Mostrando entradas con la etiqueta Renacimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Renacimiento. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de enero de 2024

Vicente Cervera: Un fogonazo

 UN cauce atraviesas y, al instante,

surge de tu alma un manantial de encantos

y evocaciones, cuyo brillo rompe

un soplo, un fogonazo, un sonido

estridente y disparejo. A su envite

cruzas de nuevo la contraria orilla

donde esperan la duda, el tormentoso

no saber, la inquina paraca del ánimo

altanero, la despreciable sombra

del radiante y alado hijo del sol.




Vicente Cervera Salinas

en El sueño de leteo.

Editorial Renacimiento,

jueves, 29 de junio de 2023

Antonio Rodríguez Jiménez_Bailando en la azotea

 ALGUIEN está bailando en la azotea

sin que lo mire nadie. Está desnudo.

Sus brazos piden lluvia;

sus pies pisan el fuego

de un sol que se demora.


Alguien baila en lo alto de una casa.

Su voz es como el aire,

transparente;

su esfuerzo se evapora

y alimenta las nubes.


Alguien está bailando en la azotea

con un ritmo distinto al de los cláxones.

Quizá espera que el viento lleve un día

su canción por el mundo o caiga al suelo

su soledad en forma de tormenta.


Alguien está bailando en la azotea

sin que lo mire nadie. Por debajo

pasa el tren impasible de la vida.




Antonio Rodríguez Jiménez

en Bailando en la azotea.

Renacimiento.


sábado, 13 de mayo de 2023

Carlos Marzal: Metal pesado

 Igual que sucedía, siendo niños,

con las mágicas gotas de mercurio,

que se multiplicaban imposibles

en una perturbada geometría,

al romperse el termómetro, y daban a la fiebre

una pátina más de irrealidad,

el clima incomprensible de los relojes blandos.

 

Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma.

En un sentido estricto, cada cual

es obra de un sinfín de multiplicaciones,

de errores de la especie, de conquistas

contra la oscuridad. Un individuo

es en su anonimato una obra de arte,

un atávico mapa del tesoro

tatuado en la piel de las genealogías

y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego.

 

    No hay nada que no hayamos recibido

ni nada que no demos en herencia.


    Existe una razón para sentir orgullo

en mitad de esta fiebre que no acaba.

 

Somos custodios de un metal pesado,

lujosas gotas de mercurio amante.

 


Carlos Marzal 

en Metales pesados,

recogido en la antología Sin porqué ni adónde.

viernes, 7 de abril de 2023

Carmelo Guillén Acosta: Mi más hermoso sueño

 Mi más hermoso sueño en esta vida

nada tiene que ver ni con valerme

por mí mismo llegada la vejez,

ni menos con huir del sufrimiento

o con acariciar la vanagloria,

que todo eso se queda en el camino.

Mi más hermoso sueño es, no lo dudo,

vivir hasta el final como hasta ahora,

volcado en el cariño de los míos,

sin otra voluntad que la de darme

y recibir amor, hecho a la idea

de que no existe otra eternidad.




Carmelo Guillén Acosta

en Estado de gracia. 

Editorial Renacimiento.

jueves, 17 de junio de 2021

Rubén Martín: Las ruinas

 RECUERDO un bosquecillo a las afueras

de la ciudad de infancia,

muy cerca, casi al lado del psiquiátrico,

detrás del instituto

al que todos llamábamos La Uni,

y a unos doscientos metros separado 

de la antigua autovía.


Aquel frondoso bosque

de cuento o de película de medo;

aquella selva joven que al llegar nos nombraba

con voz de bruja buena,

de sirena engañosa;

aquel inhóspito lugar donde la noche

ocupaba sus hojas también durante el día;

aquella oscuridad de ramas secas,

curvadas en el aire, macilento y escaso.


Pero detrás de su espesura, todavía peor:

un camino harapiento entre bancales

complacidos de cardos

y al fondo la silueta de una fábrica en ruinas.


Recuerdo aquella cruz de madera tallada

en mitad del camino.


Recuerdo las pintadas con motivos satánicos

extendidas por todas las paredes

siniestras.


Y a veces, cuando sueño muy profundo

y bajo al corazón de la memoria,

recuerdo todavía

las sombras que sin cuerpo deambulaban

por las altas ventanas de la imaginación.



Rubén Martín Díaz

en Un tigre se aleja.

Renacimiento.

domingo, 28 de febrero de 2021

Mario Míguez: El delfín

 Así como el delfín solea su ágil cuerpo

si un destello de luz lo atrae allá en la altura

y salta y abandona así, por juego, el agua

en un impulso limpio, alegre

y es puro brillo y gracia en superado límite

y vibra pleno, y sólo así respira,

ya en su cielo, por encima del mar,


Así también yo solo, en completo abandono,

dejo a veces el mundo, enamorado

de un destello divino

y asciendo, fiel, un hondo instante

a bañarme en su luz

y doy todo mi amor en el esfuerzo, el juego,

y sólo así respiro, y sólo así 

puede mi corazón seguir latiendo

después de nuevo aquí con alegría.




Mario Míguez

En Difícil es el alba. Antología poética.

Edición de José Cereijo.

Renacimiento.

viernes, 8 de mayo de 2020

Migue Ángel Herranz: Gottofried Achenwall

No te engañes, elegir
es tan solo
una ficción estadística.

No eliges
a tus padres, el día,
el país ni la ciudad en la que naces.

No eliges tu inclinación
natural al color ocre,
la altura,

El grosor del pene
ni el calibre o el prolapso
de las tetas.

No eliges la enfermedad,
el tumbao, la destreza manual,
la inteligencia.

No eliges vivir en paz,
ni en democracia.

No escoges comparecer
sujeto al claustro
de la tierra.

No tomas partido
en la insurrección
del cotidiano.

No decides la forma
desde
la que serás gobernado:

Monarquía feudal,
república presidencialista,
anarquía con matices,

ley de la selva...


No eliges conducir por la derecha,
el fondo de ojos,
la precesión, la nutación ni la órbita
que sigue tu planeta.

No eliges el clima, ni los segundos
que galopan a tu alrededor
-desbocados-
como potros de appaloosa.

No eliges ser zurda
o diestro.

Eliges el café
porque hay café

Si no de qué.

Por ello:
por llevar su albedrío
hasta el extremo,

Bienaventurados
los inexactos, os indecisos,

los que yerran.



Miguel Ángel Herranz
en Lírica de lo cotidiano.
Renacimiento.

Y aquí un regalo.
https://momdislexia.3lemon.com/la-historia-de-superacion-de-la-diselxia-mas-bonita-jamas-contada/

viernes, 1 de mayo de 2020

Pureza Canelo: Alas

RECUENTO
Una voz  de agua
otra de álamo blanco
variedades que iris el aire
y abren dominios.

Pasan las aves
en grupos concéntricos
estremecidas manchan el cielo
sin volver la cabeza.

Vuelo contra vuelo somos
en travesía invencible.
Uno en otro
el misterio de la poesía
no se cansará
de cruzar en vano.

Hileras de nubes rojizas
cierran filas.
Voz de nadie
se pierde dulcemente
en el cielo.

Antes de abrazar los ángulos
superiores de la noche,
todo vivir ha sido
búsqueda en el el aire, plenitud
hacia el olvido.


No hay combate
en la penumbra.
El ámbito
se deslizó en asombro.



Pureza Canelo
en Habitable.
Renacimiento.

lunes, 27 de abril de 2020

María Victoria Atencia: poemas

LA ALMOHADA


TUVIERA yo una piedra suficiente y capaz, 
una almohada preciosa o una piedra 
donde apoyar la sien y soñar o inventarme 
desde mi corazón a tu capricho, 
porque me examinase de amor y me tuvieses 
como a viña sin amo y perra suelta, 
y así una noche más y tantas noches.


FEBRERO

PARECE una ficción, pero es verdad que brota 
del aire, del mismísimo aire, 
cada febrero, un mirlo 
que viene a aposentarse en mi araucaria.
                                                                  Siempre
Digo las mismas cosas, y yo lo sé. La vida, 
mi vida al menos, 
se construye sobre repeticiones. Sólo cambian 
sus mutuas referencia y auxilios. Dios me libre 
de cualquier modo de falsificarme, 
de suplantar el canto o el vuelo de ese mirlo 
ahora que vuelve, tentador, febrero.


LOS VENCEJOS

CUANDO alcen los vencejos, cenital, su desorden 
y la tarde se ponga, de tan insoportable-
mente bella, del color de la lluvia, 
dale a la desmemoria su espacio suficiente, y olvida 
el descanso de ti, y olvídate de ti, y olvídame, 
y ve con ellos, vete con la tarde.

María Victoria Atencia


en Como las cosas claman (antología poética).
Renacimiento.

viernes, 24 de abril de 2020

Javier Salvago: Dos poemas

VOY CONTRA MI INTERÉS INTERÉS AL CONFESARLO

ME quité del alcohol, y cualquier día
me quitaré de la poesía.

Comienzo a estar cansado de problemas,
de arriesgar demasiado en un poema
para sacar tan poco.

Estoy harto de andar, igual que un topo,
siempre escarbando dentro
-cada paso más cerca del infierno-,

mientras la vida pasa,
sobre mí, como un tren que se me escapa.



OTRO EPITAFIO


UNA mala noche
la tiene cualquiera,
y cien y doscientas,
y doscientos días,
y un año y ochenta.
Una mala vida
la tiene cualquiera.




Javier Salvago
en Variaciones y reincidencias (Poesía 1978-2018)
Calle del aire. Renacimiento.

domingo, 15 de marzo de 2020

Amalia Bautista: La vida responsable

CONDUCIR sin tener un accidente,
comprar desodorante y macarrones
y cortarles las uñas a mis hijas.
Madrugar otra vez, tener cuidado
de no decir inconveniencias, luego
esmerarme en la prosa de unos folios
que me importan exactamente un bledo
y darme colorete en las mejillas.
Recordar la consulta del pediatra,
contestar el correo, tender ropa,
declarar los ingresos, leer libros
y hacer unas llamadas por teléfono.
Me gustaría permitirme el lujo
de tener todo el tiempo que quisiera
para hacer un montón de cosas raras,
cosas innecesarias, prescindibles
y, sobre todo, inútiles y bobas.
Por ejemplo, quererte con locura.

Amalia Baustista
En Tres deseos.
Renacimiento.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Esther Cabrales: Un poema de Erosión

A estas alturas
puedo
estoy en condiciones de afirmar
me atrevo de hecho a verbalizar
a escribir incluso
que estoy fuera del mundo
que me he ido.
Me he ido de mí,
de mí y de todo,
de todo en cuanto estaba,
de todo y de todos.
Fuera del mundo,
me he ido de mí y del mundo,
me hallo
en el afuera de todo
allí
donde no estás tú.

Esther Cabrales
en Erosión.
Renacimiento.

martes, 23 de mayo de 2017

Antonio Jiménez Millán: Días tranquilos en el Albaicín (1976)

"En París, el sexo está en el aire"
HENRY MILLER

"Uno debe vivir apartado de todo, olvidando", dijo Lawrence. Lo intentó y fracasó. Uno no puede vivir apartado, ni puede olvidar".
HENRY MILLER

                                            A Álvaro Salvador y Pepa Mello


QUERIDO Henry Miller: algunos de sus libros
llegaron a Granada tarde y mal,
deslucidos, con páginas en blanco,
y esta vez no pudimos culpar a la censura:
la chapuza venía del otro lado del Atlántico.
El caso es que llegaron, aunque fuese
a las trastiendas de las librerías,
y luego los compraron en la Universidad,
para mayor escándalo de las bibliotecarias:
Sexus, Nexus, Plexus...,
tanto latín para acabar en esto,
se lamentaban.

Usted contribuyó, sin duda,
al mito de las zonas decadentes
en el París de los años treinta;
Cliché, Ménilmontant,
Faubourg Montmartre, Rue Fontaine,
Rue Pigalle. Hablaban sus novelas
del bullicio en las calles,
de parques, de mercados y cafés
llenos de gente,
de las aceras de los bulevares
donde las putas se exhibían
con naturalidad.
En París, el sexo está en el aire...

En Granada también, pero de otra manera.
Recuerdo una pintada que decía:
en esta ciudad,
follar no es un pecado, es un milagro.
La casa era una isla en aquel laberinto
de calles sinuosas y plazas escondidas:
Calderería,
Cruz de Quirós,
San Miguel Bajo.
Al pasear por ellas,
tocábamos las ramas de los árboles
por encima de muros desconchados,
y en invierno, el agua de la lluvia
bajaba por las cuestas a raudales
como un río de sombras
anegando los huertos, los derribos,
en el silencio de la noche gélida.

Tuvo siempre aquel barrio un aire de misterio
que a usted, probablemente, le hubiera seducido:
al fin y al cabo, el sur es un invento de otros.

Por entonces,
a falta de mejores incentivos,
nos bebíamos todo:
el aguardiente,
el tinto peleón de las tabernas
junto al Arco de Elvira,
reservado el derecho de admisión,
se prohibe el cante.
por no hablar de las mezclas incendiarias:
vermut co nmenta,
coñac con coca-cola, por ejemplo.
Algunos se bebían incluso la colonia
-Varón Dandy, por más señas.
Eso alucina, y mucho,
ya me dirá usted.
Se puede ver el Trópico de Cáncer,
el de Capricornio,
el Ecuadro y las antípodas,
si me apuran.

No eran tiempos tranquilos, sin embargo.
Acaso la memoria me traicione
al evocar la calma ambigua y lenta
de aquellos días:
los años que han pasado ya confunden
la falta de experiencia con los sueños,
las horas de ansiedad y las sublimaciones.
Volviendo a sus novelas, era muy sorprendente
con qué facilidad y qué soltura
montaba usted una orgía. Lo nuestro era más bien
escuela de trabajos manuales:
daban poco de sí los encuentros furtivos
y de los burdeles, mejor no hablar.
Después, mucho después,
entendí la desolación de los poemas
que entonces escribía,
la confusa insistencia en el lamento
y la mala costumbre de enredar
el sexo con la metafísica.

Sexo y muerte: me doy cuenta
de que los uno con bastante frecuencia,
dijo usted.
No voy a corregirle, a estas alturas.
Una extraña deriva
nos lleva a defender en otros cuerpos
esa llama fugaz que sobrevive
al viento de los años,
pero también sabemos que la muerte acecha
con su desgaste lento, inevitable:
me basta recordar aquellas casas,
los patios en penumbra,
las abombadas vigas de madera,
las grietas en la cal de las paredes.

Ahora, en la distancia,
surge otra vez el personaje
que hablaba en sus relatos.
Tenía el atractivo de los símbolos:
el vagabundo insomne,
el solitario buscador de oro.
Pero al final me quedo
con sus palabras sobre Lawrence:
no se puede vivir aislado,
ni se puede olvidar.



Antonio Jiménez Millán
en Ciudades (Antología 1980-2015)
Renacimiento.

lunes, 8 de febrero de 2016

José María Álvarez: XIX

¿Qué puede uno decir?... Es LA GRAN CIUDAD que ya cantó el Romance de Alfonso V. Como escribe con Platen: REMDLING; KOM IN DAS GROBE NEAPEL.

VENÍAMOS de Caserta.
En Posillipo empezó el viento.
Pronto rugía entre los árboles,
erizaba la mar, su verdor se hizo negro.
Alguien dijo: Vamos a la Certosa,
con este temporal será glorioso, imaginaos
Castellamare desvaneciéndose en la lluvia.
Aún siento aquel bramar
del viento, los árboles como vivos,
el olor que subía de las aguas.
Masticabas el mar.
El roce de mis manos, protegiéndome
en el tronco de un fresno,
ese árbol consagrado a Poseidón.
La tarde fue cerrándose
en una obscuridad
embalsamada, gélida.
Los cielos de Giorgone rajados por relámpagos
de fuego frío.
De pronto, todo se detuvo.
Cesó el mar.
Misteriosamente, la bahía
parecía esmerilada.
Y Nápoles brillaba,
su resplandor de puta
fastuoso, sucio, y más allá
el Vesubio, siimpre ahí con la Muerte.
Nos estaba diciendo:
Puedo echaros a los perros cuando quiera.
¿Qué sois, sombras?
¿Habéis olvidado el sabor del miedo?
Y en ese instante, como saliendo
de pedazos de las entrañas
del mar,
entonces ascendió la Luna.
Una Luna inmensa.
Estuve mirándola mucho tiempo,
fundiéndome con ella.
Era más que la Muerte.
Como una perla brillando
en el fondo de una llaga.




José María Álvarez
en Seek to know no more.
Renacimiento.

martes, 29 de julio de 2014

José María Álvarez: COMO ASEGURABA KARL KRAUS, PUEDE QUE LA MUJER...

COMO ASEGURABA KARL KRAUS, PUEDE QUE LA MUJER SEA UN SATISFACTORIO SUCEDÁNEO DE LA MASTURBACIÓN, PERO ESO REQUIERE UNA IMAGINACIÓN DESBORDANTE. Y COMO DICE SAINT-SIMON -AUNQUE CREO QUE ÉL SE REFIERE A LA DUQUESA DE BERRY-, ERA LA SIRENA DE LOS POETAS, CON TODOS SUS ENCANTOS Y TODOS SUS PELIGROS.


DEVÓRAME, hija de la gran puta.
Mientras me corro sentir tus dientes de odio
y esos ojos obscuro como topacios fríos.
Chúpamela con esos labios
párpados de la Muerte.
Que sea lo último que vea.
Devórame así,
sin quitarte esa falda
viciosa, esa bisutería infernal.

Besar tus ojos, oler tu pelo,
esas axilas donde sombrea un vello mal rasurado,
morder ese vientre omnipotente,
esos mulos ambiciosos.
Así, como estás.
Entrar en tu coño
como debieron adentrarse
en la luz de Asia los caballos de Alejandro.

Y entonces te das cuentas:
No le hablas a nadie. Estás hablando
solo. Ella no te escucha.
No huele, no respira, su carne no se estremece.
Es una fotografía.
el cartel de una película.

Pero hay algo en esa fotografía...
Como una mano de huelo que te estrujara
las tripas.
Una belleza nueva. La Belleza de este
siglo.
Brutal. Pero te excita.
Despreciable. PEro la
deseas.
Y ahí está. Esperándote.
Para que te encanalles en la vulgaridad,
busques a ese que también eres tú
en el sabor de lo sucio, lo turbio, lo bestial.

Diosa de polígono
Industrial, ninfa de hamburguesería, sirena
de botellón,
Dido de grandes superficies
y parkings monstruosos.
Tan brutalmente hembra de deseo.,
Esa Nada de su mirada es hermosa,
sin futuro ni pasado.
Pero Helena de Troya cuando brillan
sus muslos
en la luz de un water de discoteca,
sobre el capó de un coche bajo la Luna.

Ah la Echegui en esa fotografía.
Su talento de actriz
+ el rugido de su cuerpo
+ mise en scène por Bigas Luna
+ eso que los arrastraba
más allá de ellos mismos; esa fuerza
letal
de la sexualidad nueva, ese insecto atrapado en ámbar.
Ah la Echegui en ese cartel.
Hija del photoshop que para siempre
así la entrega a nuestros sueños más lascivos.
Neón en vena.
Esa Diosa asesina.
Una fotografía ante la que soñar
con placeres feroces.
Y masturbarse, masturbarse, masturbarse.
Oh sagrado sightseeing.




José María Álvarez
en Como la luz de la luna en un martini.
Renacimiento.