domingo, 4 de septiembre de 2022
Mary Oliver: En nuestros bosques, algunas veces una extraña música
Luis Escavy: Dos mundos
Me sorprenden los restos del poema.
Sin que hubiera previsto
la materia que creo cuando escribo
dos mundos se suceden en la página.
A un lado los poemas
que traducen la vida
o la hacen mejor de lo que fue.
Al otro lo que soy, mis borradores,
mi nada, mi equipaje,
ese mundo que amo y que traiciono.
Luis Escavy
en Otra noche en el mundo.
Sonámbulos.
jueves, 25 de agosto de 2022
Sharon Olds: Lo que bien amas
Y luego, por la noche, me despierto, y no soy
capaz de recordar cómo conocía a mi ex,
y pienso: dejé entrar a un desconocido
a mi vida. Luego recuerdo que nos conocimos
en una fiesta, era el amigo de un amigo de un amigo: todos
estudiantes de medicina que, a mis ojos, daban la impresión,
aquellos días, de estar garantizados y asegurados.
Pero no lo conocía a él. De repente entiendo
que mis padres fueron para mí dos desconocidos:
como una pareja de la calle, los dejé entrar,
en una oleada de alquimia, a las células
de mi cuerpo y mi cerebro, les di una existencia nueva,
no sabía quiénes eran, y cuando me mostraron
quienes eran, no me lo creí,
no quería conocerlos, quería que fueran desconocidos,
no quería verlos: y a mi pareja elegida,
no podía, o no quería, conocerla, y
no podemos amar lo que no conocemos, o no
podemos amarlo suficientemente bien. "Lo que
bien amas permanece, el resto es escoria
Lo que bien amas no te será arrebatado
Lo que bien amas es tu verdadera herencia".
Sharon Olds
en Arias.
Valparaíso ediciones.
Traducción de Andrés Catalán.
martes, 23 de agosto de 2022
Nuria Ortega Riba: El árbol.
UNA va arrastrando los pies
intentando esquivar la soledad
con un té hirviendo en la mano
y se para otra vez en este árbol
a escribir las mismas cosas
de otro modo diferente.
Engañar a los días no es tan fácil,
piensa una.
Pero qué otra cosa puedo hacer
sino pararme otra vez en este árbol.
Nuria Ortega Riba
en Las infancias sonoras.
Rialp. Premio Adonáis 2021.
Andrés María García Cuevas: Luces urbanas
A Adela
DESDE nuestra azotea la ciudad
se ve tan reducida como un mapa:
con un dedo delante de nosotros
tapamos una calle, un edificio;
con una mano, un vecindario entero.
Tendidos en el borde, la caída
de mas de quince pisos nos parece
un aljibe de luz donde, cansados,
dejamos nuestros brazos suspendidos
después de señalar luces urbanas.
Se aleja una ambulancia y su sirena
es la mejor metáfora posible
para esta noche nuestra,
cada vez más distinta y más distante.
Andrés María García Cuevas
en Las ciudades.
Rialp. Adonáis.
miércoles, 13 de julio de 2022
Ana Luísa Amaral: Dos poemas de Mundo.
EXPERIMENTOS Y EVIDENCIAS
Cuando yo era una niña,
hacíamos en la escuela experimentos
con dos imanes
y una hoja de papel
Era una danza extraña
y fascinante,
la del imán posado en el papel
obedeciendo al otro, al encubierto,
un hércules de fuerza
misteriosa
Durante mucho tiempo
yo creí
que el magnetismo era cosa
de hombres sabios, aquella cometa
de Benjamin Franklin se grabó en mi memoria:
la cometa volando
y entre las nubes, el relámpago
y la promesa de apresar la luz
Yo no sabía entonces que hace sólo unos años
pudo por vez primera una mujer
usar un telescopio de excelencia,
probar que existe la materia oscura
en la belleza del momento angular
de las galaxias
Lo interno de la Historia
rechazado por siglos,
el cuerpo en negativo de tantas antes que ella:
como un grano de arena
de cara al negativo del desierto
--durante tantos siglos--
No obstante, se movieron,
una danza de carga positiva volando
en el papel, tal como es invisible casi toda
la materia, pero existe
(Está más que
probado).
GENEALOGÍAS. IMPRESIONES Y VUELOS
Era de Angola y negra mi tatarabuela,
encontré el otro día su nombre en el verso
no de un poema disperso en un cajón,
sino en un papel impresionado
con luz y cristales de plata
Fue su hijo el que escribió
el nombre en la fotografÍa, en gesto de memoria.
todavía lo recuerdo, vagamente,
yo era muy chica, él casi estaba ciego,
era violoncelista, el bisabuelo
hablaba despacito y con un ritmo
incierto y delicado
Se destiérrenlos ambas por la edad,
foto y tatarabuela:
su cabellera blanca en caracoles
(ínfimos ojos de ave tropical)
y ese cutis tan liso que le envidio, yo
que heredé su nombre, pero no la tersura
ni el color de su piel
Quizá mi hija podría revelar
pigmentos transmitidos
por esa mujer dulce,
como aún alcanzó a decir mi abuela,
mas los ojos azules de mi hija
le vinieron de nuevas impresiones
El pigmento lanzado por el tiempo
De ADN común
Le ha llegado a mi hija
En invisible capa: en figmento de piel
Imperceptible, una herencia de voz:
En música de mora más que de violoncelo
Con su ritmo europeo
No se extinguen realmente los volcanes,
Antes han de abrigar, en conmoción de luz,
Reimpresiones nuestras
Teñidas por la música de eternos filamentos:
Pájaros que algún día, la copia nunca igual,
Pero de tan gloriosa imperfección
Que el vuelo les es ala
Ana Luísa Amaral
en Mundo.
Traducción de Paula Abramo.
Poesíasextopiso.
lunes, 11 de julio de 2022
Juan de Dios García: Dos poemas de Canto fenicio
Generación del 75
Mi padre empezó el año entrando en mi madre con descuido. Cuando llegó el otoño, lo reclutaron para la Guerra del Sáhara y en las escalerillas del avión lloró por primera vez ante su esposa embarazada.
Frranco murió y David Bowie dedicó un disco a los jóvenes americanos. Dos décadas después creí que la literatura era fumar hierba y beber cerveza en un piso de estudiantes, leyendo en voz alta un libro de Kavafis y sonando de fondo el órgano de Ray Manzarek.
En una de esas fiestas a alguien se le ocurrió preguntar si estaríamos dispuestos a aniquilar todas las religiones del mundo. El sí colectivo fue apoteósico. Tocaba decidir cuál iba a ser el orden de ejecución. Había dudas entre si la segunda debía ser el islam, el judaísmo o el cristianismo, pero la primera la teníamos todos muy clara.
Estábamos hechos de velocidad, pero eso no era la literatura.
No puede uno elevarse sin ensuciarse las manos, por eso hoy solo tengo una tormenta y un paraguas agujereado, por eso nunca he escrito un poema sobre mi madre. ¿No lo estoy haciendo siempre? Me estremece aún ese niño asustado, buscándola, perdido entre la multitud del mercadillo de los miércoles.
Introversión
Cada vez más oriental. Mi oficina es un lago interior. Me siento a escribir delante del ordenador totalmente desnudo.
Mientras al mundo le crece el cabello, yo solo persigo un trozo de eternidad congelado en el pecho. El truco está en que parezca que todo sucede por primera vez y que las olas te siguen dejando en el mismo lugar: siempre hacia arriba, como el humo y el poder.
Qué difícil se hace regresar de la libertad. Qué sencillo morir en ella. Qué poco importa el blablablá de los enamorados del éxito, con vocabulario napolitano y una nariz de pico de ave.
Dejé de amar para dejar amar.
La jaula está abierta y vacía. Puedo ya descansar.
Cuelgo la piel sobre el tejado, el levante la perfuma.
Me estoy transformando en un proverbio chino.
Juan de Dios García
en Canto fenicio.
Chamán ediciones.






