lunes, 8 de febrero de 2016

José María Álvarez: XIX

¿Qué puede uno decir?... Es LA GRAN CIUDAD que ya cantó el Romance de Alfonso V. Como escribe con Platen: REMDLING; KOM IN DAS GROBE NEAPEL.

VENÍAMOS de Caserta.
En Posillipo empezó el viento.
Pronto rugía entre los árboles,
erizaba la mar, su verdor se hizo negro.
Alguien dijo: Vamos a la Certosa,
con este temporal será glorioso, imaginaos
Castellamare desvaneciéndose en la lluvia.
Aún siento aquel bramar
del viento, los árboles como vivos,
el olor que subía de las aguas.
Masticabas el mar.
El roce de mis manos, protegiéndome
en el tronco de un fresno,
ese árbol consagrado a Poseidón.
La tarde fue cerrándose
en una obscuridad
embalsamada, gélida.
Los cielos de Giorgone rajados por relámpagos
de fuego frío.
De pronto, todo se detuvo.
Cesó el mar.
Misteriosamente, la bahía
parecía esmerilada.
Y Nápoles brillaba,
su resplandor de puta
fastuoso, sucio, y más allá
el Vesubio, siimpre ahí con la Muerte.
Nos estaba diciendo:
Puedo echaros a los perros cuando quiera.
¿Qué sois, sombras?
¿Habéis olvidado el sabor del miedo?
Y en ese instante, como saliendo
de pedazos de las entrañas
del mar,
entonces ascendió la Luna.
Una Luna inmensa.
Estuve mirándola mucho tiempo,
fundiéndome con ella.
Era más que la Muerte.
Como una perla brillando
en el fondo de una llaga.




José María Álvarez
en Seek to know no more.
Renacimiento.

viernes, 5 de febrero de 2016

Eloy Sánchez Rosillo: Un vaso de agua




















Cuadro de Ramón Gaya


Qué suceso increíble:
llené un vaso de agua y lo alcé hasta mi boca.
Era ya media tarde. Me había detenido
cerca de una ventana, aquí, en mi casa,
en este día tan claro de febrero.
Llegó el vaso a mis labios
y en ese mismo instante lo atravesó de pronto
un haz muy apretado y muy intenso
de luz del sol poniente.
Cuántos asombros. Todo rompió a arder
con lumbre limpia y mágica:
el agua y el cristal, el cuarto entero,
mis ojos y mis manos y mi vida.
Sin dar ni un solo paso estuve en todas partes.
No sé cómo decir lo que ocurrió,
cómo expresar que sucedieron siglos
de redención y bienaventuranza.
Oro licuado y tembloroso el mundo,
astilla viva yo de un súbito diamante.



Eloy Sánchez Rosillo
en Quién lo diría.
Tusquets.

domingo, 31 de enero de 2016

Diego Doncel: La primavera en algunas escenas de video


Alex Kratz

Mira las escenas grabadas en esta tarde de tormenta.

Las terrazas de los bares bajo la lluvia. El pelo húmedo de una chica que ríe antes de bajar por la boca del metro.

El leve color de los paraguas. Las aceras que brillan como el charol.

La primavera viene por el este como un canal recién sintonizado.

En la superficie de las antenas se reflejan las sombras de los vencejos que aún están por llegar.

Las primeras Flores se abren en los vestidos de moda femenina.

En lo que ves ya nada se mantiene inmóvil. Tiene el color de un refresco con Sabor a naranja.

Las nubes desaparecen porque se han ido a hacer cola a las taquillas de los teatros.

Fíjate cómo actúan los equipos de limpieza con los restos últimos del invierno.

Como la belleza es una gama de cosméticos en promoción.

Los peatones cruzan los pasos de cebra cada noche porque la vida canta en los micrófonos de las salas de fiesta.

Igual que entonces, sí, igual que entonces, la realidad se acerca a la barra y empieza dulcemente a beber.

También ahora las bailarinas de los musicales están fumando en las escaleras de servicio con sus labios de color del gin tónic.

Hay risas recorriendo las calles y conversaciones casi clandestinas.

Hay labios rojos como aquel cuadro pop de Alex Kratz.

Como la estela de un ascensor de cristal por la fachada de un edificio, la laca de tus uñas va dejando pequeñas señales luminosas en las sábanas de este hotel.

Ya no es tiempo de pensar, sino de ver de forma distinta.

Ya es tiempo de amar lo nuevo como se ama el futuro.

Ponemos la mirada en los confines como una manera de extender la vida.

La utopía viene.

Pero la utopía es tan frágil como la felicidad, tan frágil como esta primavera.

Recuerda que vivimos en territorios bajo vigilancia.



Diego Doncel
En El fin del mundo en las televisiones.
Visor Poesía.

lunes, 25 de enero de 2016

Benjamín Prado: Roto


Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

 Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
-Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

 Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

 Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

 Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
 llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.


Benjamín Prado
en Ecuador.
Poesía Hiperión.

domingo, 24 de enero de 2016

Lorenzo Oliván: Preguntas




Cada vez que alguien hace una pregunta
el mundo se abre un poco,
vuelve la flecha al arco, que se tensa
con la energía de la expectación.

Me hago preguntas por crear espacio
traspasado de flechas,

que no ansían la diana que limita,
sino el vértigo vivo

de buscar.


Lorenzo Oliván
en Nocturno casi.
Tusquets

jueves, 12 de noviembre de 2015

Fragmento de Diego Doncel

No sé cómo ni dónde he tomado conciencia
de mí, de este animal que escucha el viento,
como si fuera un aparecido,
con sus frufrú almidonados en la niebla
y que descubre, en este parque suburbano,
la música torpe del mundo desplegar su armonía
de bestias y de insectos aquí en su corazón.
Ah, que ve seres que se hacen zumbidos 
de un más allá absurdo cuando miran al cielo,
que siente cómo la alta tecnología del dolor
berrea en las praderas de la conciencia
los misereres de su propia infelicidad,
que oye sólo el ruido y el misterio de sus sentimientos
en este repetirse de los días.
Ah, y entonces, ¿dónde puedo encontrar
una razón humilde para permanecer aquí
como la imagen de un espejo que la vida
va desfigurando? ¿Y en qué lugar
de la vida puedo tomar conciencia de quién soy?

Diego Doncel

Fragmento de Aún tengo realidad.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Thomas Hardy: no viene nadie

HACIA arriba y abajo se estremecen las hojas
Y, a través de sus huecos, la luz que se desmaya
Se va difuminando, mientras llega la noche.
Fuera, en la carretera, los hilos del telégrafo
Que van a la ciudad, desde la tierra obscura
Suenan al caminante como una espectral lira
Rozada por la mano de un espectro.

Un coche se aproxima con luces encendidas
Que brillan sobre un árbol:
Es claro que no tiene nada que ver conmigo
Y prosigue ruidoso en mundo sólo suyo,
Pero dejando atrás el aire ennegrecido;
Mudo me quedo solo junto a la puerta, pero
Nadie hasta aquí se acerca.



Thomas Hardy
En Los poemas del novelista.
Traducción de Adolfo Sarabia.
Editorial Hiperión.