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miércoles, 18 de noviembre de 2020

Eloy Sánchez Rosillo: La rama verde

 AY, árbol del vivir,

árbol de la ilusión y de los desengaños,

de las revelaciones.

cuando te agita el viento de la edad,

las hojas secas caen.

Pero en la rama aún verde de la infancia

-la que está más arriba, la que en La Luz se mueve-

canta el jilguero.


Eloy Sánchez Rosillo

en La rama verde.

Tustquets. Nuevos textos sagrados.


viernes, 5 de febrero de 2016

Eloy Sánchez Rosillo: Un vaso de agua




















Cuadro de Ramón Gaya


Qué suceso increíble:
llené un vaso de agua y lo alcé hasta mi boca.
Era ya media tarde. Me había detenido
cerca de una ventana, aquí, en mi casa,
en este día tan claro de febrero.
Llegó el vaso a mis labios
y en ese mismo instante lo atravesó de pronto
un haz muy apretado y muy intenso
de luz del sol poniente.
Cuántos asombros. Todo rompió a arder
con lumbre limpia y mágica:
el agua y el cristal, el cuarto entero,
mis ojos y mis manos y mi vida.
Sin dar ni un solo paso estuve en todas partes.
No sé cómo decir lo que ocurrió,
cómo expresar que sucedieron siglos
de redención y bienaventuranza.
Oro licuado y tembloroso el mundo,
astilla viva yo de un súbito diamante.



Eloy Sánchez Rosillo
en Quién lo diría.
Tusquets.

viernes, 25 de octubre de 2013

Eloy Sánchez Rosillo: Instante



¿CÓMO no estar conforme precisamente ahora
-e incluso para siempre- con la vida,
cuando el sol de esta tarde fría y azul,
muy bajo ya, se ade

ntra por mi casa
y hasta el fondo penetra sin ningún titubeo
y convierte a su paso cuanto toca
en oro vivo y repentino, en oro
que nada durará, pero que llena
de compasión el mundo para mí en este instante?





Eloy Sánchez Rosillo
en Antes del nombre.
Tusquets editores.

martes, 5 de abril de 2011

Eloy Sánchez Rosillo: Con un gran trecho del camino andado

Foto de Mauricio Palos

A estas alturas, nadie -ni yo mismo siquiera-
podría ya quebrar ni desdecir
aquel sueño que tuve cuando era adolescente
y en el que desde entonces ha estado sustentada
por entero mi vida, un sueño que en el sueño
del existir razón de ser me ha dado
y hoy es regazo y júbilo.
Soñó
el joven soñador que en mí habitaba
con alguien que era él mismo al cabo de los años,
muchos años (su pelo, blanco o gris),
y que hacia atrás miraba meditando conforme
-hasta donde es posible hacerlo sin jactancia
y sin los subterfugios de la falsa humildad
en la labor que había con amor realizado
a lo largo del tiempo.
Esa ocasión
entrevista en el sueño es la que vivo ahora,
la que esta tarde ocurre. Y la tarea
en la que meditaba el hombre imaginado,
el que he llegado a ser, es la que ha sido
más hondamente mía: este trabajo hermoso
de encontrar las palabras verdaderas
-inconfundibles en su ser, pues siempre
nos hablan desde dentro de las cosas-;
las que a su modo dicen el misterio que entraña
cuanto alienta y se afirma;
las que con claridad de agua o cristal pronuncian
la alegría y las lágrimas del vivir y se posan
temblando en el papel, junto a la música
con la que van naciendo.
Sé muy bien
que no fui yo quien hizo los poemas
que en mis libros figuran. Fueron ellos
los que a mí me crearon, los que han ido
poco a poco tejiendo el nombre que me nombra,
la identidad que tengo.
Mas aunque sólo soy
quien con el alma en vilo ayudó como pudo
a que su luz posible aconteciera,
cuánta satisfacción siento en mi pecho
ahora que anduve ya gran parte del camino,
qué compasivo el mundo y qué deseo
de seguir en la brecha mientras la vida dure,
para que el sueño aquel que soñé de muchacho
hasta el final se cumpla.

Eloy Sánchez Rosillo
en Sueño del origen.
Tusquets