martes, 26 de octubre de 2010

Formas de decir adios


Esperó el instante en que el expreso del norte cruzó lentamente el puente de hierro. El expreso pasó, y desapareció detrás de la fachada de la estación.
Entonces Ganin cogió las maletas, llamó a un taxi, y dijo al taxista que lo llevara a otra estación, a la estación situada en el otro extremo de la ciudad. Eligió un tren que salía para el sudoeste de Alemania, dentro de media hroa. Gastó la cuarta parte de cuanto dinero tenía en el mundo para pagar el billete, y con agradable excitación pensó la manera en que cruzaría la frontera sin necesidad de un solo visado. al otro lado se extendía Francia, la Provenza, y después el mar.

El tren partió y Ganin se sumió en un leve sueño, con el rostro oculto por los pliegues del impermeable colgado de un gancho, sobre el asiento de madera.

Vladimir Nabokov en
Mashenka.
Anagrama bolsillo

lunes, 18 de octubre de 2010

Extraña felicidad


FORÊS 2008

De niño pasé solo mucho tiempo.
La vida me devuelve a aquel lugar
donde sin prisas puedo, como los pájaros,
sentir que la distancia está en los ojos.
Por fin la soledad, que comparte conmigo
una mujer mayor enamorada
en su noche, donde tampoco hay nadie.
Los periódicos, sobre una butaca,
son como un animal de compañía
que yace, indiferente, dormitando.
La soledad es una geografía.
No conmemora nada.



Joan Margarit
en Misteriosamente feliz.
Visor.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Fragmento de La novia de Wittgenstein


Soy el símbolo escrito la línea de un antílope con patas de semántica que surge del poema que huye de su cuerpo que salta y no se encuentra pues la huella que escribe es la caligrafía que ahora mancha de letras la planicie borrada y sólo ve el aroma de cascos en la nieve o entre la hierba seca que nade de mis ojos


Dolan Mor
en La novia de Wittegenstein
Nausicaä. Colección La rosa profunda.
XXIV Premio Poesía Barcarola

jueves, 7 de octubre de 2010

Comentarios a las obras del autor


EL AUTOR EN INGLATERRA
LITOGRAFÍA SOBRE IMITACIÓN DE PAPEL JAPONÉS
IMPRESIÓN DE PRUEBA (54,8 x 32 CM)

"En los años ochenta, el autor y otro grupo de personas se reúnen en torno a un espacio experimental al que bautizan con el nombre de "Inglaterra". Para comunicarse dentro de los límites de este espacio imaginario desarrollan una lengua a la que llaman "inglés", muy parecida al inglés convencional pero con la inclusión de palabras inventadas para la ocasión. Cuando, a petición de las verdaderas autoridades inglesas, la policía los desaloja de esta Inglaterra de pega, el autor pronuncia la famosa frase "That´s all, folks", que pronto se convirtió en un emblema para otros idiotas."

AUTORRETRATO FUMANDO
ÓLEO SOBRE LIENZO (207 x 183 CM)

"Las preferencias del autor por imágenes que nos recuerdan a otras imágenes podrían ser una resolución del azar o una perturbación temporal, pero nunca un plagio. Según el autor, este método arbitrario de composición artística es "bueno para mí y bueno para los míos, y ningún juez tiene derecho a decirme lo contrario, aunque acato el veredicto y pagaré todo lo que se me reclama".


AUTORRETRATO CON SOMBRERO
PUNTA SECA (79,7 x 64,1 CM)

"El autor puede pasarse horas hablando de su trabajo. De hecho, el autor prefiere hablar de sus obras que crearlas. "Crear es secundario para mí. Prefiero exhibirme en un café -ha dicho en más de una ocasión-. Como no me siento obligado a pintar, puedo hablar indefinidamente. Tanto como quiera. Aunque me cueste dinero. Prefiero perder dinero antes que irme a pintar.". Durante mucho tiempo, la única manera de obtener producción artística del autor era secuestrándolo y encerrándolo en su propia casa, habiéndole desprovisto antes de cualquier otro accesorio que no fueran folios y lápices o pinturas, etc. Incluso de esta manera, si uno pegaba la oreja en la puerta de su domicilio, se le podía oír hablar solo durante horas."

Fragmentos de Comentario a las obras del autor.

Carlo Padial
en Dinero gratis.
Libros del silencio.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El mensajero de los astros


Dios para los que cantan en el pájaro,
Dios para los que tienen siete labios.
JUAN EDUARDO CIRLOT.

Y sin embargo yo, Galileo Galilei, músico por vocación, he oído las moscas de la eternidad alrededor de cuanto aún es posible contar con los dedos. Tengo razones para pensar que el alma es una bola de plomo que oscila en el temor como sombra de un péndulo. Tuve motivos sin haberlos soñado. Imaginé la edad del hexágono, oí su vibración bajo los ojos de Homero. Conozco la fórmula de la nieve, en cada sótano de su geometría he alimentado una lámpara. Yo Galilei, arrodillado ante las estrellas del gorro de Merlín, abjuro de haber cavado en la realidad hasta hallar la mortaja a la novia de las serpientes. Dejo la hipótesis de mis únicos bienes al campesino de las matemáticas. Reniego de los carbones etruscos donde enciende su reino la sonrisa de cuantos permanecieron sordos. He sembrado mi falsedad en el colegio de la muerte. No hay sin embargo que valga. Quede para Giulia Ammannati di Pescia, mi madre, la voz que maldigo, y el gesto de la torre de Pisa.

Juan Carlos Mestre
en La casa roja.
Calambur, 2008.

viernes, 18 de junio de 2010

Kampa


Desde aquella mañana
estoy corriendo
camino de Praga.
Se me caen los días de las manos,
me resbala la vida,
y siento
que el universo
recoge para mí sus estaciones,
el viento del otoño,
las nieves y los fríos del invierno
doblados como sábanas
en el armario oscuro
del devenir.
Busco en mi propia imagen la belleza de antaño,
y voy tirando al paso
los gestos que no tienen
la pura transparencia de la flor del almendro.
Deshilo los ropajes que me esconden,
me deshago del lastre de mi cuerpo.
Quiero llegar desnuda,
para que nada entorpezca nuestro encuentro.
Vacía de mí misma,
para acoger todo tu sufrimiento.

Y me viene todo el llanto
a los ojos
al pensar en tu puerta
cerrada de tres vueltas.

Clara Janés
en Poesía erótica y amorosa.
Vaso Roto Poesía.

lunes, 14 de junio de 2010

En el café de la juventud perdida


Se había hecho demasiado tarde para coger el último metro. Nada más pasar el café, había un hotel cuya puerta estaba abierta. Una bombilla desnuda iluminaba unas escaleras muy empinadas con peldaños de madera negra. El vigilante nocturno ni nos preguntó los nombres. Se limitó a decirnos el número de una habitación en el primer piso. "A partir de ahora, a lo mejor podríamos vivir aquí", le dije a Louki.
Una cama individual, pero no nos resultaba demasiado estrecha. Ni visillos ni contraventanas. Habíamos dejado la ventana entornada porque hacía calor. Abajo había callado la música y oímos carcajadas. Louki me dijo al oído:

-Tienes razón. Deberíamos quedarnos siempre aquí.

Imaginé que estábamos lejos de París, en algún puertecito del Mediterráneo. Todas las mañanas, a la misma hora, íbamos por el camino de las playas. Se me ha quedado grabada la dirección del hotel: calle de Le-Grand-Prieuré, 2. Hotel Hivernia. Durante todos los años cetrinos que vinieron a continuación, a veces me pedían mis señas o mi número de teléfono, y yo decía: "Lo mejor será que me escriban al Hotel Hivernia, en el número 2 de la calle de Le-Grand-Prieuré. Y me harán llegar la carta". Debería ir a buscar todas esas cartas que llevan tanto tiempo esperándome y que se han quedado sin responder. Tenías razón, deberíamos habernos quedado siempre allí.


Patrick Modiano
en En el café de la juventud perdida.
Anagrama