jueves, 12 de noviembre de 2015

Fragmento de Diego Doncel

No sé cómo ni dónde he tomado conciencia
de mí, de este animal que escucha el viento,
como si fuera un aparecido,
con sus frufrú almidonados en la niebla
y que descubre, en este parque suburbano,
la música torpe del mundo desplegar su armonía
de bestias y de insectos aquí en su corazón.
Ah, que ve seres que se hacen zumbidos 
de un más allá absurdo cuando miran al cielo,
que siente cómo la alta tecnología del dolor
berrea en las praderas de la conciencia
los misereres de su propia infelicidad,
que oye sólo el ruido y el misterio de sus sentimientos
en este repetirse de los días.
Ah, y entonces, ¿dónde puedo encontrar
una razón humilde para permanecer aquí
como la imagen de un espejo que la vida
va desfigurando? ¿Y en qué lugar
de la vida puedo tomar conciencia de quién soy?

Diego Doncel

Fragmento de Aún tengo realidad.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Thomas Hardy: no viene nadie

HACIA arriba y abajo se estremecen las hojas
Y, a través de sus huecos, la luz que se desmaya
Se va difuminando, mientras llega la noche.
Fuera, en la carretera, los hilos del telégrafo
Que van a la ciudad, desde la tierra obscura
Suenan al caminante como una espectral lira
Rozada por la mano de un espectro.

Un coche se aproxima con luces encendidas
Que brillan sobre un árbol:
Es claro que no tiene nada que ver conmigo
Y prosigue ruidoso en mundo sólo suyo,
Pero dejando atrás el aire ennegrecido;
Mudo me quedo solo junto a la puerta, pero
Nadie hasta aquí se acerca.



Thomas Hardy
En Los poemas del novelista.
Traducción de Adolfo Sarabia.
Editorial Hiperión.

viernes, 17 de julio de 2015

J.A. González Iglesias: Fragmento del prólogo de Confiado.

Hay momentos en que casi todo se puede decir con casi nada. En este momento -que ha durado varios años- he podido decir lo esencial con una sola palabra. Si somos fieles a la circularidad antigua, un libro de poesía da una vuelta a una idea, para que tome cuerpo. El Evangelio de Juan se compone de poco más de un millar de intensas palabras, combinadas prodigiosamente. Una de ellas es "confiado".
Aristóteles define el miedo como un sufrimiento anticipado, por un mal que nos aguarda en el futuro. Lo contrario -la percepción del futuro como un bien- tiene que tener un nombre. Creo que es confianza.
   Este autorretrato de un hombre maduro se opone a lo que vi en un reality de la televisión, en el que un joven de dieciocho años se definía como "muy desconfiado". Por otra parte, en unos tiempos difíciles, uno de mis amigos más queridos me preguntó por sms: "¿estás más confiado?" La posibilidad de subir esa escala a medida que vivimos me sigue admirando. Naturalmente, la confianza verdadera no es en uno mismo, sino en las demás personas, en las cosas del mundo, en el lenguaje mismo. Por algo de eso me ha gustado descubrir que el libro contiene cincuenta poemas, los mismos que mis años.
   La poesía puede orientar el lenguaje hacia el futuro. No hacia el pasado, como suele hacer la narrativa. Sin necesidad de formular una profecía, el poeta puede dejar que el logos vislumbre serenamente lo que nos espera, lo que venga, como dijo Pedro Salinas en su Confianza.
   En esta época tan desconfiada -tan cínica en el sentido peor- he tenido la tonificante sensación de nadar contracorriente. A menudo, cada vez más, oigo hablar con descaro de una cultura posthumana. Coincide esto con un desgaste del lenguaje como nunca se había conocido. A veces me parece estar cercado por una cultura cruelmente arcaica, prepoética. Gonzalo Rojas la ha llamado "lenguaje sin logos". Tomas Trasnströmer, "palabras, no lenguaje". Educado en la literatura humanística, confío en ese Logos que, como dijeron los estoicos y el evangelista, es el principio del universo. Si hay que volver a decirlo todo en griego, entiendo que la poesía es una ética y una física. También una metafísica. En este reino de la cantidad que es la cultura de masas llevada a su paroxismo electrónico, es posible que la poesía sea el último idioma cualitativo. En el reino de las prisas, puede que sea el último lenguaje auténticamente lento. Por eso está aquí un terceto de Jorge Guillén (él lo llamó un trébol) (Rechacé,/ mundo, lo que te sobraba/ pero te guardé mi fe.) que me acompaña desde mi adolescencia como un lema moral ...



UN HOMBRE JOVEN MUERDE UNA MANZANA


Para Rafael Pontes

Un hombre joven muerde una manzana.
A pesar del volumen de la radio
que habla de fútbol, a pesar del ruido
del motor, de la gente que habla dentro
del autobús, cada mordisco deja
oír el casi rugido
con que los dientes entran en la carne
extraña de la fruta, reiterando
su despreocupación, su confianza
en el tiempo que tiene por delante.



J.A. González Iglesias
en Confiado.
XXXVI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla
Colección Visor de Poesía.

miércoles, 15 de julio de 2015

Anónimo: Azúcar

Hoy, en la ciudad, todos, absolutamente todos, se levantaron con granos de azúcar en los labios. Pero sólo se dieron cuenta los que al despertarse, se besaron.

Anónimo
en Veinte cuentos.
Revista Planeta humano

lunes, 29 de junio de 2015

Natxo Vidal: diccionario

Motivo de la portada de Antonio Gómez Rivelles


AYER estuve en el parque, jugando con mis hijas. Viendo cómo jugaban ellas con los otros niños, mientras los mayores, sentados en el banco, hablábamos de cosas aburridas. Al final de la tarde (invitadas, tal vez, por la propia luz, ya a la fuga) decidieron jugar al escondite. Aunque el juego posea una serie de normas comúnmente aceptadas (compartidas, quiero decir) en todos los lugares en los que se juega, que son todos, no es menos cierto que en cada lugar se desarrolla en base a claves o procedimientos diferentes. En ocasiones son solo pequeños detalles, cambios mínimos en la terminología o el mecanismo de las partidas, pero bastan para hacer de cada una y de cada sitio un espacio único, una experiencia irrepetible. (En  La conjura contra América, por ejemplo, habla Philip Roth del mismo juego al que juegan hoy mis hijas, con pequeñas variaciones, más de setenta años después, al que él se refiere como a conquistar el mundo y al que nosotros llamamos simplemente sangre). Por si fuera poco, en el caso concreto del escondite, las normas pueden variar dependiendo del carácter del que paga (el jugador que busca a los escondidos), ya que los jugadores menos deportivos no están dispuestos a aceptar determinadas normas. Aquellas, sobre todo, que consideran más perjudiciales para su tarea. A veces estos cambios dan origen a fuertes controversias entre jugadores.
Comenzaron a jugar al escondite, decía. Me sorprendieron pronto algunas reglas
algunos términos
que yo no recordaba que existieran en mis partidas de niño
en el mismo barrio
casi en las mismas calles
Rápidamente constaté que existen un montón de normas: perrito guardián, relojito, zanahoria... cuyo significado ignoro. Pero hubo una que me sorprendió, especialmente. Para no andarse por las razas, el que está pagando dice diccionario. ¿Y qué significa diccionario?, dije. Pues para no decir todas las normas, me contestaron, decimos
diccionario
porque en el diccionario están todas las palabras, y terminamos antes.
Llevo toda la noche pensando en ello. Y tienen razón.
Te he dicho muchas veces que te quiero, de formas diferentes.
Hemos montado juntos la grupa del deseo, convertida la carne
en un incendio
las manos sucias
la boca sucia
los cuerpos destrozados y mojados

olvida todo lo que te he dicho antes
olvida todas las palabras
vamos a seguir su ejemplo porque ellos son mejores que nosotros

diccionario amor mío
diccionario.
















Natxo Vidal
en Ícaros desorientados.
Raspabook, poesía.

martes, 23 de junio de 2015

Vicente Gallego: Poemas de Saber de grillos
















INTIMIDAD


 A Dokushô Villalba, en gassho

Poniendo la cabeza frente a mí,
dejando que se escurra y que se seque;
sentándome sin más en la desnuda
gratitud de sentirme,
se ha ensanchado la casa.

 ¿Dónde están las orillas de este río
que se respira a solas vivamente?

 ¿Dónde os habéis marchado,
padre, madre, mundos, que ahora estáis
tan presentes en mí, que no soy nadie?


 AQUÍ CANTAN LOS PÁJAROS

 A Álvaro Salvador y Pepa Merlo

Aquí cantan los pájaros,
pronuncian la alborada.

 Los escucho
no sé deciros dónde,
en el pellizco a ciegas
donde huele la flor
y se abrasa la carne
de pura cercanía con lo vivo.

 Aquí cantan los pájaros,
están izando el día
a su cristal de luz para romperlo
y que caiga hecho trino sobre el mundo.


 GOLONDRINAS

 A Begoña Pozo

 Sin deshacer su vuelo,
recogen su moneda
en las aguas de luz,
y suben para hacernos
saber nuestra fortuna.














Vicente Gallego
en Saber de grillos.
Colección Visor de Poesía.

lunes, 15 de junio de 2015

José Tono Martínez: 5 (Si llegas al trabajo agotado)














Si llegas al trabajo agotado,
allí donde reparten la dádiva que te da de comer
y poco más,
si tu rostro cuarteado de expedicionario nocturno,
y a tu edad,
la gente lo percibe y lo reprocha
con el cariño de quien sabe tolerar tu rareza.
Si te excusas, una vez más,
mintiendo y diciendo la verdad,
pues cierto es que te acostaste temprano
y aún así, en una sola noche,
tu vida entera rehiciste.
Si comenzaste por aceptar aquellos labios carnosos
y toros como brasas
zigzagueantes o luciérnagas de sol
prendidas del aire de la sierra
y la montaña de granito pelada
cuyo lecho te ofrecía un destino diferente
o tal vez el mismo.
Si de ahí hasta hoy,
en una sola noche insomne,
tiempo tuviste para desandar lo andado
y coger lo que te ofrecieron y rechazaste.
Si al levantarte hoy,
vuelves a ser el mismo de cada día,
el ser humano previsible
que lee el periódico en el tren de cercanías
con un aire de trasnochador que no te corresponde.
Si supieran lo lejos que has estado.
Si supieran lo lejos que estás.
Si supieran.



José Tono Martínez
en El que hiere de lejos
Huerga y Fierro. Colección La rama dorada.