sábado, 11 de abril de 2015

Andrés García Cerdán: Nada más





















Escribir un libro que duela
como duelen las cosas más hermosas.
Que la memoria diga, al mismo tiempo,
toda la dicha y toda la nostalgia
de lo que ha sido puro. Nada más.
Mientras ladren los perros,
mientras se envuelva en seda la crisálida,
devanar el ovillo, ir afilando
la rueca e ir tejiendo una noticia
en cuyo centro quepan los relámpagos
y el barro del camino. Solo así
será posible darles un sentido
a estas palabras broncas y deformes
con las que luchas. Solo así
conseguirás que Jano y los demás
dioses de la ciudad concedan
que en verdad has vivido
y que fue hermoso y que dolía.






















Andrés García Cerdán
en La sangre.
Valparaíso ediciones.

sábado, 14 de marzo de 2015

Philip Larkin: Ventanas altas








Cuando veo una parejita e imagino
que él se la folla y ella toma
píldoras o usa un diafragma,
sé que ése es el paraíso

 que todo viejo soñó la vida entera:
ataduras y prejuicios desechados
como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes
deslizándose sin límites, ladera abajo,

 hacia la felicidad. Me pregunto si
cuarenta años atrás, mirándome, alguien
habrá pensado: Eso es vida;
nada de dios, ni de sudar de noche 

 pensando en el infierno, ni de ocultar 
lo que opinas del pastor. Ese y sus 
amigos se deslizarán, maldita sea, 
libres como pájaros. Y de inmediato,

más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.















Philip Larkin

en Poesía reunida.
Lumen.
Traducción de Marcelo Cohen y Damián Alou

jueves, 5 de marzo de 2015

Alberto Soler: Poem
















¿Cómo será vivir en otra lengua?
Quiero decir haber vivido-
¿Cómo comprar tu primer cigarrillo
en otra lengua,
besar a un hombre por primera vez,
conducir un coche solo por primera vez,
zambullirte desnudo en el mar
en otro idioma?
¿Cómo será aquel noviembre en otra lengua?
¿Cómo será decir en otra lengua
aquello que dijimos sin decir?

Alberto Soler
en Los tigres devoran poemas por amor.
Editorial Balduque.

viernes, 13 de febrero de 2015

Constantino Molina Monteagudo: El corazón del mármol

El rapto de Proserpina, G. Bernini






















ESTE trozo de mármol que ahora observo
descansaba en el sueño soterrado
de unas colinas próximas a Roma.

Ya entonces, muchos siglos
antes de que naciera su escultor,
en la entraña del monte,
Plutón y Proserpina se enzarzaban
en su lucha insistente.

Las manos de su autor
no eran de hueso y carne todavía,
y el corazón del mármol ya tomaba
la forma de los cuerpos.
Ya los dedos se hincaban en el muslo
y ondulaba el cabello en movimiento.

Fue al pasar cientos de años
cuando alguien acabó por escuchar
el corazón del mármol:
allí donde la piedra se hace carne
y, al contrario, la carne se hace piedra.

Y fue entonces así
que un pequeño cincel siguió el dictado
latente de la roca,
que vieron luz los miembros y los gestos
ya para siempre eternos de aquel mito
y que el pulso dinámico del tiempo,
mientras todo seguía siendo bello y cruel,
se llevaba de nuevo las manos de Bernini
hacia el polvo infinito de la nada.



















Constantito Molina Monteagudo
en Las ramas del azar.
Rialp. Premio Adonáis 2014.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Anne Carson: El Beckett de ella

Visitar a mi madre es como empezar con una obra de Beckett.
                Conoces esa sensación de atravesar la corteza,
la densa oscuridad oh no del pequeño cuarto
con paredes demasiado estrechas, tan predecibles.
Tintineo y súbito esfumarse de juguetes que son de la memoria
y por error aparecen ahí, vagando asfixiados
                                                                  en la página del dolor.
                                                                               Peor
                                                                 responde cuando pregunto,
                                                   a pesar del (¿era abril?) brillo vivaz de sus ojos:
"salimos a remar por el Lago Como"
asoma apenas de sus labios.
                  Nuestro amor, ese locuaz instigador,
                               recorre el cuarto
                                             azotándolo todo
                                                               y se esconde otra vez.


Anne Carson
en Decereación.
Vaso roto poesía.
Traducción de Jeannette L. Clariond.

martes, 18 de noviembre de 2014

Wisława Szymborska: Dos poemas de Hasta aquí



RECIPROCIDAD

Hay catálogos de catálogos.
Hay poemas sobre poemas.
Hay obras sobre actores representadas por actores.
Cartas motivadas por cartas.
Palabras que sirven para explicar palabras.
Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.
Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.
Hay papeles que provienen de legajos de papeles.
Miradas vistas.
Casos declinados por caso.
Grandes ríos con gran participación de otros pequeños.
Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.
Máquinas destinadas a construir máquinas.
sueños que de repente nos arrancan del sueño.
Salud necesaria para recuperar la salud.
Escaleras tan hacia abajo como hacia arriba.
Gafas para buscar gafas.
Inspiración y espiración de la respiración.
y ojalá de vez en cuando
odio al odio.
Porque a fin de cuentas
lo que hay es ignorancia de la ignorancia
y manos ocupadas en lavarse las manos.

A MI PROPIO POEMA

en el mejor de los casos
serás, mi querido poema, atentamente leído,
comentado y recordado.

En el peor de los casos
sólo leído.

Hay una tercera posibilidad:
aunque escrito,
un instante después arrojado a la papelera.

Puedes optar aún por utilizar una cuarta salida:
desaparecer no escrito
ronroneando satisfecho algo para tus adentros.



Wisława Szymborska
en Hasta aquí
Bartleby Editores.
Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Leopoldo María Panero: Poema XIV de Rosa enferma.























PSIQUIATRA toxicológico pregunta mi nombre al dolor
Solo él sabrá decírtelo
Solo él sabrá el nombre de una princesa que aúlla
Contra mi piel
Que aúlla contra el absoluto de la noche
Y tiene miedo del silencio
Que se derrumba sobre mi piel
Buscando la eternidad del gusano
El horror de estar vivi
Rezándole a la carne
Horadando la pared con el berbiquí de la sombra
Y contra la amapola del desastre
Que sobrevuela la vida como un pájaro
Y cae sobre ella sin dolor
¡Oh, tú, Stindberg!, que bailabas sobre el dolor
Y orinabas sobre las tumbas
Cuando yo muera quedará solo
Un rastro de baba
Solo una herida sin dolor
Solo una tumba humillada
Solo una flor contra nadie
Solo el nombre de Joyce
¡Ah tu siesta de los Finnegans!
Solo dibujas la eternidad
Como una flor que cae contra el suelo
Y escupe contra el dolor.













Leopoldo María Panero
en Rosa enferma.
Huerga & Fierro.