermosos de mi juventud.

Crece la hierba.
Hay muchos caracoles.















Natxo Vidal
En Así termina.
Frutos del tiempo.

domingo, 15 de marzo de 2020

Jose Daniel Espejo: Charo 2


A veces veo en sueños a la mujer que falta.
No habla. Se mira las sandalias. Lleva un vestido 
de color azul oscuro. Cuando se lo quita 
ya ella no está allí. Nos cubre con él 
a los niños y a mí ahora nos refugian 
infinitas constelaciones desconocidas.

José Daniel Espejo
En Los lagos de Norteamérica.
Pre-textos. 

jueves, 12 de marzo de 2020

Ángel Manuel Gómez Espada: Estrella polar

La ciudadanía duerme.
Tarde ha remitido la lluvia.
Regresas a casa
Tras una jornada cotidiana
De trabajo maltrecho y roto.
Esquivas los charcos
mientras silbas a Mozart
y te sientes dulcemente cansado.
Ningún motor de coche
atropella tus divagaciones.
Ninguna luz de neón
aturde tus memorias.
Ningún llanto de perro,
ninguna salida de tono.
La ciudad está dormida,
hastiada de los noticiarios
y de la vida secundaria.
Te ofrece todos sus secretos
y tú los rechazas con vago gesto,
con un silbido dulce
que imita al violín
que imita al jilguero
que escuchó en su día
el austriaco inmortal.
La cuidad está durmiendo.
Entera para ti se entrega.
Te ofrece descubrir sus laberintos,
sus hermosos rincones clandestinos.
Pero estás cansado.
Prefieres aligerar el paso,
regresar a casa. Tienes prisa.
Apoyas tu alma en el paraguas.
Estás deseando abrir la puerta,
Entrar, dejar las llaves,
quitarte el abrigo,
besar su nuca.
Besarle la nuca a tu estrella polar.
Brújula que te orienta.
Que te salva de laberintos.
Que resuelve crucigramas por ti.



Ángel Manuel Gómez Espada
En Postales en una caja de galletas.
Editum.


martes, 14 de enero de 2020

Jose Óscar López: Tren de los dormidos


DORMÍ en el tren que me llevaba
a la ciudad de los despiertos, 
viajaba en el tren de los locos, 
de los seres ridículos 
que hacen pantomimas 
en medio de los serios ejercicios 
de la razón y la moral.

Tuve sueños ridículos, 
me retorcí mientras dormía, 
soñé como quien escurre limones, 
como el que agita el limonero 
gigante de sus pesadillas, 
ácido y fluorescente 
en medio de la noche 
serena de la inteligencia.

Brilla mi limonero, como un faro 
me avisa de la costas escarpadas 
donde terminan encallando 
los más magníficos barcos frutales 
para esparcir la fruta delirante 
de sus bodegas por el mar.

Un mar como una tanqueta de ácido.

Un ácido devota todo lo conveniente, 
lo que debe considerarse 
para llegar a alguna meta de verdad.

Corrí, corría en los campos del sueño, 
corría y me agitaba, y fui ridículo, 
quise librarme de mis ropas 
de durmiente que duerme mal.

Dormí, dormía, hice mal.
Nadie dormía allí hacia donde iba.

Iban a recibirme muecas de desagrado, 
yo era un río de vinagre 
entre isletas de gominola.

Son cosa seria, los payasos, 
¿caso no nos esperabais, 
señor, a los payasos?

Andamos todo el día 
durmiendo y despeñándonos 
en el abismo abierto 
entre nuestro perenne sueño 
y la despierta realidad.

Ah qué risibles somos, qué ridículos.

Lloramos zumo de limón, 
estamos mareados, 
ha sido un viaje horrible.

Y empezamos a tropezar, 
por todas partes nos caemos.

Llegan las carcajadas.
Oh, sí, señor, al fin
hablamos una misma lengua.

Los despiertos soñaban 
con ver una vez más, cientos de veces, 
nuestro espectáculo grotesco, 
y todos los dormidos 
fuimos recibidos por fin, 
con todos los honores, 
en el reino de la vigilia.


José Óscar López
En Animal fabuloso.
Chamán.

martes, 5 de febrero de 2019

José Alcaraz: Poema troquelado

Si oyes un ruido como de lluvia en la ventana,
si cruje la madera de la puerta
y una luz temblorosa se filtra por debajo,
si hace frío de pronto alrededor,
soy yo de nuevo
queriendo entrar, el pela ese de la tristeza,
de la muerte y la vida solitaria;
y, para colmo, en verso.
                                       No me eches;
no puedes, ni siquiera parando tu lectura:
por mucho que apartases la mirada,
jamás te negaría la palabra, ya escrita
sin remisión aquí.
                              Porque aun marchándote
lejos de este poema, yo -vitalista, eufórico, imparable-
diría, como ves, que en todo adiós hay muerte,
tristeza y soledad.
                               Y es que, además
seguiría la lluvia llamando a tu ventana,
seguiría el crujido de la puerta,
seguiría filtrándose una luz,
seguiría este frío,

seguiría escribiendo.




José Alcaraz
en Vino para náufragos.
Alhulia.



miércoles, 11 de abril de 2018

Ángel Manuel Gómez Espada: Hace veinte años el futuro

Decidme los nombres de todo 
tal y como yo os lo he dicho. 
ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

Hace veinte años el futuro era metalúrgico.
Desde luego, no era esta ciudad,
estas calles amarillas que fotografío,
estos cafés de debate y mercadillo.
Ni esta casa donde habito,
patrocinada por las repúblicas independientes de Ikea;
ni mi madre en una silla de ruedas,
viuda y con dos piernas como columnas jónicas;
ni mi hermano en el paro,
cosido a una incertidumbre
patrocinada por el Banco Santander;
ni los amigos tan lejos,
en los extrarradios de Europa.
Por supuesto, no entraba dentro de los planes
de aquel futuro siderúrgico y profiláctico
este trabajo que me abochorna y aletarga,
que se come mis memorias de domingo;
ni esta mascarilla que me proporciona
el oxígeno suficiente para seguir ejerciendo
el difícil arte del sueño;
ni una hermosa ahijada en Lyon
que enciende cualquier primavera
y que crece durante llamadas telefónicas.
Algunas certidumbres sí que estaban:
Lisboa, París, Roma, Pekín
y el dulce reencuentro con la nieve,
siempre bienvenida.
Pero de alguna manera tú sí estabas.
Comenzabas a mostrarte en aquella nebulosa,
a convertirte en lo que acabase siendo:
esa melodía a la que uno siempre regresa,
como regresamos a Mozart o a Pessoa,
y que nos obliga a sentirnos cómodos
y en armonía con la vida,
por muy cenicienta que se nos presente,
agazapada entre nieblas y dudas.
Porque la vida es Luciano cantando Nessun Dorma
y no lo que asoma por los telediarios.
Es tu pure, o Principessa, Nella tua freda stanza,
y no caídas en las bolsas europeas,
cadáveres en Siria o Palestina,
matanzas en Boston o en Connecticut.
La vida es tu mano mostrándome el futuro,
semilla y certidumbre.


Ángel Manuel Gómez Espada
En Ventana de emergencias.
Huerga & Fierro editores