domingo, 31 de enero de 2016

Diego Doncel: La primavera en algunas escenas de video


Alex Kratz

Mira las escenas grabadas en esta tarde de tormenta.

Las terrazas de los bares bajo la lluvia. El pelo húmedo de una chica que ríe antes de bajar por la boca del metro.

El leve color de los paraguas. Las aceras que brillan como el charol.

La primavera viene por el este como un canal recién sintonizado.

En la superficie de las antenas se reflejan las sombras de los vencejos que aún están por llegar.

Las primeras Flores se abren en los vestidos de moda femenina.

En lo que ves ya nada se mantiene inmóvil. Tiene el color de un refresco con Sabor a naranja.

Las nubes desaparecen porque se han ido a hacer cola a las taquillas de los teatros.

Fíjate cómo actúan los equipos de limpieza con los restos últimos del invierno.

Como la belleza es una gama de cosméticos en promoción.

Los peatones cruzan los pasos de cebra cada noche porque la vida canta en los micrófonos de las salas de fiesta.

Igual que entonces, sí, igual que entonces, la realidad se acerca a la barra y empieza dulcemente a beber.

También ahora las bailarinas de los musicales están fumando en las escaleras de servicio con sus labios de color del gin tónic.

Hay risas recorriendo las calles y conversaciones casi clandestinas.

Hay labios rojos como aquel cuadro pop de Alex Kratz.

Como la estela de un ascensor de cristal por la fachada de un edificio, la laca de tus uñas va dejando pequeñas señales luminosas en las sábanas de este hotel.

Ya no es tiempo de pensar, sino de ver de forma distinta.

Ya es tiempo de amar lo nuevo como se ama el futuro.

Ponemos la mirada en los confines como una manera de extender la vida.

La utopía viene.

Pero la utopía es tan frágil como la felicidad, tan frágil como esta primavera.

Recuerda que vivimos en territorios bajo vigilancia.



Diego Doncel
En El fin del mundo en las televisiones.
Visor Poesía.

lunes, 25 de enero de 2016

Benjamín Prado: Roto


Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

 Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
-Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

 Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

 Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

 Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
 llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.


Benjamín Prado
en Ecuador.
Poesía Hiperión.

domingo, 24 de enero de 2016

Lorenzo Oliván: Preguntas




Cada vez que alguien hace una pregunta
el mundo se abre un poco,
vuelve la flecha al arco, que se tensa
con la energía de la expectación.

Me hago preguntas por crear espacio
traspasado de flechas,

que no ansían la diana que limita,
sino el vértigo vivo

de buscar.


Lorenzo Oliván
en Nocturno casi.
Tusquets

jueves, 12 de noviembre de 2015

Fragmento de Diego Doncel

No sé cómo ni dónde he tomado conciencia
de mí, de este animal que escucha el viento,
como si fuera un aparecido,
con sus frufrú almidonados en la niebla
y que descubre, en este parque suburbano,
la música torpe del mundo desplegar su armonía
de bestias y de insectos aquí en su corazón.
Ah, que ve seres que se hacen zumbidos 
de un más allá absurdo cuando miran al cielo,
que siente cómo la alta tecnología del dolor
berrea en las praderas de la conciencia
los misereres de su propia infelicidad,
que oye sólo el ruido y el misterio de sus sentimientos
en este repetirse de los días.
Ah, y entonces, ¿dónde puedo encontrar
una razón humilde para permanecer aquí
como la imagen de un espejo que la vida
va desfigurando? ¿Y en qué lugar
de la vida puedo tomar conciencia de quién soy?

Diego Doncel

Fragmento de Aún tengo realidad.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Thomas Hardy: no viene nadie

HACIA arriba y abajo se estremecen las hojas
Y, a través de sus huecos, la luz que se desmaya
Se va difuminando, mientras llega la noche.
Fuera, en la carretera, los hilos del telégrafo
Que van a la ciudad, desde la tierra obscura
Suenan al caminante como una espectral lira
Rozada por la mano de un espectro.

Un coche se aproxima con luces encendidas
Que brillan sobre un árbol:
Es claro que no tiene nada que ver conmigo
Y prosigue ruidoso en mundo sólo suyo,
Pero dejando atrás el aire ennegrecido;
Mudo me quedo solo junto a la puerta, pero
Nadie hasta aquí se acerca.



Thomas Hardy
En Los poemas del novelista.
Traducción de Adolfo Sarabia.
Editorial Hiperión.

viernes, 17 de julio de 2015

J.A. González Iglesias: Fragmento del prólogo de Confiado.

Hay momentos en que casi todo se puede decir con casi nada. En este momento -que ha durado varios años- he podido decir lo esencial con una sola palabra. Si somos fieles a la circularidad antigua, un libro de poesía da una vuelta a una idea, para que tome cuerpo. El Evangelio de Juan se compone de poco más de un millar de intensas palabras, combinadas prodigiosamente. Una de ellas es "confiado".
Aristóteles define el miedo como un sufrimiento anticipado, por un mal que nos aguarda en el futuro. Lo contrario -la percepción del futuro como un bien- tiene que tener un nombre. Creo que es confianza.
   Este autorretrato de un hombre maduro se opone a lo que vi en un reality de la televisión, en el que un joven de dieciocho años se definía como "muy desconfiado". Por otra parte, en unos tiempos difíciles, uno de mis amigos más queridos me preguntó por sms: "¿estás más confiado?" La posibilidad de subir esa escala a medida que vivimos me sigue admirando. Naturalmente, la confianza verdadera no es en uno mismo, sino en las demás personas, en las cosas del mundo, en el lenguaje mismo. Por algo de eso me ha gustado descubrir que el libro contiene cincuenta poemas, los mismos que mis años.
   La poesía puede orientar el lenguaje hacia el futuro. No hacia el pasado, como suele hacer la narrativa. Sin necesidad de formular una profecía, el poeta puede dejar que el logos vislumbre serenamente lo que nos espera, lo que venga, como dijo Pedro Salinas en su Confianza.
   En esta época tan desconfiada -tan cínica en el sentido peor- he tenido la tonificante sensación de nadar contracorriente. A menudo, cada vez más, oigo hablar con descaro de una cultura posthumana. Coincide esto con un desgaste del lenguaje como nunca se había conocido. A veces me parece estar cercado por una cultura cruelmente arcaica, prepoética. Gonzalo Rojas la ha llamado "lenguaje sin logos". Tomas Trasnströmer, "palabras, no lenguaje". Educado en la literatura humanística, confío en ese Logos que, como dijeron los estoicos y el evangelista, es el principio del universo. Si hay que volver a decirlo todo en griego, entiendo que la poesía es una ética y una física. También una metafísica. En este reino de la cantidad que es la cultura de masas llevada a su paroxismo electrónico, es posible que la poesía sea el último idioma cualitativo. En el reino de las prisas, puede que sea el último lenguaje auténticamente lento. Por eso está aquí un terceto de Jorge Guillén (él lo llamó un trébol) (Rechacé,/ mundo, lo que te sobraba/ pero te guardé mi fe.) que me acompaña desde mi adolescencia como un lema moral ...



UN HOMBRE JOVEN MUERDE UNA MANZANA


Para Rafael Pontes

Un hombre joven muerde una manzana.
A pesar del volumen de la radio
que habla de fútbol, a pesar del ruido
del motor, de la gente que habla dentro
del autobús, cada mordisco deja
oír el casi rugido
con que los dientes entran en la carne
extraña de la fruta, reiterando
su despreocupación, su confianza
en el tiempo que tiene por delante.



J.A. González Iglesias
en Confiado.
XXXVI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla
Colección Visor de Poesía.

miércoles, 15 de julio de 2015

Anónimo: Azúcar

Hoy, en la ciudad, todos, absolutamente todos, se levantaron con granos de azúcar en los labios. Pero sólo se dieron cuenta los que al despertarse, se besaron.

Anónimo
en Veinte cuentos.
Revista Planeta humano