sábado, 20 de abril de 2019

Luis Muñoz: Dos poemas de Vecindad

CIELO RASO


                        A francisco Ramallo y Sebastián Chisari

Uno de eso días en que todo
nos parece nítido y extraño:
el agua al filo del pavimento,
los cascos resplandecientes
de los barcos,
los grandes ovillos azules
y limpios de las redes,
nuestros jerséis bocones
de punto con el olor del otro,
la familiaridad con que el mundo
nos acoge y quita peso.

¿Nítido y extraño? Sí,
cada cosa que hacemos
pasa un signo de interrogación
a las otras: encontrar
placer al desenroscarnos
por las cuestas del pueblo,
hallar vida en las paredes
descarnadas de los balcones,
mirar hacia los lados, sonreír.

EXÁCTAMENTE IGUAL

No tener es no tener,
tenerlo.

Con qué coraje.
Con qué frontal
acuden las notas de su ímpetu.

Estremecerse donde
se abre una tapadera,
cocinar las cosas no cocinadas,
el fuego ajeno, propio.

Los viceversa vibran
al cruzarse de lado.




Luis Muñoz
En Vecindad.
Visor poesía.

viernes, 12 de abril de 2019

Yannis Ritsos: fragmento de "Agamenón"

Ellos se habrían dado cuenta de cuán vigoroso, de cuán achacoso soy-
desafiantes ambos. Un atardecer paseaba solo a la orilla del març,
una pazdorada; el mar arrebolado; un remo que de pronto pareció prenderse en llamas. Sobre las rocas
habían extendido una grande vela roja. Del cuartel, arriba,
me llegaba una canción solitaria, lastimera,
tibia e ingrávida, como un vestido recién abandonado por un hermoso cuerpo-
una canción tibia que yo tenía entre las manos mientras paseaba
en el frescor de la tarde, al lado de los barcos. Todo alrededor
emanaba una fragancia como de maíz tostado y algas.
Un poco de agua debió caer, borbotando, en un tocón en ascuas. Afuera de las tiendas de campaña
habían encendido grandes hogueras para el rancho vespertino.

La muerte parecía tan fácil. Me acordé del taciturno Filemón. Una noche,
en la que, dentro de la tienda, todos ebrios parloteaban sin parar
de hazañas, mujeres, caballos, Antíloco desafió con burlas
su sosiego y su mesura. Y Filemón dijo: "Me preparo", nada más;
y continuó encorvado como estaba, sin beber, con los codos puestos en la mesa
y la cara hundida entre las manos. Detrás de sus dedos
resplandecía una extraña sonrisa. "Me preparo". Al amanecer
Antíloco salió de la tienda, se volvió hacia el Oriente y con la alegría
del actor y la irreverencia de la juventud declamó su plegaria al sol.

No sé cómo retuve sus últimas palabras. “Oh, sol — decía—
tú que con un dedo abres un hoyo dorado sobre el muro negro
y brotan de ahí dos pájaros, uno rojo, otro celeste—
el rojo se posa sobre mi rodilla, el celeste encima de mi hombro—“. Y
en ese momento, dos grandes pájaros volaron por encima de él—
eran dos cuervos. Ni él ni Filemón volvieron.
En un lécito blanco grabamos dos hermosos pájaros—el rojo y el celeste.






Yannis Ritsos
en Agamenón.
Acantilado.

martes, 2 de abril de 2019

Arturo Tendero: Selfie

Bien entrada la noche
de agosto y con calor aún, como llamado
por un presentimiento, alzo la vista
y ahí, donde han estado siempre,
palpitan las estrellas.

Me fijo en lo profundo, donde solo
nos cabe aventurar las matemáticas,
y dejo que me bañe entero el espectáculo:
desde el chisporroteo del bib bang
hasta esta hora secreta de un planeta
que gira ensimismado.

Me asombran esas ondas
que llegan hasta mí parpadeando
después de recorrer tanto silencio
y a tal velocidad
que no cabe pensar,
solo aceptarlas.

La rauda eternidad
se exhibe quieta
a este humilde mortal
que la contempla
sentado en una silla
de anea en la terraza.



Arturo Tendero
en El otro ser.
Siltolá poesía.

lunes, 1 de abril de 2019

Álvaro Valverde: La terraza

ES Palma. Podría ser Palermo
o cualquier otro sitio de Sicilia.
O Nápoles, una casa de campo
de las muchas que pueblan
las faldas del Vesubio,
como aquélla que vimos
en Viaggio in Italia,
el film de Rossellini.

Una terraza amplia
y dos palmeras.
Al fondo, las montañas.
El mar, que no se ve,
se intuye por la luz;
una atmósfera, un tono
que es mediterráneo.

Quien posa es de muy lejos,
sus rasgos lo delatan.

En su rostro, no obstante,
el color, la mirada
pasarían por nuestros.
Y la melancolía, tan latina.

Alguien que ha muerto
Eligió este lugar
para pasar el resto
de lo que fue su vida.
Ella recuerda.
Desde esa barandilla
—la mirada difusa—
Triste le piensa.




Álvaro Valverde
En El cuarto del siroco.
Tusquets editores.

sábado, 30 de marzo de 2019

Natxo Vidal: 7

Igual que Kirsten Dunst,
inmóviles,
nos limitamos a contar las horas
mientras ese planeta se aproxima.
No deseamos nada.
Solo, tal vez, que el fuego
nos ilumine un poco, antes de
quemarnos.


Natxo Vidal
En Mi parte de la pólvora.
Huerga & Fierro editores.

domingo, 24 de marzo de 2019

Gata Cattana: Hojita de menta.


Nosotras siempre hemos sido
lo que nunca seremos.

 Hemos vaciado la copa
 y esputado los restos,
 hemos visto a la mediocridad
 vestirse de hegemonía,
 hemos mirado
 con los ojos soberbios,
 perdonavidas,
 y les hemos perdonado,
 y es algo que jamás nos perdonarán.

 Hojita de menta, Hojita de menta,
 nos columpiamos en la ignorancia,
 creímos en el conocimiento
 en perjuicio del status quo,
 elegimos la epopeya como Aquiles,
 elegimos la manzana,
 y eso es algo que jamás nos perdonarán.

Nosotras fuimos
 de costumbres prehistóricas,
 de leer junto al fuego
 el arrabal y la vanguardia,
los textos sagrados y las fisuras,
 eruditas hasta la arcada,
 sabiondas, repelentes
 hasta la médula.

 Fuimos un mucho de puta
 y un poco de monja,
 demasiado humanas para endiosarnos,
 demasiada idea para tan poca carne,
 fuimos tan del sur
que le dimos la vuelta,
 fuimos tan incógnitas
 que ni nosotras mismas
 sabíamos muy bien.
Y por si acaso el revólver.

 “Lo importante no es ser muy listo
 sino ser buena persona”,
decía mi madre y después dirías tú
más mentirosa que nunca.
 Nosotras quizás no éramos tan listas
pero ni mucho menos buenas personas.
Nosotras no éramos personas
y eso es algo que jamás nos perdonarán.
 Nosotras éramos los idus de marzo,
 la conjura, la disidencia,
 la disidencia siempre,
 fuera cual fuera el autor
 o el imperio,
 nosotras éramos un blanco perfecto,
 la plebe enardecida pedía crucificados
 y ahí nosotras, veníamos a dárselos
 con los brazos abiertos,
 alguien tenía que profanar toda esa mierda.

 No eran tiempos fáciles
 para nadie,
 para nosotras fue como matarnos,
 como la flecha en el talón,
 el comienzo del nuevo siglo
 y la vuelta a la Pangea.
 Los humanos se reubicaban
y corrían a por los dólares despavoridos.
 Los empresarios promovían reformas laborales
 y los gobiernos legalizaban la esclavitud.

 Y en medio de todo esto
 me dices que te vas,
 y te vas,
 y me dejas aquí con los planos sin acabar,
 con los apuntes de filósofos
 que dicen cosas de esas que te gustan,
 y la palabra en la boca.
 Eso es lo de menos.

 Lo demás es cargar yo sola
 con todas esas dudas
 existenciales, tripipoéticas, estrafalarias,
 y escucharte contradecirme y aconsejarme
 por donde quiera que vaya,
como una voz en off,
 como un fantasma.
Dos locas siempre son menos locura
 que una sola loca,
 dos locas es algo más normal,
 pero ¿una loca sola vaciando la copa
 y esputando los restos,
 escuchando voces
 y clamando al cielo,
 leyendo a Deleuze
 sin que tú me lo expliques
 y mentándote por ahí
 como una aparición?
 Eso sí que no.
 Eso es algo que jamás te perdonaré.



Gata Cattana
En  La Escala de Mohs
Verso & cuento. Editorial Aguilar. 

lunes, 11 de marzo de 2019

Clara Janés: El jinete

Potros salvajes corriendo por la playa entre olas y espumas...Asi es de impetuoso mi deseo, bañado de agua y yo saltando. Por ello me enamora que me cabalgues, y en juego de vaivén yo te acompaño y acaricio tus calcañares, de rodillas en ti, y sobre las tuyas suavemente adelanto mi crin hacia la punta de tus extremidades. Observa la belleza de mi dorso de nácar, mira que ya te robo los dedos de los pies con mis belfos; mira con qué ligereza podemos ir al trote y al galope del amor más desbocado. Y cuida de que ni un solo brinco me separe de tu adorado señorío.


Clara Janés
En Kamasutra para dormir a un espectro.
Síruela. Libros del tiempo.