martes, 9 de junio de 2015

Costas Mavrudís: Primavera o lectura con notas

Cuando la tarde del 5 de abril de 1956 mi padre llegó a la última página de Madame Bovary (Ediciones Epojí. 1954), el libro, como todos los textos que leía, estaba anotado por todas partes (Ruán, "con el claro carillón de las iglesias que se alzaban en medio de la bruma"), las referencias al pasado infantil de la heroína "cuando iba a confesarse, inventaba pecadillos para permanecer allí más tiempo, arrodillada en la sombra, juntas las manos y pegada la cara a la rejilla bajo el murmullo del sacerdote", observaciones sobre la representación de Lucia di Lammermoor y el tenor Lagardy, que interpretaba e papel de Edgardo, los encuentros con Rodolphe en el hotel, e igualmente sentencias y consideraciones axiomáticas, de las que estaba lleno el libro.

Han pasado años desde la lectura
y como las anotaciones de los ausentes
permiten siempre conjeturas sobre su motivación
parece que expresaran algo pretendido
(se puede distinguir
el melancólico orgullo del progenitor
que quiere proyectar su sombra
y conversar desde la ausencia con su vástago)
par quién si no anota
en la primera y en la última página del libro
hora día y año de lectura,
es como un diario dense cuenta,
con intención de llegar al descendiente
"terminé el libro que tienes en las manos", le dice,
"el cinco de abril del cincuenta y seis,
seis meses después de la muerte de Papagos,
nueve meses antes de la conferencia
de Cosmás Politis en nuestra ciudad
(la afluencia de público fue inusitada,
si alguna vez te interesas por crónicas ya olvidadas
encontrarás los detalles),
al mismo tiempo que las cosas que he subrayado
nuestros acontecimientos siguen su curso,
dos años más tarde, concretamente,
llegará lo inevitable.
Ahora es primavera
veo enfrente los almendros,
crecen judías en el huerto.
Estoy sentado a la ventana
en la que cazaste aquella enorme langosta
(la conservamos diez años en alcohol)
añadiré
llovió dos días
la tierra olía
y conducía como siempre a inescrutables evocaciones
¿sabes?, el día que subrayé cómo "seguía el gran auge del chocolate" la farmacia del señor Homais y el pasaje en el que la criada "usaba ahora los vestidos de la señora; no todos, porque él había guardado algunos, e iba a verlos a su cuarto de vestir, donde se encerraba", en aguas del cabo Cafareo se fue a pique el Elsi (primera plana varios días en los periódicos). Me gustó debo decir  (en notro capítulo) el peluquero que "tenía un viejo grabado de modas pegado sobre un cristal". Ya verás que "se lamentaba de su vocación frustrada, de su porvenir perdido, y soñando con alguna peluquería en alguna gran ciudad, mataba el día paseando de un lado a toro, desde el ayuntamiento a la iglesia, taciturno". En el capítulo 8 de la segunda parte, la Feria del Campo (los preparativos, las autoridades, sus discursos), es una pausa, un ingenioso paréntesis entre las relaciones de los personajes y los acontecimientos. Cuánto se parece, fíjate, a cuenta Feria que todos los meses de julio ponía en jaque a la ciudad: "avanzaban con paso lento unos señores que pasaban revista a cada una de las reses y luego cambiaban impresiones en voz baja. Uno de ellos, que parecía mas importante, tomaba algunas notas, la mediocridad provinciana, las ilusiones que en ella se perdían. A lo mejor te acuerdas de los comentarios sobre el secretario del Ministerio que premió a una vaca, porque su mirada "meliflua y soñadora", le recordaba cierta relación suya de otra época,
ya re puedes imaginar de qué clase.
Alguna vez, pienso, las dos Ferias
podrían ser la misma.
Con frecuencia el tiempo, como na vieja lectura,
vuelve los hechos confusos
casi abstracciones,
no sabes a dónde pertenecen:
"El señor prefecto no acababa de llegar,
los miembros del jurado estaban desconcertados
sin saber si comenzar o seguir esperando".
Imágenes de los grandes campos fuera de la ciudad:
paisaje polvoriento,
el zumbido de las moscas,
la tarima,
el aire, ¿te das cuenta?, se mece blando,
puedes moverlo como algo sólido.
Conciudadanos nuestros con túnicas antiguas
sin moverse para la fotografía
acarician amistosos los animales premiados
deslumbrados en el continuo presente"

Costas Mavrudís
en Cuatro estaciones.
Edición bilingüe de Vicente Fernández González.
Pre-textos.

martes, 5 de mayo de 2015

Alberto Caride: Últimamente es todavía

Siempre me ha resultado imposible
mantenerme cerca del término medio.
A mis poemas en cambio no,
les basta con saborear las cosas
que no sucedieron para descubrir,
con la precisión de un sumiller,
a qué hubieran sabido.

Mis sentidos se me han vuelto imprecisos
con las cosas que están lejos,
y mi tacto un torpe párkinson
que no me deja leer entre líneas
los secretos que me aguardan en tu piel.
Fracaso y triunfo son como ese pez
que se muerde constantemente la cola
mientras olvida si fue antes el dolor de cantar
o la herida.


Alberto Caride
en Ciudades jirón.
Lastura.

domingo, 3 de mayo de 2015

Vega Cerezo: Ella





















Aún no lo sabes

porque el mundo se agita y en cada sacudida
pierde un color: lindo y brillante.

No lo sabes porque tu piel
reconoce con torpeza la ternura.
Tu piel de quince abriles abraza
agradecida
lo que araña, escuece y sangra.

No lo sabes, Rocío, pero empiezas a estar
terriblemente enamorada del mundo.
Y a veces, ríes.



Vega Cerezo
en Soy un país.
Raspabook.

viernes, 1 de mayo de 2015

José Óscar López: Schönberg y Bukowski



Un hombre se despierta a cada instante
en un lugar equivocado, pero insiste
en dejar por escrito
(que escribe, que registra,
sin olvidar incluirse a sí mismo
en)
el peso y las dimensiones
de su pequeño mundo:
(apunta
en su cuaderno):

parejas que practican el amor
por pasillos repletos de botellas,
furtivos en las noches
de velos infinitos, de plástico y cortinas,
en ventanas y calles donde gatos
pasean señoriales. Los vigila siempre
la oscuridad y a ella nada se le escapa:
ni el rumor de las fábricas
ni las habitaciones vacías
que aguardan en la mañana
mientras él escuchaba a Schoenberg o algo así.

















José Óscar López
en Llegada a las islas.
Baile del sol.

sábado, 11 de abril de 2015

Andrés García Cerdán: Nada más





















Escribir un libro que duela
como duelen las cosas más hermosas.
Que la memoria diga, al mismo tiempo,
toda la dicha y toda la nostalgia
de lo que ha sido puro. Nada más.
Mientras ladren los perros,
mientras se envuelva en seda la crisálida,
devanar el ovillo, ir afilando
la rueca e ir tejiendo una noticia
en cuyo centro quepan los relámpagos
y el barro del camino. Solo así
será posible darles un sentido
a estas palabras broncas y deformes
con las que luchas. Solo así
conseguirás que Jano y los demás
dioses de la ciudad concedan
que en verdad has vivido
y que fue hermoso y que dolía.






















Andrés García Cerdán
en La sangre.
Valparaíso ediciones.

sábado, 14 de marzo de 2015

Philip Larkin: Ventanas altas








Cuando veo una parejita e imagino
que él se la folla y ella toma
píldoras o usa un diafragma,
sé que ése es el paraíso

 que todo viejo soñó la vida entera:
ataduras y prejuicios desechados
como una cosechadora obsoleta, y los jóvenes
deslizándose sin límites, ladera abajo,

 hacia la felicidad. Me pregunto si
cuarenta años atrás, mirándome, alguien
habrá pensado: Eso es vida;
nada de dios, ni de sudar de noche 

 pensando en el infierno, ni de ocultar 
lo que opinas del pastor. Ese y sus 
amigos se deslizarán, maldita sea, 
libres como pájaros. Y de inmediato,

más que en palabras, pienso en ventanas altas:
el cristal en donde cabe el sol y, más allá,
el hondo aire azul, que nada muestra,
y no está en ninguna parte, y es interminable.















Philip Larkin

en Poesía reunida.
Lumen.
Traducción de Marcelo Cohen y Damián Alou

jueves, 5 de marzo de 2015

Alberto Soler: Poem
















¿Cómo será vivir en otra lengua?
Quiero decir haber vivido-
¿Cómo comprar tu primer cigarrillo
en otra lengua,
besar a un hombre por primera vez,
conducir un coche solo por primera vez,
zambullirte desnudo en el mar
en otro idioma?
¿Cómo será aquel noviembre en otra lengua?
¿Cómo será decir en otra lengua
aquello que dijimos sin decir?

Alberto Soler
en Los tigres devoran poemas por amor.
Editorial Balduque.