martes, 25 de agosto de 2020

Basilio Sánchez: Dos poemas de Esperando las noticias del agua.

XXXI


 AÚN altos en la noche,

despojados de hojas,

apacibles

en la melancolía de su herida,

los árboles se mueren hacia adentro:

no hay más duelo

que el de sus propias ramas

resistiéndose erguidas

ni más llanto que el de sus gorriones.


Bajo una luna roja

que remansa su luz en los cercados

que han quedado desiertos,

los miro, silencioso, como lo harían conmigo:

sin moverse,

como si en este instante

no pudiese haber nada ante mis ojos

con tanta dignidad

y con tanta grandeza.


La vida nos enseña a soportar la intemperie.


Pasaremos nosotros

y los árboles

seguirán siendo fieles al horizonte y a la luna.



XXXVIII


LA mesa de madera

de mi alcoba

nunca ha echado raíces,

pero guarda en sus vetas 

el temblor de los pájaros.


Ninguna voz es dueña

de sí misma,

toda voz es reflejo de otra voz,

toda palabra,refracción de la luz de otra palabra.


Subido a lo más alto de mi sangre

sobrevivo a la deriva del siglo

respirando por ti.


Basilio Sánchez

en Esperando las noticias del agua.

Pre-textos. Colección cruz del sur.


lunes, 17 de agosto de 2020

Louise Glück: Higos

 Mi madre preparaba higos en vino,

escalfados con clavo, a veces unos pocos granos de pimienta.

Higos negros de nuestro árbol.

Y el vino era tinto, la pimienta dejaba un sabor a humo en el sirope.

Solía sentirme como si estuviera en otro país.


Antes de eso, había pollo.

De vez en cuando, en otoño, relleno de setas.

No siempre había tiempo para eso.

Y el clima debía ser el correcto, justo después de la lluvia.

De vez en cuando era sólo pollo con limón adentro.


Descorchaba el vino. Nada especial;

algo que le habían dado los vecinos.

Extraño ese vino -lo que ahora compraría no sabe tan bien.


Preparo estas cosas para mi esposo,

pero no le gustan.

Quiere los platos de su madre, pero no los preparo bien.

Cuando lo intento, me enfado.


Él trata de convertirme en una persona que nunca fui.

Cree que es cosa simple:

picas un pollo, arrojas algunos tomates en la sartén.

Ajo, si hay ajo.

Una hora después, estás en el paraíso.


Cree que mi trabajo es aprender, no su trabajo 

el enseñarme. No necesito aprender lo que mi padre cocinaba.

Mis manos ya sabían, bastaba oler el clavo

mientras hacía mis tareas.

Cuando fue mi turno, tenía razón, sí sabía.

La primera vez que los probé, volvió mi infancia.


Cuando éramos jóvenes, era diferente,

mi esposo y yo estábamos enamorados. Lo único que queríamos

era tocarnos.


Vuelve a casa, está cansado.

Todo es arduo, ganar dinero es arduo, ver cómo tu cuerpo cambia

es arduo. Puedes con estos problemas cuando eres joven,

algo es difícil por un rato, pero tienes confianza.

Si no funciona, harás algo distinto.


lo que más le molesta es el verano -el sol lo saca de quicio.

Aquí es implacable, sientes cómo envejece el mundo.

La hierba se seca, los jardines se llenan de maleza y babosas.


Alguna vez fue para nosotros la mejor estación.

Las horas de luz cuando él llegaba a casa, luego del trabajo,

las convertíamos en horas de oscuridad.

Todo era un enorme secreto,

incluso las cosa que decíamos cada noche.


Y el sol descendía lentamente;

veíamos encenderse las luces de la ciudad.

Las noches estaban lustrosas de estrellas, estrellas

que brillaban sobre los edificios altos.


A veces encendíamos una vela.

Pero la mayoría de las noches no. Pasábamos casi todas las noches a oscuras,

con nuestros brazos en torno al otro.


Pero estaba la sensación de que podías controlar la luz.

Era una cosa maravillosa; podías hacer que todo el cuarto

refulgiera de nuevo, o podías yacer en el aire nocturno,

escuchando los coches.


Nos callábamos luego de un rato. La noche se callaba.

Pero no dormíamos, no queríamos abandonar la conciencia.

Le habíamos dado permiso a la noche para que nos llevara;

yacíamos ahí, sin interferir. Hora tras horas, cada uno

escuchando la respiración del otro, viendo las luces cambiar

en la ventana al final de la cama;


pasara lo que pasara en esa ventana,

estábamos en armonía con ello.



Louise Glück

en Una vida de pueblo.

Pre-textos. Colección la cruz del sur.

Traducción de Adalber Salas Hernández.


martes, 11 de agosto de 2020

Sharon Olds: Un poema de Satán dice

 LAS MONARCAS


TODA la mañana, mientras sentada 

pienso en ti, pasan las monarcas. A siete pisos de altura, 

a la izquierda del río,  dirigen 

hacia el sur, sus alas el negro rojizo de 

tus manos como manos de carnicero, las erguidas 

venas de sus alas comotus cicatrices. 

Yo apenas pude sentir tus gruesas y ásperas palmas sobre mí, tan leve fue su contacto, 

el suave roce de la mejilla como una pata de insecto 

en mi seno. Nadie me había 

tocado antes. Ni siquiera sabia abrir 

bien las piernas, per sentí tus muslos, 

revestidos de un vello de rojo dorado, 

                                                             abrirse 

como un par de alas 

entre mis piernas,

la marca de mi bisagra desangre en tus muslos

como algo alada fijando allí con un alfiler

y luego saliste, como saldrías

una y otra vez, mientras cantidades de mariposas

pasaban frente a mi ventana, flotando

hacia su metamorfosis en el sur, cruzando

fronteras durante la noche, su difusa nube

color sangre, mi cuerpo bajo el tuyo,

y la belleza y el silencio de las grandes migraciones.


Sharon Olds 

En Satán dice.

Igitur. 

Traducción de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria.

domingo, 26 de julio de 2020

Sharon Olds: Dos poemas de Los muertos y los vivos.

HIJO

De vuelta a casa desde el bar sólo para mujeres,
entro en el cuarto de mi hijo.
Duerme -bella cara con pecas
echada hacia atrás, el perfil escarlata de su boca
ensombrecido y aromático, sus pequeños dientes
con un brillo mate y lácteo en el oscuridad,
sus opalinos párpados temblando
como alas de insecto, las manos cerradas
 en mitad de la noche.
                                       Hágase suficiente
espacio para esta vida: la cabeza, los labios,
la garganta, las muñecas, las caderas, el pene
las rodillas, los pies. Que no quede ninguna parte
sin alabanza. En todo nuevo mundo en el que nos adentremos,
llevemos a este hombre con nosotros.


PREADOLESCENTE EN PRIMAVERA


A través de la puerta de cristal, tan fina como leve escarcha en el estanque,
mi hija me llama.
Está chupando un hielo, hay un taza con cubitos
a su lado que brillan y se van separando.
El sol se refleja en su pelo oscuro como la
tierra compacta de un pinar,
el olor de la resina reciente asciende como el
olor a sexo. Salta desde el porche y
corre por la hierba, sus nalgas como un albaricoque
aún sin madurar. Regresa, el pelo
humeante, la cara fresca y límpida,
piel así de vida, con el blanco translúcido de la
vaina del algodoncillo. Pesca
con la lengua otro cubito de la taza.
A nuestro alrededor las briznas aplastadas de los bulbos
brotan desde dentro de la tierra.
Sobre nosotras los capullos se abre. Yo me aferro
a esta niña que está a mi lado, y ella
apoya su cuerpo en mí, su peso,
sus capas aún plegadas, su fragancia sólo
a medio liberar, pero el hielo ahora rápidamente
se derrite en su boca.


Sharon Olds
en Los muertos y los vivos.
Bartleby Editores.
Traducción de J.J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas.


martes, 21 de julio de 2020

Diego Sánchez Aguilar Primera reflexión sobre la nieve

El cielo ya no es nada.
Y de la nada emergen las cenizas, 
blancas y lentas, exiliadas del tiempo.

No nos pertenece el milagro, ni e lejano incendio.
Pero, por un instante, nos cubre la alegría 
aunque solo acertemos a decir:
Mira, está nevando.

Esta felicidad en silencio, 
esta nostalgia de lo que no hemos conocido 
y sin embargo aparece ante nosotros, 
de la nada, sobre el asfalto.

Hasta que los coches la convierten en barro 
y todo vuelve a su sitio 
como un reloj que vuelve a funcionar de repente, 
un apagón que se arregla demasiado pronto.

Cuando todo esto arda, 
cuando tú y yo ardamos de frío, 
sobre qué otros campos caerán estas cenizas del invierno.
En qué otros mundos mirarán  al cielo vacío 
y verán aparecer de repente los copos ingrávidos, 
como un don que no han perdido.



Diego Sánchez Aguilar
en La cadena del frío.
La estética de fracaso.

Natxo Vidal: poema de Así termina.

También
hay quien aguarda, sin embargo,
hallar lo inesperado en el cantar
de los gorriones.
Y con la esperanza
pasa la vida entera,
oyendo ese cantar monótono,
repetido, de pájaro
obrero.
Confío,
dirá en su juventud,
en el futuro:
ese lugar donde los pájaros
cantan de otra manera.
En su vejez dirá
recuerdo los gorriones
hermosos de mi juventud.

Crece la hierba.
Hay muchos caracoles.















Natxo Vidal
En Así termina.
Frutos del tiempo.

lunes, 6 de julio de 2020

María Elena Higueruelo:Cosecha el día

DICHOSO aquel que en la edad última
torne a las cenizas luminosas del origen
y halle entre las pavesas una rosa.

                                Esta rosa: ¿acaso existe
o no es más que la sombra de un espectro?
Dichoso aquel que en la rosaleda encuentre
el modelo de lo que un día fue materia.

¿Dónde? ¿Dónde están aquella esa
esta rosa cuyo brillo
ya se huele tras el borde
de la noche incandescente?
El lugar ideal es la memoria
que de estas tres rosas hiciera un ramo.

Dichoso aquel que no vivió
cada día como el último:
en el último día, como Booz,
cogerá las rosas sin ser virgen.

Cosecha el día: siembra el sol
que en el horizonte florezca
y riegue la rosaleda en un destello.
Cuando pasado y futuro se fundan
en el instante -afilado hilo de luz-
brotará la flor que descierra
la puerta de los días eternos.


María Elena Higueruelo
en Los días enternos.
Adonais, Ediciones Rialp.