domingo, 13 de junio de 2021

Antonio Rodríguez Jiménez: Poética

 Los científicos captan las señales de radio

De una extraña galaxia.

Exactamente, cada doce días,

Registran unas ráfagas

Que duran otros cuatro.


Dos estrellas se funden en el fondo

De un agujero negro

Y alguien a mil quinientos

Millones de años luz recoge breves

Retazos de sonido.


Aquí tienes tu oficio:

Evoca la poesía que escribe el universo.





Antonio Rodríguez Jiménez

En Nuestro sitio en el mundo.

Eolas ediciones.

Ana Luísa Amaral: Dos poemas de What's in a Name

LO QUE NO HAY EN UN NOMBRE


Sentada ante esa mesa, el balcón a la derecha,

como de costumbre,

pienso en mi hija y en el nombre que le pusimos

su padre y yo, cuando nació


Un nombre es cosa del discurso y la palabra,

tan espeso como esas hojas, que, si pudieran mirar,

desde aquella maceta me contemplarían

preguntándome por qué se llaman así


No obstante, no fui yo la que escogió el nombre de la flor

a la que pertenecen esas hojas:

el nombre ya existía, alguien pensó en él

mucho antes que yo, y fue sin duda a partir del latín,

sólo después: la costumbre

pero nada natural hay en un nombre:

como una prenda, un hábito, normalmente para la vida entera,

no hace más que cubrir

la desnudez en que nacemos


Con mi hija,

lo más hermoso de todo, la mayor deflagración

de amor, fue mirar sus ojos,


sentir el tacto en estambre

de sus dedos, tan finos


ésos: aún sin nombre,

pero de una oncotrolable

perfección                    entera



APRENDIZAJE

 

La bicicleta era cromada y negra,

Tenía en el manillar un listón ancho circundando

La Navidad y ruedas generosas

Como parecía el mundo


Yo, la mañana siguiente,

Sin saber mantener una ruta pareja,

A mi lado mi padre, sosteniendo el sillín,

Su mano: ardiente hilo de plomada

En ardiente confianza


Después era su voz entrecortada

Por el puro cansancio de correr,

Tratando de alinear la bicicleta


Hoy, tras muchos años de gestos paralelos,

Mi hija en otros caminos,

Mi mano corrigiendo desviaciones de más modernas ruedas,

Entiendo al fin que era emoción lo que se oía

En la voz interrumpida de mi padre:

Miedo a que me cayera,

Aun sabiendo que eran cortas las caídas,

Pero ante todo la ternura de verme allí,

Entrando en el mundo de los mayores,

En débil equilibrio

Al borde de la salida circular de la infancia


Ana Luísa Amaral

En What´s in a Name.

Poesía sexto piso.

Traducción de Paula Abramo,

lunes, 7 de junio de 2021

Louise Glück: Un jardín de verano. Parte I

I


Hace bastantes semanas descubrí una fotografía de mi madre

sentada al sol, la cara enrojecida como por un logro o un triunfo.

El sol brillaba. Los perros

dormían a sus pies donde también dormía el tiempo,

calmo e inmóvil como en todas las fotografías.


Le quité el polvo al rostro de mi madre.

De hecho, el polvo lo cubrían todo; me parecía que era la persistente

neblina de nostalgia que protege todas las reliquias de la niñez.

Al fondo, una mezcla de mobiliario urbano, árboles y arbustos. 


El sol descendía en el cielo, las sombras se alargaban y se oscurecían.

Cuanto más polvo quitaba, más crecían las sombras.

Llegó el verano. Los niños

se inclinaban sobre la rosaleda, sus sombras

se fundían con las sombras de las rosas.


Me vino una palabra a la cabeza, referente

a este desplazamiento y cambio, estas borraduras

que ahora resultaban obvias;


surgió, y con la misma rapidez desapareció.

¿Era ceguera u oscuridad, peligro, confusión?


Llegó el verano, luego el otoño. Las hojas cambiaban,

los niños eran puntos brillantes en una masa bronce y siena.


Louise Glück

en Noche fiel y virtuosa.

Traducción de Andrés Catalán.

Colección Visor de Poesía.

martes, 6 de abril de 2021

Juan Marqués: Barcarola del puente de Vallecas.

 No estoy comprometido

Con el mundo, sólo con

Una idea de todo

Que es un poco platónice:

Las cosas en su orden brillan más,

Con una luz ideal

Que no es nada ilusoria.

Me sobra superficie, tengo mala memoria:

Todos los días doy

Limosnas al Olvido, monedas

A Caronte, pero sigo

Acumulando cosas que  olvidar:

Hoy he ido a ver Los

Increíbles 2; ya no

Recuerdo nada,

Pero Bruno reía mientras Vera

Se me abrazaba, le daba miedo el malo,

Un tal “Rapta-pantallas” (bendito seas tú,

“Rapta-pantallas”, que hiciste que

Mi niña me abrazase...) Mi padre 

Me lo dijo: “no disfrutas las cosas

Que te ocurren, te has malacostumbrado!. Vivo

De lo que leo y escribo

Lo que vivo: no es fácil trabajar

Con impacientes, me cuesta estar conforme

Con vuestra realidad: el mismo andén, ya sé,

Pero hacia el otro lado.




Juan Marques

en Diez mil cien.

Vandalia.

domingo, 4 de abril de 2021

Inma Pelegrín: Plantones

 He visto que las cosas

Cuando buscan su centro

Encuentran su vacío.

Federico García Lorca


El otoño pasado 

quedaron olvidadas 

unas pocas castañas en el cesto.

Brotaron como brotan 

las cosas, porque sí. 

Plantarlas fue tan fácil 

como enterrar su carne, 

su voluntad redonda de semilla.

No servirá de nada -nos dijimos-.

Una de ellas creció. Sus cinco vástagos 

desafían ahora esas palabras.

No servirá de nada -volvimos a decir-, 

pues si sobreviviese a este verano, 

habrán de llegar otros 

con otros vientos, otras sequedades 

con las que derrotarla.


La planta continúa indiferente 

a nuestras opiniones.

Supongamos que estamos confundidos 

y que nuestro hipotético ejemplar, 

con su sombra hipotética alargándose 

más allá de la mano que lo injerta, 

contra todo pronóstico, 

alcanzase a cumplir 

mil quinientos inviernos.

(La cifra habitual en estos casos).

Tampoco servirá de nada porque alguien, algún día,

Ver

A su tronco hueco

Y sentirá piedad

Por el castaño inerte y por sí mismo.

Si supiéramos algo de la vida,

Si tuviéramos la menor idea,

Aquí, junto a este tiesto 

De barro desconchado

En el que crece un árbol diminuto,

Al abrigo del porche,

Camino de Marchena,

Buzón número tres,

Estaría el lugar más conveniente

Para quedar callados.




Inmaculada Pelegrín

En Todas direcciones.

Hiperión.

domingo, 28 de febrero de 2021

Mario Míguez: El delfín

 Así como el delfín solea su ágil cuerpo

si un destello de luz lo atrae allá en la altura

y salta y abandona así, por juego, el agua

en un impulso limpio, alegre

y es puro brillo y gracia en superado límite

y vibra pleno, y sólo así respira,

ya en su cielo, por encima del mar,


Así también yo solo, en completo abandono,

dejo a veces el mundo, enamorado

de un destello divino

y asciendo, fiel, un hondo instante

a bañarme en su luz

y doy todo mi amor en el esfuerzo, el juego,

y sólo así respiro, y sólo así 

puede mi corazón seguir latiendo

después de nuevo aquí con alegría.




Mario Míguez

En Difícil es el alba. Antología poética.

Edición de José Cereijo.

Renacimiento.

lunes, 22 de febrero de 2021

Ramón Andrés: Los libros

 Son perros, nos siguen, levantan la pieza,

la cobran, Lo abatido, nosotros.

Si te echan de casa, te los llevas;

toda la jauría. Si alguien te admite en otra,

no entras sin ellos, Están, escarban

en lo que guardas de instinto, Nombres cortos,

rápidos, secos para que te entiendan:

el perro-libro Chéjov, el perro Ibsen,

Nietzsche, Arendt, Blake, Poe, llámalos,

se revuelvan en la tierra humedecida,

como si superan que todo está en ellas

huelen a cuero usado, a cuerda mojada.

Raza o mezcla, dos precios. Dos clases.

Hozan. Está el que jamás se aleja

y el que va sin detenerse monte arriba,

el que responde al ladrido y el que duerme.

Perro Milosz, perro Bishop, Rilke,

no son falderos, vigilan, rastrean

tu pasado, los años hechos ya despojos,

carroña -diría Baudelaire-,

no dejan ni un mes ni un día de desperdicios

lo devoran todo. Poca correa, poco collar,

perro Bachmann, perro Stevens, Heaney,

muerden, muerden el palo que les lanzas,

y lo roen y roen porque es tu vida.


Ramón Andrés, 

En Los árboles que nos quedan.

Poesía Hiperión.